viernes, 2 de enero de 2015

Momentos Bones: "Porque quieres ir al cielo"



En pleno siglo XXI, cuando hasta los ordenadores son cuánticos y la teoría de las cuerdas está en franca decadencia (al decir de Sheldon Cooper el protagonista de The Big Bang Theory) intentar reducir las nueve temporadas de Bones a números, estadísticas y porcentajes parece lo que realmente es, dicho con todo respeto, una simpleza.

¿Puede medirse el dolor, la verguenza que siente un niño cuando todo lo que tiene se guarda en una bolsa de basura? ¿Cuando lo que es, un ser humano abandonado, lo delata el olor a bolsa negra de plástico? ¿Importa a alguien saber cuántos besos se han dado Booth y Brennan? ¿Cuántos asesinos en serie han atrapado? ¿Cuántos han matado? ¿El número de balas disparado? No por cierto a los fans, ni tampoco sirve como base al estudio que en su día harán los antropólogos culturales sobre la serie. Ellos hablaran del carácter arquetípico de los personajes y de los roles de género intercambiados. 

Lo de Bones, con el permiso del departamento de marketing de Fox no son las matemáticas, ni la estadística ni la partida doble, los únicos números que importan de Bones son los de los episodios, porque  Bones, comedia romántica al fin y al cabo, mueve emociones. ¿Puede cuantificarse el valor de un escalofrío? ¿La alegría, el estremecimiento que provoca una mirada, un abrazo, el dolor de un recuerdo amargo?

La única ciencia capaz de explicar Bones sería la física cuántica, porque qué es Bones si no dos caras opuestas e inseparables de un ser humano. Ella todo cerebro y razón, él todo corazón e intuición. Dos mitades  que se buscan, se repelen, se necesitan y se encuentran antes que en el guion en la mirada del espectador que esperanzado los mira.


Lo de Bones no son los números, lo de Bones son momentos que quiebran la soledad, amortiguan el corazón y desalojan nostalgias.  

Como este, del final del episodio A boy in a bush (1.05) 



Pero cuando el momento Bones comienza de verdad es cuando Booth le pregunta por el reto que le lanzó mientras interrogaba a Shawn Sanders (Booth conseguiría que él y su hermano volvieran con su madre de acogida que había sido detenida por secuestro, hacía años del niño cuyo asesinato investigaban). Interrogatorio en el que Brennan, por primera vez, sin amargura, fríamente desnuda su pasado de niña de acogida que le igualaba con Shawn.