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jueves, 17 de julio de 2014

Longmire. Reseña "Population 25" (Ep 3.07). La cuenta atrás.



Estaba por ver que fuera a suceder pero como no podía ser de otro modo  en una serie ambientada en el oeste, ha sucedido. Cómo lo hacemos? Pregunta Chance Gilbert (Peter Stormare), un paleto luchador por su libertad enfrentado al gobierno federal,  a Walt Longmire (Robert Taylor) mientras los dos se están apuntando con las pistolas. “Bien, supongo que contamos hasta tresle responde Walt, en el final del emocionante Population 25, el episodio de esta semana.

Dos hombres, viejos conocidos frente a frente. Chance odia a Walt por qué mató a su hermano. Walt sospecha que Chance ordenó la muerte de su mujer. A la pregunta concreta Chance Gilbert responde que no. Y entonces Walt comienza la cuenta atrás. Uno, su mano no tiembla, la de Chance parece moverse un poco. Dos, Walt continua impasible, mirando fijamente a su contrincante. Tres. Fundido a negro mientras suenan los disparos.


¿Cómo se ha llegado a esa situación? Vic, Vic Moretti (Katee Sackhoff), la ayudante de Walt, y su marido son los responsables. Decidido  a pasar unas pequeñas vacaciones románticas Sean (Michael Mosley) alquiló un descapotable amarillo. Qué puede ocurrir cuando uno recorre a toda velocidad las carreteras de Wyoming en un descapotable amarillo escuchando los grandes éxitos de los ochenta. De todo. Vic y Sean se encuentran con un oso en mitad de la carretera y al esquivarlo destrozan el coche.

Pero aún puede ser peor, como que no haya cobertura para el teléfono, que tu mujer sea una cabezona que decida ir caminando por su cuenta a pedir ayuda, que cuando un coche se te acerque veas que lo conduce Ed Gorski (Lee Tergesen), su ex amante, que después de pedir ayuda por teléfono a Walt —diciéndole que acabas de verle pasar en un coche y que temes que la haya secuestrado—, lleguen dos paletos armados y te secuestren. Mal día el de Sean.


Mal día para la pareja. Vic ha ido precisamente a pedir ayuda a la casa del líder del grupo de paletos rebeldes (cómo no se ha percatado dónde estaba antes de meterse en la encerrona es una de los costurones del episodio). Saben quién es Vic, conocen a Walt, lo odian. Pronto la pareja se reúnen y quedan maniatados. Chance Gilbert, el líder, infatigable luchador por su libertad cree que su presencia se debe a que hay en marcha una intervención policial contra ellos, no creen en las coincidencias. No pueden creer, teniendo como tienen un cadáver escondido en el armario.

Mientras la pareja es sometida a juicio y golpeada Walt llega al lugar del accidente, mientras está hablando por radio con la comisaría se le acerca por detrás Gorski y lo desarma. Él no es el culpable de lo que les ha sucedido a la pareja, le cuenta a Walt, sólo es el ángel de la guarda de Vic. Ni Walt ni nadie puede creérselo hasta que le cuenta lo de los hombres que se han llevado a Sean y la dirección en la que caminaba Vic. Walt sabe quién los tiene, Gorski podía ser su cómplice.  Pero antes de llegar al complejo de Chance Gilbert, Gorski le devuelve el rifle. Él quiere a Vic.


Dentro prosigue el juicio. Ni Sean de Vic cooperan, insisten en que sólo son un matrimonio de vacaciones. Nadie les cree. Para hacerles cambiar de opinión está preparado un niño con un bate. Que antes de golpearles les cubran la cabeza con un casco sólo implica que están dispuestos a seguir torturándolos.  Mientras tanto, alertado por la llamada de Walt se presenta en el lugar un patrullero de la policía estatal. Para él no hay bate sino una bala entre las cejas.

Una bolsa con un cadáver cae al sótano dónde Sean y Vic se recuperan de los golpes. La desesperación de Vic mientras intenta abrir la cremallera esperando encontrarse con el cuerpo de Walt es inenarrable. A ningún testigo y menos a Sean le puede quedar duda de hasta qué punto Vic está enamorada de su jefe. Sin embargo Walt ha conseguido introducirse en el complejo y descubrir lo que los paletos escondían, el cadáver de un pobre agente federal del censo en un congelador.


Cuando cae la noche Walt sale al descubierto. Tiene una oferta. El contencioso es entre ellos dos. Ellos se quedan, los demás se marchan. Chance accede y mientras su gente abandona el lugar, Vic y Sean lo hacen con Ed Gorski en un coche. Es entonces cuando tiene lugar el duelo.

Al principio del episodio Walt encuentra a Branch en el bosque, está a la espera de David Ridge, obsesionado, medio loco. Le obliga a regresar a comisaría, a trabajar. De la desaparición de Vic y las pesquisas del sheriff le da cuenta Ferg. Y entonces Branch intentando encontrar pistas del lugar hacia donde se dirigían, fisgoneando en el ordenador encuentra el borrador del informe en el que Vic le denuncia por el secuestro del traficante de peyote. Luego lo vemos llegar al lugar del accidente del coche. Y aunque no se hace presente en la última escena tal y como se narraron las cosas debió ser testigo del duelo.


Y al final qué. Pues al final una Vic destrozada le pide a Gorski que pare frente a la camioneta de Walt. Gorski se vuelve, mira su rostro surcado por las lágrimas, su aspecto lamentable y suspirando le dice: Adiós, Vic. Una historia ha terminado. Otra está a punto de hacerlo. Antes de salir del coche, la pareja en silencio se mira, Sean comprende, también es el adiós para él. Luego Vic sale corriendo y conduce de regreso al lugar del enfrentamiento. Fin. 
Un emocionante episodio, de los de hacer afición al que algunos fallos del guion le restan la grandeza que tuvo por ejemplo Wanted Man. Pero a pesar de todo, lo peor es que ya sólo quedan tres para que acabe la tercera temporada de Longmire.

domingo, 13 de julio de 2014

Longmire. Reports of my Death (3.06) El final de la huida.


Parece que fue ayer cuando se estrenó la tercera temporada de Longmire y sin embargo ya sólo quedan cuatro episodios para terminarla. Al menos la resolución de la trama, el leiv motive de la temporada, continua demorándose, aclarándose un poco y complicándose un mucho. Eso ha ocurrido esta semana en el episodio “Informes de mi muerte” que no ha conseguido hacer olvidar “Wanted Man”.



A veces cuando la trama se complica a uno le entran ganas de desaparecer, no digáis que no. ¿Quién no ha sentido la tentación, alguna vez, de coger el portante y largarse de su vida sin decir ni adiós? Tal vez algunos lo consideréis una cobardía, otros una sabia decisión. Pero ¿sabéis qué? Cobarde o sabia al final termina siendo una mala decisión. Porque al final, uno siempre termina apareciendo por algún lado. Si no vivo lo harás muerto. Te rajarán, te sacarán el corazón, te pesarán el cerebro, analizarán tus vísceras y los periodistas caerán sobre ti como buitres sobre la carroña. 


Y aún así ¿quién no ha soñado con iniciar una nueva vida sin compromisos ni referencias? Un imposible. Siempre habrá alguien que te encuentre, siempre habrá que volver a huir. En Reports of my Death el episodio de esta semana de Longmire, Walt encuentra muerto en uno de los bancos de la plaza a un sin techo. La sorpresa salta cuando al examinar su documentación descubre su identidad. Welles VanBlarcom, un hombre que hacía más de treinta años cogió el portante sin decir adiós. El heredero de una gran fortuna.

El episodio se vuelve truculento en cuanto Walt con la ayuda de Ferg decide subir al muerto por las escaleras de la comisaria fingiendo que esta borracho. Nadie debe enterarse de su aparición o los periodistas caerán sobre ellos. Y Walt va con su camioneta y el muerto hasta la gran mansión. Conocidos suyos, su padre les cuidaba los caballos, él conoce a Penny, la hija de la familia que a veces bajaba a dibujar  a los caballos mientras Walt ayudaba a su padre. Penny no duda en reconocer al barbudo sin techo como su hermano desaparecido. Un boceto que hizo en su día recuerda el rostro del muerto.


Y como de lo que se huye se encuentra y existen los adolescentes, twitters y selfies antes de que Walt abandone la mansión todo el mundo sabe que Welles VanBlarcom ha aparecido muerto. ¿Y a eso qué puede seguir? A eso sólo cabe oponer más selfies, más bocetos y más cambios de identidad. El justo castigo para un hombre que huyó de su madre y sus pajarracos, un hombre que miró por sí mismo y dio la espalda a su familia, sin remordimientos.


Pero, al desaparecido de repente tiene conciencia y remordimientos, no por los suyos sino, dice,  por la familia del sin techo muerto, porque no sepa que definitivamente “se ha ido”. Y le roen de tal manera  que después de haber pagado al último detective que su familia mandó en su búsqueda, para decir que no le había visto, aparece en la comisaria declarando: Welles VanBarcom soy yo. Y sin embargo, un vez en la mansión Penny no lo reconoce y ante el temor a que se difunda un selfie con su verdadero yo, el nuevo Welles decide que ya está bien de los VanBarcom.


Y la trama se complica cuando en la autopsia se descubre que el sin techo murió de sobredosis, un hombre que no tomaba drogas, según averigua Walt. De ahí a descubrir al asesino sólo media un nuevo boceto y la cuenta corriente del detective privado. Alguien que quedó prisionero tras la puerta que Welles cerró al marcharse se cobró venganza en el inocente que  a pesar del dinero se negó a renunciar a ser quien nunca fue. ¿Jamás has sentido necesidad de volver? Pregunta Walt al que nunca quiso ser quien es. Sólo había un respuesta posible. Y dijo adiós.



Y en cuanto a los personajes de Longmire, en cuanto a la trama de la temporada, en cuanto al asesino del asesino de Martha, en cuanto al asesino de Hector,  en cuanto a Henry Standing Bear ¿qué? ¿Qué? Pues que prosigue el suspense, complicándose y esclareciéndose en pequeñas dosis.


Ambición y venganza, los motivos primarios de la conspiración y en el fondo, a pesar del siglo largo transcurrido desde que oficialmente concluyeran, la continuación de la guerra que en el espíritu de los indios derrotados nunca concluyeron. Malachi, Jacob Night Horse, David Ridges contra Walt Longmire. Henry Standing Bear en el papel de Winnetou, el piel roja con la conciencia equivocad, que siempre será el gran perdedor. El asesinato de la mujer de Walt la cruel metáfora con la que le arrancaron la cabellera.


¿Y Branch Connolly? ¿Y Vic Moretti? De descubierta en busca de David Ridges. Desconfiando el uno del otro, celosos de su relación con Walt. "No tienes ni idea de lo que es saber la verdad y que nadie te crea", le dice Branch. En realidad soldados azules en espera de que suene la trompeta.


Es Henry harto de su prisión en el Pony Rojo quien entra en acción y descubre la relación entre Malachi y NightHorse que lo ha contratado como jefe de seguridad de las obras de su casino. Y descubre a Deena, su novia desaparecida. Ha pasado un tiempo en la cárcel le cuenta, ha reconsiderado su vida y tiene una pregunta para ella, una de las que se hace de rodillas. Deena se ilusiona y  Henry arrodillado le pregunta “¿Dónde coño has puesto mis cuarenta mil dólares?”. La respuesta les conduce a uno de los hombres de Malachi y a Denver.


¿Es ese el hombre que hizo que matarán a mamá? Pregunta Cady Longmire cuando ve la foto de Malachi y su hombre. ¿Lo es? Se admiten apuestas.

lunes, 7 de julio de 2014

Longmire. Reseña "Wanted Man" (Ep. 3.05)



El carácter es el destino, dijo el filósofo Heráclito. En Wanted Man, Tony Tost que ha escrito el guion y Peter Weller que lo ha dirigido, en mi opinión, lo han demostrado. Un fantástico episodio en el que las tramas que continuaban abiertas desde el final de la segunda temporada no sólo han recibido un fuerte impulso sino que por mor de una gallina roja de Rhode Island desaparecida han quedado conectadas.

Walter Longmire cree que las palabras de Heráclito significan que un hombre construye su destino a través de sus decisiones, de sus elecciones, lo que implica que el destino de  cualquier persona no lo deciden ni el azar ni las estrellas, sino cada uno con sus acciones y sus omisiones. Yo también lo creo, tal vez por eso disfruto tanto viendo Longmire.


Pero como nadie vive aislado, aunque se lo proponga, y el destino de cada hombre, de cada mujer depende no sólo de sus propias elecciones sino de las decisiones y de las omisiones de aquellos a los que se encuentra ligado, Tony Tost construye una trama circular en la que lanza a cada uno de los personajes a una misión personal, a una búsqueda independiente, en apariencia, de las de los otros, para en un magnifico cierre del episodio, hacer depender el destino de cada uno del actuar de los demás.


Y así Walter ha buscado, ahora decididamente, al hombre que mató a Miller Beck, el asesino de su esposa. Branch Connally a David Ridges, al hombre que le disparó. Henry Standing Bear a Hector, el indio que puede explicar el por qué estaban en su poder las pruebas que le incriminan en el asesinato de Beck y a Vic Moretti, a Vic, la búsqueda más insignificante y que al final resulta clave: la desaparición de una gallina roja de Rhode Island.

Y a cada uno le ha hecho actuar de acuerdo con su carácter: a Walter Longmire como el  hombre cabal e íntegro que es, siempre dispuesto para intentar detener el mal, a Branch Connally como el soberbio que vela por sí mismo, a Vic Moretti como la mujer perdida a la espera de una brújula y a Henry Standing Bear como un hombre intrínsecamente bueno, dividido entre lo que es y lo que los demás quieren que sea.


Y no podía empezar mejor el episodio que con Walter Longmire, en una luminosa mañana, contemplando desde el porche de su casa el horizonte. Una voz desde dentro le dice “Ten cuidado Walt”. Y él sonriente responde mientras, cargado con su termo y sus escopetas, se dirige hacia el coche “Lo intentaré, Martha. Lo intentare”. Un hermoso recuerdo. Por entonces Walter aún sonreía por las mañanas.


Lo que sigue al recuerdo le cambia el rictus, Walt testificando en contra de Malachi Brand, el antiguo jefe de la policía de la reserva, el corrupto al que con la ayuda de Henry encerró en prisión. Diciendo, como el hombre íntegro que es, que el lugar de Malachi está en la cárcel,  contando que hacía unas semanas le había chantajeado con la vida de su amigo. Y la mirada que le lanza mientras habla Malachi, la de ese gran actor que es Graham Greene dice mucho más que si pronunciara palabra de cuál sería si pudiese el destino de  Walt.


Y sin embargo Walt en su búsqueda del asesino de Beck, el asesino de su esposa Martha lo descarta como sospechoso, un tanto apresuradamente. Estaba en la cárcel. Es cierto pero la intensidad de la mirada refleja el tamaño de la afrenta, la dimensión del odio y como luego dijo Malachi a Henry Standing BearLa hermandad tiene muchas caras”.

Walt se toma un día de vacaciones, va en busca de tres sospechosos, traficantes, psicópatas, a los tres les encerró, los tres a cada cual más violento podrían querer vengarse. Y aquí entra en juego un invitado especial, alguien al que no habíamos visto todavía en la temporada Lucien Connally (interpretado por Peter Weller) el antiguo sheriff del condado de Absaroka. Un hombre aparentemente diferente a Walt y muy ocupado. Cuando Walter llega a la residencia de ancianos dónde vive su corneta resuena por los pasillos. El dialogo entre ellos digno de una vieja película del oeste.


¿Qué quieres? —pregunta Lucien.
Un favor —responde Walt.
Estoy ocupado.
Es peligroso. Puede que te disparen.
Te escucho.

No podía ser de otro modo entre dos hombres lacónicos. A Creely Dorn, un antiguo cocinero de meta, se enfrentan juntos cuando intenta escapar en el coche revolver en mano: “¿Qué prefieres parabrisas o ruedas?”, pregunta Lucien.Ruedas” responde Walt. “Blandengue”, le llama Lucien. Contra Dorn, Walt solo tiene sus antecedentes, los dos testigos que declararon en su contra murieron dos semanas después de que fuera puesto en libertad.


 “Vamos, sheriff, murieron en accidente de tráfico. Además usted es quien me arrestó ¿no lo pondría a usted el primero en mi lista negra?” “Quizás estaba”, le responde. Y es entonces cuando Lucien se entera del asesinato de Martha, de lo unidos que ambos habían estado aunque fueran tan diferentes. Una vez se le insinuó le cuenta. Dos, le responde Walt. Martha se lo contó. Y la impresión que queda es que la diferencia entre el lacónico Walter Longmire y el taciturno y violento Lucien Connally la marcaba la existencia de Martha.


Mientras Branch Connally continúa su búsqueda de David Ridges dónde la dejo en In the Pines, interrogando al indio que secuestró en compañía de su amigo Travis. Atado y con los ojos vendados el hombre niega ser un guerrero blanco, ni siquiera sabe de qué le está hablando. Travis a quien una mala decisión ha unido para siempre a Branch está asustado, cree que lo va a matar, pero Branch no está tan loco y le obliga a beber té con peyote. Drogado nadie le creerá cuando hable del secuestro, le explica; él no va a joderse la vida. “Sí, eso pensé yo, le responde Travis, cuando te apunté con el arma y ahora mírame”. Y entonces Branch responde “Así es la cosa, a los tipos como tú les pillan. A los tipos como yo no”. Se olvidaba de Vic.


Vic, que está al cargo de la comisaria, vegeta sin más obligación que encontrar la gallina roja de Rhode Island; pero entonces se presenta Mathias el jefe de la policía de la reserva y le cuenta lo del secuestro del indio por dos hombres blancos. Vic le entrega un libro con fotografías de delincuentes, tal vez allí encuentre alguna pista. Y la encuentra, drogado o no el hombre reconoce a Travis. Cuando Mathias se lo cuenta decide encargarse del caso. Y a pesar de la oposición materna lo detiene. En comisaría se encuentran con Branch quien le cuenta, delante de Walt y Lucien, que Travis y él pasaron la noche bebiendo en el bar de Henry. ¿Caso resuelto? No. Branch se olvidó de que Vic, concienzuda comprobaría su coartada. Con una pregunta Henry la desmonta. Y Travis termina contándole la verdad.


Henry, Henry lleva muy mal lo que le está pasando, sabe que es el culpable por guardar pruebas incriminatorias, que volverá a la cárcel si antes Walt no encuentra al asesino de Miller Beck. Cady cree que es necesario encontrar al desaparecido Hector, el indio que cumpliendo su encomienda le pegó una paliza a Beck y le saltó los dientes. Tal vez deba ofrecer una recompensa, le propone Cady. Y aunque al principio se opone, no quiere vivir de la caridad, lo hace porque Malachi puesto en libertad se presenta. Él está libre y Henry volverá a la cárcel, los tiempos están cambiando le anuncia. Terminará quedándose con su bar, quién mejor para ello que sus hermanos. Yo no tengo hermanos, dice Henry.


Y al hombre buscado, a Hector al final lo encuentran, la gallina roja de Rhode Island desparecida y una mujer que increpa a Henry por criminalizarle cuando es el único que otorga justicia a los pobres de la reserva son determinantes. Walt, Branch y Vic se presentan en su campamento pero llegan tarde, lo encuentran medio moribundo, le han cortado la caballera dejando su cráneo ensangrentado. Una serpiente le disparó, dice, y reconoce la foto de David Ridges. No sabe por qué quería matarlo y no le importa. Siempre supo que acabaría así, solo quiere que le ayuden a salir de la cueva, morir como un hombre bajo el gran cielo.


Y al final de tanta búsqueda qué se ha resuelto. Apenas nada, sólo probar que David Ridges está vivo y el temple del que están hecho los caracteres de cada uno de los protagonistas incluida Vic a quien la confesión de Travis ha puesto en un gran dilema; el mismo al que se enfrentó en sus días de policía en Filadelfia, cuando denunció por corrupción a su superior que terminó suicidándose y provocando con ello el acoso de Gorski. ¿Qué debería haber hecho?, le pregunta a Walt en busca de brújula para el ahora. Y la respuesta que Walt le ofrece es la de Heráclito.  


Tú no eres así.


sábado, 28 de junio de 2014

LONGMIRE. IN THE PINES (3.04) Jugar con fuego.




Hay gente a la que le gusta el peligro, jugar con fuego, mirar al precipicio; gente a la que la cercanía del daño en vez de hacerle retroceder le impele a dar un paso adelante, a prender la yesca. Luego hay otra gente precavida y paciente, gente que antes de dar un paso más, solo o en compañía, tiende las cuerdas y se ajusta el arnés. Sin embargo, en la confrontación entre ambos, los precavidos arden.

Walter Longmire es un hombre discreto y precavido al que la vida se le ha complicado esta temporada, no siente fascinación por el fuego pero parece encontrarse en el punto de ignición de un incendio. Que no sea el pirómano poco importa. Hay una mujer, hay un hombre con la yesca en la mano. A las chicas malas y a las ratas soberbias les encanta jugar con fuego inconscientes a la devastación que dejan detrás, a los cambios de vientos que pueden terminar consumiéndolos. Walter, no ha abierto aún ningún cortafuegos para evitar el daño.

Si en los tres primeros episodios su máxima prioridad había sido sacar a Henry Standing Bear de la prisión, una vez puesto en libertad Walter parece decidido a encontrar al hombre que por venganza orquestó el asesinato de su esposa, al hombre que está disfrutando con su dolor. Y al comienzo de In the Pines en ello está, mirando rostros, confrontando historiales, revolviendo en su memoria. No le será fácil, entre asesinato y asesinato la vida peligrosa de sus ayudantes reclamará su atención. El acosador de Vic ha regresado y Branch Connally está dispuesto a saltarse las reglas con tal de encontrar al hombre que le disparó.


Cuando comienza el episodio Branch está al acecho en el bosque, le vemos alzar el fusil, disparar, ha hecho una hoguera, tira el conejo encima de los leños; en sus ojos brilla una mirada decidida, con un cuchillo de caza se corta un mechón de pelo, luego se hace un corte en el antebrazo, deja que la sangre chorreé sobre la hoguera. ¿Hechicería? No. Branch es una rata inteligente que se cree príncipe, está obsesionado con encontrar David Ridges, el hombre que le disparó, convencido de que no se suicidó. Sigue vivo y va a demostrarlo.


Walt se enterará de sus intenciones cuando en mitad del caso de la semana se acerca al hospital. El doctor le dice que pronto tendrá el resultado de las pruebas de ADN de las cenizas que Branch le entregó. Cuando le pregunta a su ayudante le asegura que Ridges está vivo, que aunque en las cenizas de la pira apareciera su ADN no significa que esté muerto. El ADN de las cenizas que entregó al doctor es el suyo, ni rastro del ADN del conejo. Pruebas forenses era lo que estaba haciendo Branch en el bosque, algo que en Longmire no abunda. Walter le pide que se espere a que termine el caso, le ayudará entonces. Pero no, Branch no está dispuesto a esperar y buscará ayuda en otro lado, Henry Standing Bear pagará los intereses de los cien mil dólares que le prestó a Cady para la fianza.


El caso de esta semana, el asesinato de un monitor de un grupo de chicos con problemas a los que enseñaba técnicas de liderazgo y confianza. El asesino aprovecha que era la noche que los chicos tenían que pasar en solitario para acabar con él de un golpe en la cabeza. El cadáver lo encuentra uno de los campistas, el resto están desaparecidos. En el lugar se presentan la pareja dueña de la empresa, la mujer está conmocionada no se explican cómo ha podido ocurrir. Adam, el muerto, era su mejor monitor, sabía muy bien cómo tratar a los chicos problemáticos.


El ayudante Ferg se encarga de ir localizándolos, a él uno de esos campamentos le salvó la vida, pero estos chicos no son como él. En lo que parece ser el lugar de acampada de uno de ellos encuentra un diario lleno de dibujos macabros, algunos explican cómo el monitor fue asesinado. Poco a poco van pareciendo el resto, una de las chicas se cayó sola por el precipicio asustada porque escuchó como otro de los chicos, Lobezno, un sociópata, la llamaba, como se acercaba subrepticiamente a su tienda, salió huyendo porque creyó que iba a violarla, él no paraba de mirarla, fisgaba en sus cosas. A otra pareja se los encuentra en amorosa coyunda, confirman la versión de la chica, Lobezno no soportaba a Adam, tenían continuos enfrentamientos. Lobezno sigue desaparecido.



Por si con la busca del asesino no tenía ya complicaciones suficientes en la oficina de Walter se presenta el marido de Vic, ha recibido una fotografía, una en la que se la ve sonriente a su lado en la puerta del motel de Arizona en el que se alojaron en el episodio If Childrens and Travelers; en la parte de atrás del sobre lleva escrito el número 32. Sean Moretti quiere  pedir una orden de restricción, lo que no sabe es contra quién. Piensa que la foto la tomó Ed Gorski, conoce la historia, por eso salta a la mínima ante las relaciones de Vic con sus oficiales superiores. Walter le responde que no tiene que preocuparse por él. Bien, contesta el marido, supongo que la orden de restricción será sólo contra Gorski.



Que Vic era una chica mala ya lo sabíamos, que le ha mentido a Walter sobre los motivos de Ed Gorski para acosarla también. Lo que no sabíamos era hasta qué punto le gustaba el peligro, hasta qué punto se chamuscó. Para cuando se asustó y salió huyendo ya era tarde. El fuego consumía a Gorski, ahora pretende consumirla a ella. A Walter le cuenta que el número 32 era el del apartamento en el que se reunían. Que lo abandonó y se casó, para huir de él ¿para huir de ella? Quien la conoce es su marido. Sabe de su pasado, teme que su futuro no esté con él. Le propone emigrar, pero sabe que ella no le acompañará. Jamás le ha sonreído a él cómo le sonríe a Walter Longmire en la foto

A Lobezno, el descarriado, lo encuentran porque llama a su mamá. Cuando Walter le interroga le dice que todo lo que le han contado los otros chicos es verdad, que fisgoneaba en las pertenencias de los demás. Que asustó a la chica, que Adam era un falso que hablaba de respeto y lealtad y luego llevaba al campamento hierba y condones. Pero él no lo mató.


Al asesino Walter le obliga a confesar en una conversación en medio de la noche. Sólo era otro pobre ser que confió su felicidad a quién no debía, a quién le gusta demasiado jugar con fuego. Por cierto, ¿existe alguna estadística de en cuantos asesinatos es culpable el amor? Y no me refiero a los crímenes de los maltratadores sino a los de los hombres y mujeres a los que un amor, el amor ha destrozado la vida. ¡All you need is Love! cantaban los Beatles ¿en serio?

martes, 24 de junio de 2014

Longmire. Reseña episodio 3.03 Miss Cheyenne.



Esta reseña llega con retraso. El debido a mis inútiles intentos para adquirir las habilidades necesarias para presentarme al concurso de Miss Cheyenne (que diría un famoso crítico norteamericano si hiciese reseñas de Longmire).

Miss Cheyenne fue un episodio donde el pasado se hizo presente tanto en la historia serializada de este principio de temporada: el encarcelamiento de Henry Standing Bear por el presunto asesinato del “asesino” de la mujer de Walt Longmire; como en el asesinato de la semana: un médico que trabajaba voluntario en la reserva india.

Si en el episodio anterior Of Childrens and Travelers trataron del sometimiento del individuo a los intereses de la “nación india” en Miss Cheyenne abordan otro lado de la cuestión, la esterilización sistemática de las mujeres indias. Y lo cuentan no como una decisión gubernamental sino como la decisión racional y “bien intencionada” de “determinados” médicos blancos que condescendientes, se creyeron investidos con el poder de los dioses para determinar el futuro de las mujeres indias.


Lo mejor es comenzar por el principio. Walt Longmire no se verá obligado a testificar en la audiencia por la libertad condicional de Malachi Brand, el antiguo sheriff de la reserva india, para que no siga haciéndole la vida imposible en prisión a Henry Standing Bear. Porque Henry Standing Bear consiguió la libertad bajo fianza. De un millón de dólares, por cierto.

Y no fue sencillo. El juez nada más comenzar la audiencia dijo a Cady Longmire la “inexperta” abogada de Henry que la audiencia sería una pérdida de tiempo. En casos de asesinato nunca concedía la fianza. Tal vez de haber tenido otro abogado, Henry estaría aún en la cárcel, pero Cady estaba dispuesta a luchar por él y Brand, el ayudante Connally la ama demasiado como para no extender el cheque necesario.



Pero no es Brand en principio quien le dice cómo convencer al juez, sino un amigo de la universidad. No tiene que hacer uso de las leyes, sino demostrarle quién es el hombre, presentar a su familia, sus hijas. Sólo hay un problema, Henry no tiene familia, entonces tendrá que utilizar los lazos con la comunidad. Pero sus vecinos de la reserva no parecen muy dispuestos a testificar a su favor. No lo hace Mathias el sheriff de la reserva, al contrario. Para Mathias, Henry no tiene familia, es un  nómada como todos los cheyennes y además él no cree en su palabra.

Pero… Henry en el pasado ha hecho cosas buenas por sus vecinos, por su gente, alguien queda entre ellos que aún sabe de lealtad, de agradecimiento, alguien a quien Henry ha ayudado. May Aguas Tranquilas, la madre de Lilly, la chica cheyenne que en la primera temporada Henry y Walter rescataron de trabajar de prostituta. Henry siguió apoyándola, le pagó el terapeuta. La chica, recuperada, se presenta al concurso de Miss Nación Cheyenne. May devuelve el favor.



Con Ben Mallory, un médico voluntario de la reserva, en cambio, el pasado no fue tan benévolo, aliado con el presente se cobró en su carne la deuda por un futuro truncado. Cuando Walt está charlando con una de las jueces del concurso de Miss Nación  Cheyenne, en el que sustituye a Henry (un concurso inusual, no hay biquinis ni bastones ni minifaldas sino danzas y demostración de habilidades; la prueba reina desollar a un ciervo al mismo tiempo que responden a las preguntas de los jueces), se presenta Vic ha encontrado el cadáver de un hombre, apuñalado, en un antiguo granero. Le han dado dos puñaladas, una en el pulmón, otra en el hígado. Es Ben Mellory, según sus amigos del hospital un buen hombre, un buen médico.

El ayudante Branch Connally se ofrece voluntario para investigar en la clínica de la reserva y al paso intentar averiguar algo sobre el hombre que le disparó. De lo suyo nada consigue, sólo comprobar lo orgulloso que está el enfermero indio por haberle salvado la vida, le avisará si vuelve aparecer por la clínica David Ridgers. En cuanto al muerto, le iban las mujeres, le dice, y tuvo un altercado con el padre de una paciente.

Cuando Walt a interroga a Dale Oso Gris, este le dice que el doctor era un pervertido. Les cuenta que en la visita en vez de tomarle la temperatura para ver si tenía la gripe le hizo un examen pélvico. No presentarán denuncia por el abuso, el problema ha sido resuelto, dice, lo que de inmediato le convierte en sospechoso.

Entre tanto llegan el padre y la madrastra del muerto. El padre un antiguo doctor esta abrumado por el dolor, ha perdido a sus dos hijos en un año “¿Qué he hecho para merecer esto?, se pregunta. Walt le promete que este crimen lo va a resolver, del otro del de Detroit no es responsable.


La hija de Dale Oso Gris es una de las candidatas a Miss Nación Cheyenne, cuando Walt en su papel de jurado le pregunta quien le enseñó a usar los cuchillos mientras despelleja el ciervo, ella dice que su padre. Pero cuando la chica sufre un vahído Walt, bajo la atenta mirada de otra jurado, una antigua miss Cheyenne, le pregunta por el doctor Mallory sólo obtiene vaguedades. ¿Qué le parece?, le pregunta la antigua miss en relación con las habilidades de la chica y Walt pensando en lo suyo responde que  cree que está embarazada. La mujer le mira sorprendida.

Dadas las pruebas con las que cuentan la teoría más plausible en ese momento es que a Ben Mallory lo matase Dale Oso Gris por dejar embarazada a su hija. Teoría que se va al traste cuando Oso Gris asalta a Walt, por su culpa, por anunciar que estaba embarazada el jurado ha expulsado a su hija del concurso, era su máxima ilusión. Vic le acusa de matar al doctor por dejarla embarazada. Pero no es verdad, el padre del hijo que espera es su novio, no el doctor, el doctor lo que hizo fue intentar convencerla de que abortara. Lo que han estado haciendo y hacen sistemáticamente todos los doctores blancos con las mujeres indias “les dicen que están salvando su futuro pero lo que realmente hacen es destruir el legado de la tribu”.

La sorpresa llega cuando la policía de Detroit les remite el expediente. El hermano fue asesinado del mismo modo, eso exculpa a Dale Oso Gris. ¿Será la madrastra la culpable, es doctora, sabe de anatomía? ¿Querrá quedarse con la herencia millonaria de su marido? Teorías, teorías.


Como en Longmire no cuenta la ciencia, apenas las huellas y mucho menos los fluidos, sabemos quién es el asesino rebuscando en el pasado, en las decisiones de cada uno, incluyendo las de los hombres sabios que considerándose por encima del bien y del mal, decidieron sobre la vida de los demás. ¿Por qué permitir que unas indias drogadas, borrachas, enfermas que no podían cuidar de sí mismas pariesen hijos? Porque era su derecho. ¿Por qué no esterilizarlas si eso las salvaba del ciclo de la pobreza?  ¿Quién asesino a Ben Mallory? El nombre poco importa, alguien a quien el pasado dejó sin futuro.


Sin embargo en el caso de Henry Standing Bear  su pasado y el presente se aliaron para sacarlo de prisión. May Aguas Tranquilas no cree que Henry se escapara si queda en libertad. “Se llama Oso Erguido”, dice May al juez. Un oso cuando se yergue no lo hace para huir sino para proteger, a los suyos, al futuro. Henry no huirá.


Que no se me olvide, Lilly Aguas Tranquilas ganó el concurso de Miss Cheyenne. Y Walt ya ha sacado el fichero de los hombres que ha detenido, piensa que tal vez alguno de ellos es el culpable, por venganza, de matar a su mujer. Alguien que quería asegurarse de que Walt sufriera todos los días. ¿Quién será?

domingo, 15 de junio de 2014

Longmire. Of Childrens and Travelers. Las chicas malas del condado de Absaroka.



El segundo episodio de Longmire, Of Childrens and Travelers va de viajes y enseñanzas, viajes porque cuando la gente se desplaza se lo pone difícil al cielo para que se derrumbe sobre su cabeza, a no ser que se sea una niña mala, y de enseñanzas, a saber: los tipos duros sólo se preocupan por sus sombreros, los hermanos por la pureza de la raza.


El maestro John Coveny ha escrito en la pizarra el temario de la temporada, que, aún, siendo casi idéntico al de las anteriores, contará, en mi opinión, con un tema estrella, el que seguro entrará en el examen final, a saber: Las chicas malas sólo quieren que las quieran y los tipos lacónicos terminan por abrir la puerta.

BRANCH Y SU SOMBRERO


El ayudante Branch Connally como no podía ser de otra manera es un tipo duro, el más duro de del condado de Absaroka, al menos eso pretende que creamos, por eso sube sólo, recién salido del hospital las escaleras de la oficina, pero por dentro siente otra cosa, ha sido derrotado y lo sabe. Hasta ahora en la disyuntiva entre la ambición y el deber, en él siempre vencía la primera, de ahí sus alianzas con los poderes fácticos que le podían dar el poder.  


Pero…, pero siempre se ha quedado a medias, a un paso del salto al vacío. El guerrero blanco que le disparó parece que le ha hecho retroceder tres pasos del borde del precipicio, si es sólo para tomar impulso o para alejarse definitivamente está por ver, depende de lo que haya visto en la pluma negra que el médico extrajo de su herida. Al menos ha agradecido a Walt Longmire que le salvase la vida. Y lo ha hecho de verdad, como lo hace un tipo duro.
Walt —dice cuando desmadejado por el sobre esfuerzo por llegar hasta la oficina, está a punto de sentarse de nuevo en su escritorio.
¿Qué? — responde el sheriff.


 — Gracias por… encontrar mi sombrero— y en sus labios se esboza una medio sonrisa.

LOS HERMANOS Y LA RAZA

No puedes ser medio indio aquí. No con la hermandad rodeándote. Con nosotros hombre rojo u hombre muerto.


El sentimiento identitario debe ser el único material genético que no está sometido a la acción de los radicales libres en el genoma mitocondrial (con perdón), que no sufre mutación. Henry Standing Bear lo está aprendiendo en sus propias carnes. La tribu, la nación no admite ni disidentes ni impurezas.

El alcaide de la prisión de los Tres Condados debe ser de la misma opinión que los directores del Zoo de Copenhague que mataron a la jirafa Marius porque sus genes no eran lo suficientemente puros para la selección de la especie que buscaban (mirad las fotos)


Por eso mantiene a Henry incomunicado, por eso consiente que los guerreros rojos de la hermandad le muelan a palos, para que aprenda a respetar las reglas de la nación, para que reniegue de su amistad con Walt Longmire, el gran jefe blanco. 


Pero es un trampantojo. La pureza, siempre estará preconizada por los jefes, lleven plumas o estén calvos, por quienes ambicionan gozar de más privilegios o temen perder lo que ya tienen. Y quienes golpeen serán los pobres de espíritu, los que en verdad temen perder lo que no tienen.


Así ocurre en la prisión de los Tres Condados, y así nos lo han contado. Cuando a Henry lo tienen bien macerado, las razones se clarifican, el viejo jefe de la policía de la reserva Malacay (Graham Greem) se las explica convenientemente al jefe blanco. Él es el jefe de la prisión, o testifica a su favor ante la comisión que revisará su petición de libertad condicional o Henry Standing Bear recibirá los palos. Lo que no sabe Malacay es que la naturaleza es muy sabia, que ha incrustado en el ADN, bien encriptado, un código de autodestrucción, la pureza debilita, la mezcla fortalece. Walt Longmire se lo demostrará, próximamente

LAS CHICAS MALAS DEL CONDADO DE ABSAROKA


Miles de años y todavía nadie sabe qué hacer con ellas —dice Vic a Walt acodada en la barra de un bar de Arizona.
¿Con quién? —pregunta Walt más preocupado porque se haya bebido la mitad de su cerveza.
Chicas malas. La gente piensa que necesitan más disciplina y reglas más estrictas y las envían a conventos, manicomios y campamentos de animadoras. Pero todo lo que en realidad NECESITAMOS es un poco de amor y aceptación.


Y así comienza el viaje de Vic esta temporada, de la mirada húmeda a la espalda castigada de Walt a beberse su cerveza, del silencio a las medias palabras. Vic, por fin habla y no lo hace precisamente de Polina, la chica mala que terminó en la cuneta, la chica mala que por creer en los unicornios viajaba de un lugar a otro para evitar que el cielo cayese sobre la cabeza de quién más quería.
Y Walt, que no es inmune, aún a sabiendas de la respuesta pregunta, porque está en el guion, estará en el guion de toda la temporada.
¿Necesitamos?
Y Vic confiesa.
Bocazas, problemas de autoridad, poco control de impulsos.
Y mal genio —puntualiza Walt.
Así que sí, podría haber estado en la situación de Polina. La única diferencia entre chicas buenas y chicas malas es que las chicas buenas piden permiso y las chicas malas piden perdón; pero todas queremos lo mismo.


Y esa confesión vuelve loco, por unos instantes, al lacónico Walt Longmire. Él no habla sólo mira un pomo que no gira; el mismo que ella duda en abrir en otro plano. Y la tensión, como en el camino hasta el OK Corral, se masca. Y los pomos y las puertas se convierten en secuaces del deseo, inspiradores de la tortura, porque no se abrirán solos. Por eso cuando inesperadamente unos golpes suenan en la puerta, Walt abre dispuesto a aceptar el castigo, a realojarla. 


Lo de Polina sólo ha sido la demostración empírica de que a veces los sueños se vuelven pesadillas, que los infelices siempre pierden. Pero... ¿y Vic?, a la vista está que sigue siendo una chica mala ¿conseguirá su unicornio blanco o terminará en la cuneta a pesar de llevar la pistola en el cinto? La historia continuará...