lunes, 10 de febrero de 2014

BONES. The Heiress on the Hill. No todas son Paris Hilton


Nunca antes había sido tan fácil reseñar un episodio de Bones, el propio autor del guión, Dean Lopata, ha explicado que el tema del mismo era la necesidad que tenemos de apoyar a nuestros heridos tanto física como mentalmente, y añade que Booth lo sabe:
Después de una semana en el hospital pendiente de mi "herido" particular no puedo decir otra cosa que sí, que es cierto. Cuando alguien nuestro está herido, sea cual sea la causa, sólo entregándonos a su cuidado podemos demostrarle a él y sobre todo a nosotros mismos cuánto lo amamos. Decir te quiero es muy fácil, sentirlo plenamente no tanto, se necesita entrega, rendición y olvido. Amar a un herido, a un enfermo es sentir su dolor, su angustia y su miedo como propios. Cuando se trata de "uno de los nuestros" es muy sencillo, sentirlo hacia los que nada nos une es cosa de santos y héroes. Booth, lo sabe.

Pero.., a veces las expectativas no se reflejan en el resultado. Y eso es lo que creo que ha ocurrido con The Heiress on the Hill. Sí el tema era el cuidado, el amor por los que más nos necesitan hubiera sido más consecuente elegir para el caso una víctima inocente. No ha sido así, el contrapunto del episodio está precisamente en The Heirees, la heredera de la colina, una niñata mimada, consentida, egoísta y estúpida que por no querer no se quería ni así misma. 





Y así la muerte de la heredera es una trama tan banal como su protagonista. Si algo ha quedado claro es que no todas las herederas norteamericanas son como Paris Hilton. ¿Os imagináis a Paris ¡¡¡arrancándose!!! el dedo meñique del pie con las tijeras de arreglar las uñas al perro para fingir su propio secuestro? Pues eso es lo que hace Loren Frank, una niña de papá de 26 años que quiere largarse con su novio a hacer senderismo por Sudamérica. Sí, senderismo. Y en vez de pedirle el dinero a papá o hacerse millonaria subiendo sus vídeos de sexo a Youtube decide fingir su secuestro ayudada por el paseador del perro. ¿Lo vais pillando? Einstein no lo hubiera urdido mejor. Le manda a papá unos mensajes telefónicos anunciándoles el secuestro y como prueba de vida les envía una cajita con su dedo meñique. Lo que ocurre es que mientras papá recibe el regalo en el Jeffersonian están limpiando sus restos con vinagre para librarlos de la lejía con la que los había embadurnado para su más pronta descomposición el "pringado" enterrador.



¿Puede alguien ser tan estúpido que cuando se le infecta la herida, cuando contrae tétanos no va corriendo al hospital y pide perdón a papá por el desaguisado? Pero además, ¿cómo alguien tan rematadamente tonto como Loren es capaz de encriptar los mensajes de su teléfono móvil? ¿Cómo se le ocurrió al autor rematar al pobre pringado que la asistió en su chanchullo y muerte diciendo que Loren tenía preparado un mensaje para la policía delatándole? ¿Acaso Loren pensaba no volver nunca más a casa? ¿O tal vez pensaba que el pringado seguiría tan enamorado de ella que aceptaría las culpas por el secuestro  y no la delataría? ¿Estúpida la niña o fallo de guión?




Por supuesto que el equipo la desenmascara pronto, Angela, ese genio informático no reconocido, no sólo desencripta los mensajes sino que descubre de qué teléfono provienen y lo encuentra... dentro de la casa de papá con imágenes tan comprometedoras como las de la foto. Brennan descubre que los fracturas del cráneo, los tobillos y las piernas se deben a convulsiones, Cam analizando muestras de ADN descubre la identidad de la víctima y el tétanos y Hodgins, el gran Hodgins, entre el ir y venir de lo suyo a lo de Loren, descubre que la infección la produjo precisamente la caca del perro de la heredera y que la muerte se debió finalmente a una sobredosis de penicilina a la que era alérgica. 



Así, que si algo me ha quedado claro en el episodio ha sido que  no todas las herederas norteamericanas son tan listas como Paris Hilton por muy bien alimentadas que estén por los aires limpios de las colinas, que aún quedan rubias con conocimientos de informática y con 26 años tan tontas como para dejarse morir de tétanos en Washington en pleno siglo XXI, cuando cualquiera que ve programas de cotilleos habría ganado los tres millones de dólares de un modo menos cruento y doloroso, con imitar a Paris Hilton le habría bastado, teniendo dos novios no le habría faltado material porno que subir a la red. Aunque... volviendo al tema, tal vez debamos aceptar que después de todo la mató quien bien la quería.



Sin embargo las tribulaciones de la necia heredera de las colinas no ha sido la trama central del episodio, sino las de Jack Hodgins y los secretos que la herencia del grupo Cantilever había ocultado. Perdida la fortuna todos los trapos se airean. Y los de la familia Hodgins comienzan a ventilarse mientras en la plataforma Angela y él toman café. Discuten de dinero, ella quiere hacer reformas en la casa, él necesita atracar un banco para conseguirlo. Son felices planeándolo, hasta que llega un desconocido, procede de una clínica mental y viene a decirle que si no paga la estancia de Jeffrey Hodgins tendrán que echarlo. Sorprendida, Angela balbucea que Jack "es hijo único", el doctor Hodgins cree que se trata de un error. Pero no lo es. Comprobados los archivos, las firmas de sus fallecidos padres aparecen en los documentos de ingreso, Jeffrey era un esquizofrénico que se hacía daño así mismo y a los demás, cuando Jack estaba por nacer la familia decidió encerrarle en el manicomio, porque por muy verde que se vea el césped, por muy mansas que las olas besen la playa el hombre está en un manicomio.



Cuidar es amar, pero cuesta y no sólo dinero. Y sí, puedo entender que una familia que tenga un hijo enfermo deba apartarlo del hogar para que no haga daño al que está por nacer, pero ¿ocultárselo? ¿Ocultarle el hermano al hermano? Dice Dean Lopata que la trama del hermano de Hodgins la ha escrito tres veces y que esta es su favorita. 
Y yo sólo puedo preguntarme cómo serían las otras. Porque en esta versión se exige del espectador no la suspensión de la credibilidad necesaria en toda ficción sino dejar la inteligencia dormida en un sillón. La existencia de Jeffrey debían conocerla decenas de personas y sin embargo al hermano, al jefe del grupo Cantilever se le oculta negándole, como el mismo doctor Hodgins reconoce, la posibilidad de cuidar de él, de amarlo durante años. 


Y sí fue conmovedor el final, Hodgins y su hermano loco abrazados por los hombros recitando el glorioso comienzo de 20.000 Leguas de Viaje Submarino: “Fue notable el año 1866 por un acontecimiento singular, un fenómeno no explicado ni explicable, que nadie habrá indudablemente olvidado. Prescindiendo de los rumores que agitaban las poblaciones de los puertos y sobreexcitaban el ánimo público en el interior de los continentes, conmoviose especialmente la gente de mar”. 


Conmovedor cuando Angela le dio la bendición a su marido para ir a buscar a buscar a su hermano desaparecido en la mitad de la noche aunque los encargados de su custodia sabían muy bien dónde encontrarlo. Conmovedor ver surgir el amor entre hermanos desconocidos aunque el mayor fuera un insano abandonado por más de treinta años. Corazón de piedra hay que tener para que no se te salten las lágrimas cuando le entrega la foto para que le reconozca como miembro de su familia. 

Y qué decir del ofrecimiento de Booth...


Booth, llevábamos mucho tiempo sin que fuera el protagonista de una subtrama y se le echaba de menos. Tanto como a la hebilla del gallito, porque Booth, nuestro Booth, el caballero con corazón de león, engreído, sexy y divertido se nos ha ido diluyendo en el paso de los años y los episodios y ha dado paso, desde que recibió la noticia de que iba a ser padre del hijo de Brennan, a otro hombre menos divertido y sexy, más serio y responsable; como si la consecución de su sueño le hubiera añadido una carga más. Es mi impresión pero Booth vive con miedo, no a que lo maten, no, miedo a perder lo que tanto trabajo le ha costado conseguir. Tuvo miedo al pedirle a Brennan, tras matar a Pelant, que se casara con él, no estaba seguro de cual sería la respuesta y sigue teniendo miedo de que un día la racional doctora abra los ojos y vea el ser mediocre que él cree que es.




La historia comienza con un cheque por valor de 75.000 dólares que Booth encuentra entre las cosas del colegio de Christine. No es el lugar adecuado, pero Brennan no le da importancia, es un adelanto de la editorial por la venta de la edición de bolsillo de sus libros. Vaya, para Booth es más de lo que gana en un año. Brennan le pide que lo lleve al banco. Booth dice que no puede, que está a nombre de ella. Y ella se lo endosa. Lógico, ¿no están casados, no lo comparten todo, pues también el dinero? Booth lo coge y resopla. Abrirá la cuenta conjunta.

Y lo que resulta molesto es la escena con Sweets; el doctor desde que terminó en la tercera temporada la terapia de la pareja es un personaje superfluo en la serie. Mientras estuvo liado con Daisy tenía tramas propias, ahora sólo tiene una función psicoanalizar a Booth. Y lo malo es que le escriben escenas como esta en la que el propio Booth, un hombre al que no le gusta airear su vida, le da pie a su intervención. Casi siempre ocurre igual, Booth parece molesto por algo y necesita que Sweets le diga que está haciendo lo correcto. En esta ocasión deja el cheque encima de unos expedientes para que Sweets lo vea y le cuente los problemas que las diferencias de dinero pueden llegar a ocasionar en las parejas, entre ellas impotencia. Booth como no, le responde que él y Brennan no tienen problemas en ninguna habitación de la casa. 



No me cabe duda que la escena fue escrita para que Sweets interviniera en el episodio, porque Booth cuando acepta el cheque ni está enfadado ni tiene problemas con Brennan. ¿Porque no le encuentran otra novia al doctor? ¿Porque no deja el FBI y se dedica a tocar el piano por los bares?

Quien explica muy bien las reticencias de Booth con los 75.000 dólares es Brennan, como no los ha ganado ni con su sangre ni con el sudor de su frente Booth no sabe que hacer con ellos, pero si lo sabe, lo que desconoce es si a pesar de sus palabras de compartirlo todo Brennan estaría dispuesta a aceptar su decisión sobre el destino de los fondos. Su primera propuesta, regalárselos a Hodgins y a Angela para que puedan seguir manteniendo a Jeffrey en la misma institución es un error aunque a Brennan le parece bien porque "es lo más práctico". Y Booth que no se ha visto en otra hace el ofrecimiento torpemente, y se da cuenta de la equivocación al mirar el rostro de Hodgins quien no lo acepta. No es cuestión de orgullo como dice Brennan es de responsabilidad. Uno hace lo que tiene que hacer y como tiene que hacerlo. Los amigos están ahí, deben estar ahí para apoyar y consolar pero las responsabilidades, y el cuidado de Jeffrey lo es para Hodgins, son personales. Es hora de que el doctor se comporte como una persona normal y acepte las suyas.



Y al final Dean Lopata consigue un cierre redondo del episodio y consigue el aplauso. Booth le propone a Brennan, que lo acepta, invertir los 75.000 dólares en un proyecto real que ayuda a veteranos del ejercito a incorporarse a la vida civil después de dejar el servicio. 

Bien hecho. No hay mejor manera de cuidar a los heridos, de manifestarles nuestro amor que invirtiendo en sus sueños.