miércoles, 6 de noviembre de 2013

BONES. THE NAZI ON THE HONEYMOON


No conozco las razones que han llevado a Hart Hanson, el creador de Bones, a programar la boda de Booth y Brennan en el episodio seis de esta temporada y no esperar al final de la misma, como parece ser que le recomendaba la cadena, pero de lo que no me cabe duda, es de que con la emisión de The Woman in White, Hanson se  ha liberado de la “hipotética deuda” que tenía con las fans. Es más, estoy convencida de que lo que nos queda por ver esta temporada (a tenor de sus declaraciones) no proporcionará ni remotamente tanta emoción y alegría como la boda, pues aún a sabiendas de todo eso, cuando leí el comunicado de prensa de The Nazi on the Honeymoon, me dije, Marien, prepárate para enfadarte, empieza la caída del imperio de Roma y esta vez no va a durar cuatrocientos años.

Joaquín Almeida el interprete del inspector Valenza es portugués
Como la nota hablaba de que la pareja iba de luna de miel a Buenos Aires y de que un viejo nazi sería la víctima supuse que sería un episodio cargado de tópicos y tangos y, además, interpretado por actores que habían nacido cada uno donde su padre y su madre habían querido, no necesariamente en Argentina como en el caso de Joaquín Almeida.



Pero..., pero Ambrose Bierce tenía razón cuando dijo, en su magna obra El Diccionario del Diablo que "Un prejuicio es una opinión vagabunda sin medios de sostén", y al final ha resultado que los acentos “porteños” de los supuestos actores argentinos no me han molestado tanto como la elección de los niños que han “jugado” a hacer de Christine y Michael Vincent, y ha sido tanto que no puedo dejar de preguntarme: ¿Han prescindido de las gemelas que interpretaban a Christine por no querer acudir a la boda? ¿Por qué las han cambiado por otras que tienen, y se nota, más de diecinueve meses? ¿Los encargados del casting se han olvidado que Michael Vicent es once meses mayor que ella? ¿Alguien de ese equipo se lee la biblia de Bones? ¿Existe tal biblia? 


Lo he escrito en negrita para que se vea bien y la verdad, me he quedado tan a gusto, casi tanto como Booth estaba al comienzo de The Nazi on the Honeymoon, episodio que sin ser memorable he disfrutado.


Tal vez porque me esperaba lo malo no me ha decepcionado. No pensaba que fuera a haber mucho romanticismo, porque romanticismo, lo que se dice romanticismo nunca ha habido demasiado en Bones, ya se encargaba mister Hanson de no calentar demasiado la brea y además, Brennan, enamorada o no, nunca ha sido una mujer romántica, así que, qué de extraño tiene que ante la propuesta de Booth de relajación, cerveza y dolce far niente se rebelara y, egoísta como siempre, lo arrastrara al lugar que a ella le interesaba: una morgue


Y en una morgue qué de extraño tiene encontrar, a primera vista, y mezclados con los huesos de cientos de desaparecidos, los restos de un hombre asesinado hacía menos de un mes. Nada. Tampoco que la doctora se encargue de la investigación, dada su reputación siempre hay un miembro del gobierno al que llamar para que acepte su colaboración. Que a la doctora Pérez, la forense titular, dedicada a la identificación de las víctimas, no le haya hecho demasiada gracia no tiene importancia, tampoco que entre las dos se inicie una especie de competición para la resolución del caso. 


Original ha sido, sin embargo, la manera en que han involucrado en la investigación a Booth. Todo el mundo en Argentina, país de lectores, conoce al agente Andy, todo el mundo: el inspector encargado, la mujer de la víctima, el perista, el viejo cazador de nazis. Bien por el agente Andy "El epitome del agente de policía", al decir del inspector Valenza el responsable argentino de hallar al asesino. Y Brennan, cómo no, celosa. 


Y divertido todo lo referente al agente Andy, que tal como nos lo han contado deja patente que la aportación de Angela a los libros de Brennan sobre la doctora Reichs y el agente Andy Lister es de más relevancia que ese veinticinco por ciento del anticipo que graciosamente le concedió la doctora por su contribución a los libros, y demuestra que Brennan no es totalmente consciente de lo que escribe, lo que puede significar dos cosas: que no es tan inteligente como nos han hecho creer o que el guionista del episodio no se ha leído la biblia de la serie, (¿existe la biblia de Bones?).

Dice el inspector Valenza cuando Brennan le presenta a su "nuevo" marido (¿cómo es que nunca nos han hablado del anterior?)
"- Agente, Andy, no me puedo creer que por fin lo conozca"
 -¿Ha leído mis libros? -Pregunta Brennan orgullosa.
 - Todos -responde Valenza-. El agente Andy es uno de los mejores personajes de la literatura.
- Bueno, a penas soporta a la doctora Reichs -dice Brennan
- Eso es lo que él quiere que ella piense, porque es un hombre de verdad -termina Valenza"

En fin que Booth, a pesar de su primeras reticencias por la posible "corrupción" del inspector, tras la oportuna investigación de Sweets, no sólo pone su proverbial instinto al servicio de la investigación: A Bones y a mí nos encanta trabajar juntos, es lo que mejor se nos da, dice; sino que termina aceptando como buenos los heterodoxos métodos del argentino. Primero el café, luego el café... y luego, tal vez, dar unos golpes.


Centrando el caso, los huesos, encontrados en una fosa común, pertenecían a Miguel Eduardo Silva, un hombre de noventa años. La primera sospechosa es su mujer, una joven Magdalena arrepentida de uno de los peores barrios de Buenos Aires, casi gemela de Sofía Vergara, la actriz colombiana de Modern Family. Ella asegura que no mató a su marido y que tampoco le ha dejado nada de herencia, que el viejo todo lo pagaba en metálico y a ella sólo le pasaba una asignación. 



La investigación avanza cuando el equipo del Jeffersonian, que se encontraba de "vacaciones" interviene, no sin asombrarse de encontrar a los recién casados en una morgue. "Las morgues no son románticas" dice Hodgins.

Mientras Cam, ante la estupefacción de Booth y Brennan, que la observan por videoconferencia, corre tras Christine y Michael por el laboratorio, Clark descubre el pasado nazi de la víctima, Hodgins que estuvo expuesto al Ciclon-B, el gas con el que en los campos de concentración se asesinó a millones de personas y finalmente Angela que disponía de una caja con oro del robado por los nazis. 


Por su cuenta, Brennan  encuentra que la causa mediata de la muerte, un golpe en la cabeza propinado con un lingote de oro que el asesino cogió en la misma escena del crimen (el sótano dónde Miguel ocultaba su tesoro y su pasado) lo que lleva a Booth a deducir que fue un crimen pasional. El inspector Valenza se admira de su compenetración:

"- Sabéis veros trabajar a los dos juntos es mágico -dice-. La doctora Reichs debería se más respetada -añade.
- Lo es -apostilla Brennan mosqueada- Es el centro de los libros.
- Venga, Bones, admítelo, Argentina es mi dominio -le pide Booth a quien los argentinos han convencido de que es un héroe nacional"

Y aunque al final el viejo cazador de nazis, que no esperaba justicia en el mundo pero se sentía orgulloso de buscarla, halla satisfacción, porque la causa de la muerte de Miguel no fue otra que su pasado nazi, la resolución del caso resulta forzada, no voy a contaros quién es el asesino, sólo que es la doctora Brennan, quien  al despedirse, amigas por fin, de la doctora Pérez, encuentra al criminal. Lo había asesinado porque le confesó su pasado, un pasado que iba contra lo que siempre había defendido, a las víctimas.


Se me olvidaba la trama de Angela y Hodgins cuidando de Christine en casa de Booth y Brennan, pero es que tiene poco interés. Los niños dan mucha guerra y es mejor tener sólo uno para poder dormir y cenar bien; aunque la pareja termina desdiciéndose al verlos jugar tranquilos y deciden que quieren dos.

Y al final, Brennan, a pesar de que se siente muy satisfecha de cómo está resultando la luna de miel, porque ha estado haciendo lo que ama con la persona que ama, "I actually find it highly romantic", no puede evitar dejarse llevar por los celos y le confiesa a Booth, mientras éste intenta emborracharla, que está pensando en matar al agente Andy en un próximo libro. "Lo convertirán en santo" le responde él, insistiendo para que se hidrate convenientemente, hidratándose él. 

Y viendo el deleite con que la pareja sorbe sus bebidas, no me cabe duda de que terminarán la jornada uno en brazos del otro, eso sí, nada de abundante y satisfactorio sexo bajo las sábanas, sino durmiendo la mona a ronquido suelto.

Por cierto, me ha encantado la selección musical, nada de tangos, cumbias de origen "desconocido" para mí y la gran Mercedes Sosa dando Gracias a la Vida.