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martes, 7 de junio de 2016

Bones. Reseña The Movie in the Making (11.18). Un regalo para los fans.




“Las normas son las normas” que diría la doctora Brennan. Allá por abril, Michael Peterson dijo: “The Movie in the Making es uno de los (episodios) más divertidos de Bones”.  Y añadió: “Quería hacerlo como un tributo a los fans”. A fe mía que lo ha conseguido. Mis más sinceras felicitaciones al señor Peterson y a Keith Foglesong, el autor del brillante y divertido guion, por su maravilloso regalo. Lo he disfrutado como hacía tiempo que no disfrutaba de Bones.


Podemos discutir si The Movie in the Making es o no es un interesantísimo, instructivo, y bien dirigido documental del programa America in profille. Un documental que  al mostrar la colaboración del FBI y la división forense del Jeffersonian en la resolución de un crimen, presenta a las personas encargadas de la investigación, como en realidad son: a veces brillantes, a veces inteligentes, a veces ridículas, a veces torpes, a veces tímidas, a veces arrogantes, a veces empáticas. Un documental que transforma, por la mera presencia de una cámara ante la que hablar, a nuestros personajes ficticios en lo que siempre habíamos querido que fueran, seres reales (acostumbrados a que nos los cuenten, verles a ellos mismos contarse es una agradable sorpresa).



Y como todo buen documental que se precie, America in Profille va más allá, los personajes no sólo se cuentan, sino que al unir trama con identidad, nos permite confrontar quienes dicen ser, con quien por sus hechos son y nuestra opinión sobre ellos, con las opiniones que suscitan en el resto  de los personajes. Un documental que emociona al espectador mostrando como el duro trabajo al que se enfrentan, la muerte, el mal, terminan afectándoles en su vida personal, por no hablar del inesperado y feliz final. Inteligente. Una brillante lección del “teatro dentro del teatro” o sí se quiere de “la serie dentro de la serie”.


Pero fundamentalmente The Movie in the Making es un regalo, un hermoso regalo para los fans. Porque como en los grandes episodios de Bones (The Man in the Fallout Shelter, The End in the Beginning, The Woman in White)  no sólo el caso es un mero instrumento para disfrutar con los personajes y sus relaciones, sino que aunque todos se cuenten y sepamos de sus deseos, los únicos protagonistas son Booth y Brennan, ellos y su eterna discusión.
AUBREY Y LA NOSTALGIA POR LA NIÑEZ



Nunca pensé que Aubrey en el fondo fuese un niño nostálgico, aunque eso explique lo contradictorio de su comportamiento. Un niño con un profundo problema  afectivo del que sin duda se derivan sus ansias por comer. El documental nos lo muestra como los fans lo quieren, como un colaborador de Booth, inteligente, respetuoso con los procedimientos en la investigación y  torpe socialmente. Mucho trabajo tiene Jessica por delante  si quiere que su relación tenga futuro. Seguro que el dolor terminará haciéndole crecer, lo veremos, seguro.
LA PROFESIONAL


Cam, perdón, la doctora Soroyan, es la profesional que participa en el documental porque es su obligación pero, mujer reservada, intenta proteger su vida privada de la intromisión de las cámaras. Inútilmente, al ser  Arastoo el ayudante de la doctora Brennan, no pudiendo ni él ni ella en ciertos momentos ocultar su familiaridad, “la cámara” siempre alerta a las miradas esquivas, cotilla se recrea persiguiéndoles, hasta que las incisivas preguntas de la directora terminarán rindiéndola.

SUS MAJESTADES, LOS REYES DE BONES



Y qué decir del doctor Hodgins y Angela, los más naturales ante las cámaras. El Hodgins que nos presenta American in Profille es el que amamos las fans. El hombre extrovertido, raro, entusiasta de su trabajo, feliz de hundirse hasta el cuello en la basura para determinar la fecha de la muerte de la víctima. Un Hodgins  seguro de sí mismo y feliz con su mujer y a quién no le importa que Angela le confiese a Alex Duffy, la directora del documental, que se quedó en el Jeffersonian porque Booth era muy mono, porque  como él dice, al final se la terminó llevando el guapo, lease él mismo. Y orgulloso de sí  y de su espectrómetro de masas no le importa que nadie le reconozca “su grandeza”, que sólo él se llame así mismo  “El rey del laboratorio”, lo es y  también de Egipto…


Qué decir de Angela,  por fin feliz y satisfecha con su vida. No sólo nos muestra sus capacidades sino que desinhibida como siempre fue se confiesa abiertamente la reina de Egipto, rememorando las tórridas escenas en la supuesta cama de Cleopatra, las que, como llevan tanto tiempo siendo un matrimonio, nadie recordaba. Y tal vez como compensación por el dolor últimamente sufrido es la encargada de mostrarnos cuán peligroso es el trabajo que realizan y así mientras vemos una feliz escena familiar cuenta emocionada a cámara cómo y porqué su marido está en una silla de ruedas.

IN MEMORIAN


Y hablando de emociones y como las fans nunca olvidan y de Movie in the Making es un regalo, Hodgins a pregunta de Alex Duffy, qué buena directora, rememora la figura del doctor Zack Addie, un ser dulce, un muy querido amigo para quien el trabajo rodeado de muertes y asesinatos terminó siendo demasiado. Y Arastoo quien cuenta lo sucedido con Vincent Nigel Murray, el loco de los datos, cómo murió en la misma plataforma forense en brazos de la doctora Brennan ganándose su mirada reprobatoria cuando se atreve a decir ante las cámaras lo duro que esa muerte fue para ella.

BOOTH Y BRENNAN UN MATRIMONIO
 CON SOFÁ…


Sin embargo es Gary Lempke, conductor de maquinaria pesada de un vertedero, quien al darnos noticia del hallazgo del cadáver, una coliflor con dientes que no apartaba los ojos de él, nos presenta al policía que hacía preguntas y a la dama que hurgaba en el cadáver de quienes por cómo discutían pensó que estaban casados.



Y aunque la dama que hurgaba en el cadáver desmiente la suposición de Gary, “Booth y yo no discutíamos en la escena del crimen”, dice, “Manteníamos un saludable debate entre marido y mujer”.  Su marido, resignado lo confirma:

— Es cierto — dice a cámara tras un profundo suspiro—, nuestros debates a veces son tan saludables que termino durmiendo en el sofá. Es verdad.


Ellos son la doctora Temperance Brennan, antropóloga forense del Jeffersonian y Seeley Booth, agente especial de la división de homicidios del FBI:


— Cuando me llaman a una escena en la que los restos están muy quemados… o descompuestos llamo a Bones —dice Booth en off mientras la imagen nos lo muestra ajustándose presumido el nudo de la corbata frente al espejo de su dormitorio, aceptando una taza de café de Brennan.

 Y cómo el interés del director del documental no es otro que buscar lo que resulte más “escandaloso” para sus espectadores y no se le ha escapado la mirada directa a cámara ni el fruncimiento de labios de la doctora cuando Booth la ha llamado “Bones”, en la entrevista Brennan explica:



— Me llama Bones. A pesar de que soy su esposa, la madre de dos de sus hijos,  todavía me llama con un apodo que desprecio.
— Que antes despreciabas —precisa Booth—. Ahora creo que te gusta.
— No, no me gusta, Seeley —le contesta, recalcándole el nombre.



Y  todos sabemos que Booth tiene razón, que si al principio protestaba por el mote, pronto dejó de hacerlo; también que ella jamás lo llama Seeley. ¿Qué pasa entonces? Para mí que en estas escenas nos muestran como ante el poder de la cámara,  una ventana al exterior, Brennan intenta, como intentaríamos cualquiera de nosotros, ofrecer la mejor imagen. Bones no es un apodo para el mundo, es un apodo para la intimidad, lo mismo que Booth.

… Y DIFERENTES OPINIONES


Y Alex Duffy que ya ha descubierto la diferencia de opiniones que tienen Booth y Brennan aprovecha la circunstancia, convirtiendo la investigación  de lo que sería un caso sin ningún interés, un perdedor asesina a otro perdedor, en una confrontación entre ciencia e instinto, entre fe y razón.
“Confía en las entrañas, baby, son las entrañas”, dice Booth a la cámara para certificar que la víctima fue asesinada, — No —replica Brennan ante ellas —la única manera de que una entraña habrá una investigación por homicidio es cuando contiene veneno. Y sin embargo era un asesinato.



Pero Booth no sólo confía en su instinto, sino que tal vez por su pasado, sobre el que pasa de puntillas al hablar de sí mismo, es un hombre capaz de ponerse en el lugar del otro, de percibir su dolor y en la investigación llegado el punto en que los huesos llevan a Brennan a creer que la víctima sufrió abusos cuando era niño, se enfrenta al padre, que termina llamándolo monstruo, acusándole de matar a su propio hijo.



Y ante las preguntas de Alex de ¿cómo fue capaz de acusar a un padre de matar a su hijo? Mientras juega al hockey en el salón de su casa con Christine, le responde que ama a sus hijos, que  hacerles daño es algo inconcebible para él,  pero que aunque no se pueda ver, hay mucha oscuridad en el mundo y al final del día su lealtad estará siempre con el niño. Sin duda nunca olvida su difícil niñez.



Y un recuerdo del viejo Booth que echábamos de menos, su capacidad para leer a las personas. No sabe quién mató a la víctima, pero cuando descubre que a pesar de los años el padre guardó las cosas de su hijo, que la noche en que murió un corredor de apuestas le partió una ceja, insiste en entrevistarse con el corredor; a pesar de las pruebas, el padre ha dejado de ser, para él, el asesino. Y por supuesto Brennan no está de acuerdo con él.



— Mi marido es un hombre inteligente que está en contacto con sus sentimientos —le explica a la cámara—, es parte de lo que lo hace excepcional en su trabajo. Pero los sentimientos son minipulables. Booth ha creado una conexión con el padre de la víctima por su adicción al juego, porque puede verse así mismo en el padre de la víctima y ya no puede creer que matara a su hijo. Esa es ña razón por la que confió en la ciencia sobre el corazón.



Por cierto, el padre no mató a su hijo.

UNA VUELTA DE TUERCA MÁS



Pero la controversia de Brennan y Booth va más allá de su trabajo, el futuro de Christine, su educación también es fuente de disputas. Y en un inteligentísimo y brillante cambio de juego, la cámara sigue a Brennan hasta el colegio donde estudia Christine, es el “Día de la Carrera” y va a explicarle a la clase cómo se gana la vida.


 Una muestra de la confrontación ficción-realidad, porque los compañeros de Christine son los hijos de los miembros del elenco y del equipo de Bones. Están, que se reconozcan el sobrino y la hija de Michael Peterson, el hijo de Emily Deschanel y la hija de David Boreanaz, y son ellos, precisamente ellos a quienes les ceden la palabra, no a Christine, la niña ficticia, son ellos los que a su manera le hacen preguntas sobre su trabajo, los que se asquean y vomitan cuando ven (ficticiamente, porque a ellos en realidad les mostraron una pantalla verde) el cuerpo medio descompuesto por el que pululan unos escarabajos, no Christine, a quién las imágenes le hacen sonreír.


De lo cual se muestra muy orgullosa en el laboratorio, porque siempre arrogante no puede dejar de ser quién es, la mejor antropóloga forense del mundo, y su hija sería tonta si no se aprovechase de la circunstancia para convertirse en antropóloga.


Sólo que con Booth su orgullo no le vale, Christine tal vez no se ha inmutado mientras los bichos descarnaban el cuerpo porque está acostumbrada por las imágenes de cadáveres que tiene por toda la casa “Sólo trato de prepararla”, se defiende. ¿Para qué, para terapia? Le pregunta Booth. “No para su futuro como antropóloga forense”.

Y por supuesto él también ha decidido lo que Christine va a ser de mayor “Portera de los Flyers”. “Es ridículo”, responde Brennan. Pero Booth sólo quiere que su hija no pierda su infancia pensando en la muerte. Y Brennan se defiende, ella pensaba en la muerte y nunca lo consideró un desperdicio.



Y sin embargo mientras explica a la cámara que desde que tenía cinco años ya sabía que quería ser antropóloga forense, que tal vez fuese un poco rara porque solía diseccionar los animales muertos del vecindario, su rostro se va entristeciendo sobre todo cuando habla de Morticia, el apodo con los que los demás niños la llamaban, pero  nunca dejó que eso la detuviera.



Christine tiene sus propias ideas y en una escena familiar en la que por fin aparece Hank, ante la insistencia de sus padres cada uno con su propia idea sobre su futuro, confiesa que quiere ser vendedor de coches como el padre de su amigo Toby. ¡Toma esa!



Brennan no lo acepta, su hija no se ganará la vida vendiendo coches, afirma taxativa delante de las cámaras. Booth, comprensivo, apoya lo que su hija decida hacer, por supuesto la apoyan los dos; pero Brennan cabezona como siempre insiste en que ella no. No le va a ser fácil hacerle cambiar de  opinión, ni siquiera citando a Sweets, que él le diría que no lo acepta porque siente que el rechazo de Christine a su trabajo es un rechazo a ella misma.


Por supuesto que no lo aceptaría, la psicología no es siquiera una verdadera ciencia. Aunque lo echa de menos, era un buen amigo. Y ante la emoción en el recuerdo al amigo perdido, Booth la coge de la mano y por unos instantes zanjan la polémica. Por unos instantes, porque la división de opinión es consustancial a ellos, dos seres tan diferentes y sin embargos necesitados el uno del otro para ser felices.

Y UN FINAL FELIZ


Pero como todo programa que quiera prevalecer en la memoria tiene que terminar con un final feliz, Alex regresa a la escuela a preguntarles a los niños “¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Y sus respuestas, las de los niños reales son las que son: una quiere ser policía, otro alcalde de Marte, otro, tal vez el más inteligente, aún tiene que pensarlo.



Y sin embargo para mí hay dos respuestas que no sé dilucidar si son una línea de guion o un deseo del corazón porque a fe mía que más parecen esto último. Y así Natalie, la hija de Michael Peterson que nació aquejada de fibromialgia y se ha pasado la mayor parte de su vida en hospitales, dice: Quiero ser “Un mago y un médico”.



Bella, la hija de David Boreanaz, que desde que nació ha visto a su padre pasando la mayor parte de su vida “trabajando” con una antropóloga forense  afirma: Quiero ser  “antropóloga forense”.


Y en otra vuelta de tuerca, una más para saldar las polémicas abiertas, para concretar el carácter de los personajes, también a ellos les pregunta ¿Qué quieren ser cuando sean mayores? Y no puede resultarle mejor, porque llegado el momento de la reflexión, las personas que hemos visto antes investigando, discutiendo, ocultándose, a la hora de la verdad se sinceran y muestran ante la cámara sus más íntimos deseos.



Y así mientras Angela fotografía al equipo de American Profille su voz en off  dice que quiere ser alguien que ve la belleza en el mundo y es capaz de compartirlo con los que la rodean. Hodgins, fiel a sí mismo, a su innata curiosidad, alguien que nunca deje de buscar. Y Aubrey quiere volver al tiempo y al lugar en el que fue feliz, “Quiere volver a ser niño”.



Pero como buen director Alex Duffy sabe que necesita para terminar en aplauso con alguna sorpresa y lo consigue, su acoso a la doctora Saroyan obtiene éxito y vemos como la mujer que había negado reiteradamente ante la cámara la existencia de una relación personal con el doctor Vaziri, rindiéndose, proponiéndole delante de esa misma cámara, matrimonio a Arastoo. 



Mis felicitaciones a la directora no todos los documentales sobre crímenes consiguen una proposición de boda.



¿Y Booth? ¿Y Brennan?  Booth en su respuesta es fiel a su deseo de ser mejor hombre, mejor persona, mientras comparte con el padre de la víctima una reunión de jugadores anónimos, dice querer ser Al final del día quiero ser alguien que ha dado más de lo que tomado.



Y Brennan, cuando finalmente Alex Duffy le pregunta, la científica cede el paso a la mujer que escucha a su corazón: Eso es fácil —le responde—. Me gustaría ser la madre del mejor vendedor de coches del mundo.

El crédito de este gif es de jigsmave.tumblr

Y la cámara nos muestra a ella y Booth al final del día comprando coches de juguete en el concesionario de una muy feliz Christine.


Un gran documental American in Profille, un firme candidato este año al Emmy. ¿Qué no es un documental? ¿Qué es sólo un buen episodio de Bones? Tal vez, pero os olvidáis de algo muy querido para la doctora Brennan. Vivimos en un universo quántico, y es nuestra mirada, la mirada del espectador la que dota de realidad a todas las cosas… Recordad al gato de Schrödinger…  

domingo, 29 de mayo de 2016

Bones. Reseña "The Secret in the Service" (11.17). Cuidar y proteger.


Sí no disfrutara tanto escribiendo esta reseña sería muy corta, con tres frases hechas estaría lista, porque al contrario que otros episodios The Secret in the Service con tres frases se explica: Cuidar y proteger,  Uno de los nuestros y Deuda saldada.




Cuidar y proteger porque Booth y Brennan fieles al amor que les une en un solo cuerpo con dos cabezas y cuatro manos, se pasan el episodio cuidándose y protegiéndose el uno al otro de los virus y los asesinos, de la mala conciencia y los remordimientos. Y porque la víctima y el asesino compartían misión: proteger la vida del Presidente de los Estados Unidos.

Uno de los nuestros, porque la creencia en la fidelidad al compromiso de sus miembros, tan propio de los grupos cerrados que se enfrentan al peligro, les ciega a todos impidiendo que Booth y el equipo profundicen en la investigación llevándola en sus propios términos.




Deuda saldada, porque un Booth mató a un presidente y un Booth salvó a otro.

En realidad The Secret in the Service es una mezcla perfecta de lo que está siendo Bones11, domesticidad, remembranza y humor, condimentada con un plus que llevábamos siglos sin ver, un poco de acción, o lo que es lo mismo, Booth corriendo, Booth disparando, con una innovación Brennan enferma y un toque de tragedia personal.



Pero además las guionistas juegan con nosotros con cartas marcadas, manteniendo el suspense hasta el último disparo. Nos presentan un caso cuando en realidad son dos historias que convergen en la última bala en una tragedia personal. Difícil no creer por un momento que Brennan se equivoca al identificar al asesino. Pero no, Brennan jamás se equivoca aunque tenga fiebre y esté griposa.

Pero mejor será empezar por el principio. Y el principio no puede ser más que un consejo, cuando estés en la calle borracho y tengas ganas de orinar hazlo en una esquina o en la rueda de un coche, ni se te ocurra adentrarte en el bosque, no sea que interrumpas a un asesino deshaciéndose del cadáver y de que te des cuenta te hayan partido la cara y seas incapaz de decir si ha sido con una pala o con dos. No lo olvidéis, borrachos o no el pis se hace en el inodoro.




En casa de los Booth-Brennan, al contrario que en el episodio de la semana pasada, quien se despierta en la mitad de la noche porque encuentra frio el hueco de las sabanas es Booth, Brennan está en la cocina en albornoz preparándose una infusión. Está enferma, tiene gripe. Booth, marido atento,  quiere que vuelva de inmediato a la cama.

—En un minuto —le responde— Antes tengo que tomar este remedio, es un té hecho de jengibre, hinojo y anís
— Sin duda huele a eso —le responde Booth medio dormido.
—Booth, dije anís, no ano —le aclara Brennan enfadada.
Y Booth, más Boreanaz que nunca, frunciendo asqueado la nariz le contesta —También huele a culo.



Brennan, más Deschanel que nunca, no se explica cómo Booth no se ha contagiado de su resfriado y menos con la dieta aberrante, para ella, que él lleva, come carne, queso, pan. Y Booth que no debe ser la primera vez que oye esa recriminación dejando escapar un profundo suspiro le recuerda:

— Y azúcar, te olvidaste del azúcar y de mi cerveza, me encanta la cerveza.

Sin embargo la dieta no va a ser tema de discusión esa madrugada porque suena el teléfono, un cadáver ha aparecido en un bosque a las afueras de Richmond. Brennan considera que Booth debería irse a trabajar, puede cuidarse sola.



— No. No, que vaya Aubrey —dice Booth responsable.— Tengo que cuidarte. Venga, volvamos a la cama. Llévate tu té de ano o lo que sea —le sugiere generoso a pesar de lo que apesta, y cuando Brennan le ofrece su taza Booth haciendo aspavientos como un crío mal tomador se escaquea del té de ano, digo de anís. Y la domisticidad cede la prevalencia al caso.

Aubrey carga con el muerto hasta el Jeffersonian y buen chico ayuda a Cam a abrir la cremallera de la bolsa y no, no es agradable ver los restos medio descompuesto por el ácido. A ver, quién adivina en que otro caso de Bones se utilizó el bicarbonato para neutralizar su acción e impedir que los huesos del cadáver se deshicieran. ¿No lo recordáis? La policía municipal de Richmond sí, no es que sean inteligentes, es que son fans de Bones. Y gracias a que cubrieron con bicarbonato el cadáver tenemos caso. Y un caso interesante porque junto al cadáver Cam encuentra un dispositivo inalámbrico, un micrófono que Aubrey reconoce como propio del Servicio Secreto. Y en ese instante como si todos los miembros de la fuerza encargada de velar por la seguridad del presidente de los Estados Unidos y la falsificación de moneda, estuvieran unidos por un cordón umbilical, en el Jeffersonian aparece una escuadra de hombretones de traje negro.




Cuando finalmente Booth llega al FBI, Aubrey le presenta al agente Brandt Walker, del servicio secreto, el único agente en activo que tiene el privilegio de haber recibido una bala en lugar del presidente, un viejo recuerdo en una pierna, para Booth es un honor conocerle. Aunque el laboratorio aún no ha establecido la identidad del muerto todo apunta a que se trata de uno de sus agentes, Graham Roberts, el jefe del equipo táctico desplazado a la zona para preparar una visita del presidente a Richmond para recaudar fondos para la campaña electoral. Y no, no hay ninguna posibilidad de que la visita se cancele.



Y es en ese momento, a partir de que Aubrey diga que va a empezar a investigar su vida personal porque es posible que la muerte del agente Roberts no tenga nada que ver con el presidente y Walker le pida que pare el carro porque antes de empezar a investigar necesita la aprobación de sus superiores para que ambos puedan trabajar en el caso, cuando comienza el juego y los equívocos ideados por las guionistas para perdernos. Cuando sacan a relucir a John Wilkes Booth, el desafortunado ancestro de Booth. Y sí, parece paranoico e ilógico que 151 años después del asesinato de Lincoln haya gente que no está segura de que un descendiente de John Wilkes Booth, debiera trabajar en este caso.

 La misma cara de incredulidad de Aubrey se nos queda a todos mientras que  la de Booth permanece inescrutable. Traer a colación a John Wilkes Booth, es ponerle unas antojeras a la investigación, a partir de ese momento ya no cabe otra posibilidad en la mente de nadie, la muerte de Roberts, un hombre sin vida propia, sin familia, ni novia,  se convierte en el primer eslabón de una conspiración contra el Presidente.



Con Brennan confinada en la cama y conectada a la plataforma por una pantalla de ordenador constelada de mocos, a la identificación del muerto se llega con  la participación del antropólogo forense colaborador del Servicio Secreto, el sorprendente doctor Fisher, insiste, doctor Fisher, más conocido por el Jefersonian como el neurótico y asiduo de los psiquiátricos, mister Fisher.



Y no, no le va a decir a la felizmente sorprendida e insistente Angela si trabaja para la CIA o para seguridad Nacional, su trabajo está clasificado, aunque puede decir que ha viajado mucho y… y siempre estoy rodeado de mujeres jóvenes núbiles. Y no hace falta que diga nada más, igual que Angela pensamos que es todo muy misterioso  y muy sexy.

En el FBI Brandt le presenta a la agente Patel, compañera de Roberts que actuará como enlace y le hace entrega de los archivos de las personas que el asesinado estaba investigando como posibles amenazas para el presidente. El último al que investigó es Neil Stockton, quien además de lanzar amenazas en twitter contra el presidente trabaja en una empresa de jardinería, y nutrientes propios de jardinería ha encontrado Hodgins en la pala y en las botas de Roberts.


A Stockton lo pillan Aubrey y Patel en el inodoro haciendo sus necesidades, sobre su mesa de trabajo, un periódico con una foto del presidente al que le han pintarrajeado los ojos. Pero él no mató a Roberts, le recomendó que no se acercara al presidente y se fue. Patel no lo cree y cuando le agarra por los hombros el tipo grita. Los tiene destrozados, no podía haber levantado la pala.


Este gif es de holdingontoyoufordearlife tumblr
Brennan, que está recibiendo con muy poca confianza y  menos paciencia los masajes de un sanador que le ha enviado Angela, descubre cuando Fisher le muestra la fractura del esternón de Roberts que fue causada por el disparo de una arma mientras llevaba un chaleco antibalas, esa no fue la causa de la muerte. Pero ese descubrimiento lleva a creer a Booth, cuando por fin recibe la autorización para trabajar en el caso, (“Sólo quiero que sepas que  no era  protocolo. Es sólo personal”, le dice Walker a modo de disculpa. Y Booth que se percata de la dislexia, le recomienda dormir un poco) que el asesino podría ser un profesional, siempre disparan dónde hay más posibilidades de hacer blanco.



Y mientras él y Walker discuten sobre localizaciones de francotiradores en edificios de la ruta que va recorrer el presidente en el despacho de Booth se presenta Brennan dispuesta a ayudar a pesar de sus toses y sus esputos. “Ves, están limpios, no es contagioso”, les dice mostrándoles el pañuelo. Booth, con más seso que ella, le pide que lo guarde y como viene dispuesta a ayudar se la lleva a un campo de tiro dónde se entrenan algunos tiradores locales. Y aunque la escena en el coche aparentemente no tiene importancia a mí me encanta. Porque Brennan no sólo insiste en que cuando trabajan juntos lo hacen mejor, sino que demuestra lo mucho que ama a Booth preocupándose por cómo se siente después de que le apartasen de su trabajo por culpa de un ancestro. Sólo que Booth no le da importancia, lo que hizo su pariente loco nada tiene que ver con él. Chico listo.




Y mientras ellos están en el campo de tiro, mientras Booth acaricia la espalda de Brennan para mitigar los golpes de tos, en el laboratorio se producen descubrimientos cruciales para la investigación. Fisher encuentra en el cráneo una fractura que bien pudiera ser fruto de una caída de más de 25 metros y Hodgins una fibra de una sábana del hotel en el que se alojaba el muerto. El hotel se convierte en la escena del crimen y la pregunta que Angela, Hodgins y Cam se hacen es cómo alguien pudo matar allí a Roberts y deshacerse de su cadáver estando como estaba lleno de agentes del Servicio Secreto. La respuesta lógica no puede ser otra que la que da Hodgins. Otro agente mató a Roberts.



Y al hotel se van Aubrey, Cam y Hodgins, la única posibilidad de que el asesino se deshiciese del cadáver y que este sufriese la herida en la parte superior del cráneo es si lo tiraron desde la tolva de la lavandería, pero tanto la parte superior como la inferior están limpias, no hay más opción que alguien se descuelgue por ella e investigue sus paredes. Hodgins ante las protestas de Cam y la cobardía de Aubrey está dispuesto. Y lo consigue, encuentra un trozo de sábana y un pelo largo y negro, posiblemente de la agente Patel, y en esas están cuando los tornillos que sujetan el armazón se sueltan y Hodgins cae al vacío. Pero… de algo tiene que servirle los meses que ha dedicado a la terapia física, sus brazos han adquirido una fuerza que los del viejo Hodgins carecían, se ha agarrado a una repisa y espera paciente el rescate.




El agente Walker no puede creer que haya sido “Uno de los nuestros” y no entiende que Booth decida interrogar a todo su equipo cuando el presidente está a punto de llegar… Pero Booth va dónde le manda la investigación, a la sala de interrogatorios y a la agente Patel. Ella no lo hizo, insiste, aunque mantuvo sexo con Roberts, y si no se lo dijo antes fue por proteger su puesto de trabajo. Aún así Booth la mantiene bajo arresto provocando el enfado y las maldiciones de Walker. Pero Booth no cede, él ira en su lugar. Mientras el Servicio Secreto vigila que nada suceda al Presidente, él los vigilará a ellos.




Brennan no está muy de acuerdo con su decisión por el peligro que para él supone, aunque sabe que no hay otra opción y con toda su verdad en sus palabras le dice lo que él necesita oír en esos momentos “Necesito que vuelves a casa salvo”. Y la respuesta de Booth no puede ser otra: Volveré.




Y mientras la caravana presidencial recorre las calles de la ciudad con Walker al mando y Booth y Aubrey vigilando, Brennan, por fin en el laboratorio, descubre la causa de la muerte del agente Roberts, un golpe dado con un brazo sobre el hueso temporal, una maniobra típica de los Seals. Y justo cuando Aubrey avisa a Booth de que entre la multitud ha visto a Niel Stocktom, cuando corre tras él y lo pierde, Brennan llama a Booth y cambia la situación porque el agente Walker, que en esos momentos camina tras el presidente fue un Seal, él asesinó a Roberts… ¿matará también al presidente?




Stockton saca un arma, Booth que le ha visto grita “al suelo”, “al suelo”, Walker se tira sobre el presidente protegiéndolo, Stockton dispara y Booth lo abate. Hay un gran revuelo, los agentes del Servicio Secreto rodean al presidente, lo conducen hasta su coche… ¿quién es entonces el hombre que sólo yace en el suelo con una bala en la espalda? ¿Quién le pregunta a Booth cuando se acerca a socorrerle si el presidente está bien? El agente Brandt Walker, el asesino, el protector, ¿qué ha sucedido? No está de los dioses que Walker confiese porque la muerte acallando con su autoridad cualquier juicio viene a llevárselo.




Pero como la verdad debe ser dicha, Cam al hacerle la autopsia descubre la causa de su traición al cuerpo. Una tragedia íntima y personal, padecía una enfermedad del corazón que el tiro recibido en la pierna agravó causándole un coagulo que afectó a su cerebro. No estaba en condiciones de hacer su trabajo, no mezclaba las palabras por casualidad, estaba enfermo. Cuando Roberts amenazó con denunciar que no estaba en condiciones de hacer su trabajo, Walker, conjurado con su misión, lo mató.


La copa post caso va de sorpresas, en el despacho de Angela, Hodgins, Fisher y ella comentan los sucesos del día, Hodgins sorprende a su mujer y a nosotros confesando que está muy agradecido a su parálisis que le ha salvado la vida. Y Angela sorprende a Fisher, devolviéndole a su estado depresivo, porque cotilla como es, ha descubierto que el trabajo secreto del que tanto presumía, es el de profesor de la hija del presidente y las chicas núbiles con las que viajaba en realidad son sus alumnas nada sorprendente que cuando se vaya les diga que los odia a los dos.




Y en la última escena vuelve el lema: cuidar y proteger. Booth a Brennan, Brennan a Booth. La gripe de Brennan se ha agravado y ella se siente mal porque después del día que ha tenido Booth la esté cuidando, cuando debería ser al revés. Booth no es de la misma opinión,  cuidarla le ayuda a dejar de pensar en  ciertas cosas… Brennan lo entiende, sabe cuánto le duele matar a alguien, si quiere hablar de ello, está dispuesta.

Booth le agradece el ofrecimiento pero sólo quiere estar con ella, cuidarla... Y va a prepararle su té de ano…
— De anís —le corrige Brennan que sigue sin pillarle el chiste.
Booth insiste, la risa es la mejor medicina lo que Brennan le refuta y con razón, la mejor medicina es la penicilina.
Pero como Booth no cree que ella prefiera la penicilina a la risa y desea que Brennan se cure rápido tras un juego de palabras se pone a hacer el payaso imitando a los Tres Chiflados.

Gif de Jigsmave.tumblr
— Porque son unos chicos divertidos. ¡¡Guau, guau, guauuu, guuauuu!!


Y funden a negro entre toses y risas.