sábado, 28 de junio de 2014

LONGMIRE. IN THE PINES (3.04) Jugar con fuego.




Hay gente a la que le gusta el peligro, jugar con fuego, mirar al precipicio; gente a la que la cercanía del daño en vez de hacerle retroceder le impele a dar un paso adelante, a prender la yesca. Luego hay otra gente precavida y paciente, gente que antes de dar un paso más, solo o en compañía, tiende las cuerdas y se ajusta el arnés. Sin embargo, en la confrontación entre ambos, los precavidos arden.

Walter Longmire es un hombre discreto y precavido al que la vida se le ha complicado esta temporada, no siente fascinación por el fuego pero parece encontrarse en el punto de ignición de un incendio. Que no sea el pirómano poco importa. Hay una mujer, hay un hombre con la yesca en la mano. A las chicas malas y a las ratas soberbias les encanta jugar con fuego inconscientes a la devastación que dejan detrás, a los cambios de vientos que pueden terminar consumiéndolos. Walter, no ha abierto aún ningún cortafuegos para evitar el daño.

Si en los tres primeros episodios su máxima prioridad había sido sacar a Henry Standing Bear de la prisión, una vez puesto en libertad Walter parece decidido a encontrar al hombre que por venganza orquestó el asesinato de su esposa, al hombre que está disfrutando con su dolor. Y al comienzo de In the Pines en ello está, mirando rostros, confrontando historiales, revolviendo en su memoria. No le será fácil, entre asesinato y asesinato la vida peligrosa de sus ayudantes reclamará su atención. El acosador de Vic ha regresado y Branch Connally está dispuesto a saltarse las reglas con tal de encontrar al hombre que le disparó.


Cuando comienza el episodio Branch está al acecho en el bosque, le vemos alzar el fusil, disparar, ha hecho una hoguera, tira el conejo encima de los leños; en sus ojos brilla una mirada decidida, con un cuchillo de caza se corta un mechón de pelo, luego se hace un corte en el antebrazo, deja que la sangre chorreé sobre la hoguera. ¿Hechicería? No. Branch es una rata inteligente que se cree príncipe, está obsesionado con encontrar David Ridges, el hombre que le disparó, convencido de que no se suicidó. Sigue vivo y va a demostrarlo.


Walt se enterará de sus intenciones cuando en mitad del caso de la semana se acerca al hospital. El doctor le dice que pronto tendrá el resultado de las pruebas de ADN de las cenizas que Branch le entregó. Cuando le pregunta a su ayudante le asegura que Ridges está vivo, que aunque en las cenizas de la pira apareciera su ADN no significa que esté muerto. El ADN de las cenizas que entregó al doctor es el suyo, ni rastro del ADN del conejo. Pruebas forenses era lo que estaba haciendo Branch en el bosque, algo que en Longmire no abunda. Walter le pide que se espere a que termine el caso, le ayudará entonces. Pero no, Branch no está dispuesto a esperar y buscará ayuda en otro lado, Henry Standing Bear pagará los intereses de los cien mil dólares que le prestó a Cady para la fianza.


El caso de esta semana, el asesinato de un monitor de un grupo de chicos con problemas a los que enseñaba técnicas de liderazgo y confianza. El asesino aprovecha que era la noche que los chicos tenían que pasar en solitario para acabar con él de un golpe en la cabeza. El cadáver lo encuentra uno de los campistas, el resto están desaparecidos. En el lugar se presentan la pareja dueña de la empresa, la mujer está conmocionada no se explican cómo ha podido ocurrir. Adam, el muerto, era su mejor monitor, sabía muy bien cómo tratar a los chicos problemáticos.


El ayudante Ferg se encarga de ir localizándolos, a él uno de esos campamentos le salvó la vida, pero estos chicos no son como él. En lo que parece ser el lugar de acampada de uno de ellos encuentra un diario lleno de dibujos macabros, algunos explican cómo el monitor fue asesinado. Poco a poco van pareciendo el resto, una de las chicas se cayó sola por el precipicio asustada porque escuchó como otro de los chicos, Lobezno, un sociópata, la llamaba, como se acercaba subrepticiamente a su tienda, salió huyendo porque creyó que iba a violarla, él no paraba de mirarla, fisgaba en sus cosas. A otra pareja se los encuentra en amorosa coyunda, confirman la versión de la chica, Lobezno no soportaba a Adam, tenían continuos enfrentamientos. Lobezno sigue desaparecido.



Por si con la busca del asesino no tenía ya complicaciones suficientes en la oficina de Walter se presenta el marido de Vic, ha recibido una fotografía, una en la que se la ve sonriente a su lado en la puerta del motel de Arizona en el que se alojaron en el episodio If Childrens and Travelers; en la parte de atrás del sobre lleva escrito el número 32. Sean Moretti quiere  pedir una orden de restricción, lo que no sabe es contra quién. Piensa que la foto la tomó Ed Gorski, conoce la historia, por eso salta a la mínima ante las relaciones de Vic con sus oficiales superiores. Walter le responde que no tiene que preocuparse por él. Bien, contesta el marido, supongo que la orden de restricción será sólo contra Gorski.



Que Vic era una chica mala ya lo sabíamos, que le ha mentido a Walter sobre los motivos de Ed Gorski para acosarla también. Lo que no sabíamos era hasta qué punto le gustaba el peligro, hasta qué punto se chamuscó. Para cuando se asustó y salió huyendo ya era tarde. El fuego consumía a Gorski, ahora pretende consumirla a ella. A Walter le cuenta que el número 32 era el del apartamento en el que se reunían. Que lo abandonó y se casó, para huir de él ¿para huir de ella? Quien la conoce es su marido. Sabe de su pasado, teme que su futuro no esté con él. Le propone emigrar, pero sabe que ella no le acompañará. Jamás le ha sonreído a él cómo le sonríe a Walter Longmire en la foto

A Lobezno, el descarriado, lo encuentran porque llama a su mamá. Cuando Walter le interroga le dice que todo lo que le han contado los otros chicos es verdad, que fisgoneaba en las pertenencias de los demás. Que asustó a la chica, que Adam era un falso que hablaba de respeto y lealtad y luego llevaba al campamento hierba y condones. Pero él no lo mató.


Al asesino Walter le obliga a confesar en una conversación en medio de la noche. Sólo era otro pobre ser que confió su felicidad a quién no debía, a quién le gusta demasiado jugar con fuego. Por cierto, ¿existe alguna estadística de en cuantos asesinatos es culpable el amor? Y no me refiero a los crímenes de los maltratadores sino a los de los hombres y mujeres a los que un amor, el amor ha destrozado la vida. ¡All you need is Love! cantaban los Beatles ¿en serio?