martes, 19 de marzo de 2013

BONES, THE DOOM IN THE GLOOM



O en traducción libre “la perdición de la melancolía”. La de los fans de Bones.

Después de una semana de descanso Bones ha vuelto, quién lo iba a decir, a mediados de marzo y emitiendo el capítulo 19, rápido, rápido camina la octava temporada hacia su final. Lo primero que hay que aclarar es que después del descanso nada ha cambiado en Bones, ha vuelto por donde solía. The Doom in the Gloom sin ser un mal episodio, no ha sido muy diferente a otros de esta temporada, un poco más divertido si cabe y sin causa perdida por salvar. Así que sí, se puede decir que Bones ha vuelto por donde solía esta octava temporada. A atrapar asesinos por medios más o menos científicos y hacerles confesar sin necesidad de tortura. Lo que tal y como van las cosas por el mundo hoy en día es, no me cabe duda, todo un éxito.


En The Doom in the Gloom investigan el asesinato de una exmarine cuyos restos aparecen abrasados tras una explosión y posterior incendio. Las investigaciones preliminares llevan al equipo a descubrir que estaba obsesionada con la llegada del fin del mundo y su relación con un grupo de gente dirigida por el doctor “Apocalipsis”. Dado el estado en que se encontraban los restos y los artefactos y armas que encuentran en el lugar del suceso, los aportes científicos han sido más ¿importantes? que en otras ocasiones.


El doctor Hodgins ha disfrutado como un enano disparando toda clase de artefactos, cañones, escopetas, balas, gelatina y gritando ¡Fire in the hole! Que fueran o no relevantes para la resolución del caso era lo de menos. Lo divertido han sido los experimentos en sí, para él y los espectadores. El trabajo policial en Bones , ya sabemos, es lo de menos, ni está ni se le espera.


Perdón sí, en este episodio ha intervenido un equipo de Swat del FBI, un equipo Tic-Tac, como los solía llamar el agente Booth, para con él al mando, desenterrar a un grupo de esos seres extraños, pirados, que sólo habitan en los Estados Unidos y que convierte su vida en un continuo sin sentido por protegerse del fin del mundo, y a los que suponían fuertemente armados. Al final, después de volar la entrada del bunker y aprestarse a defenderse del posible ataque, la vanguardia del enemigo ha resultado ser una cabra y dos gallinas. Humor creo que se llama. Como cuando Hodgins lo ha puesto perdido de gelatina.



En cuanto a la resolución del crimen,  con tanto experimento, ha resultado un tanto liosa, demasiadas matemáticas, demasiados cacharros, demasiados planos, demasiados olvidos. Lo determinante al final para atrapar al culpable ha sido algo fuera de toda ciencia y trabajo policial, el sabroso cotilleo de otro sospechoso. La culpable era una guarra y la suerte para nuestros investigadores que en una semana no se había lavado las manos. ¡Atrapada! Bien hecho. Bien resuelto. Y es que ya lo dijeron los productores ejecutivos en una entrevista al comienzo de la temporada: Bones en la octava volvía a los principios. Es decir, a ser un procedimental ligero con episodios autoconclusivos, protagonizado por una pareja científica ella, policía él, que resuelven semana tras semana asesinatos, y que además tienen una hija. Episodios intercambiables con dotes de humor macabro y algunas vísceras. Y lo han seguido a rajatabla, no han engañado a nadie.


Los productores han renunciado a seguir con lo que en las últimas temporadas ha sido el núcleo de la historia, la relación entre Booth y Brennan y la transformación del carácter de ésta; aunque en el episodio The Ghost in the Machine y sobre todo en el famoso  The Shot in the Dark se aventuró algo en ese sentido fueron dos tiros solitarios con una sola bala que enseguida se descongeló. Por contra la relación de la pareja, salvo los dos episodios del principio de temporada, si que se congeló definitivamente y así durante los restantes hemos visto a un viejo matrimonio discutiendo por cosas estúpidas como un crucigrama o la candidatura a la presidencia de los Estados Unidos y a una madre, abnegada, que de vez en cuando da de comer a una niña y le hace mohines; con decir que lo más emotivo ha sido la discusión sobre dónde y cómo van a ser enterrados, está dicho lo viejos que son. Aunque para que no nos olvidemos en The Doom in the Gloom les han llamado “Mister an Mistress Sweet”, confundiéndoles con los padres del doctor. Y realmente no se equivocaban.


Y es que esa está resultando, mal que les pese a las melancólicas fans, la gran novedad de la temporada. La adopción del personaje del doctor Sweet por la pareja protagonista y en consecuencia la promoción del actor que lo interpreta John Francis Daley de actor de reparto a coprotagonista. ¿No es así como debemos entenderlo cuando, precisamente el único arco serializado de toda la temporada lo ha tenido a él precisamente por protagonista? Comenzó en el cuarto episodio con la ruptura con Daisy, su traslado a la casa de Booth y Brennan compartiendo su intimidad, su exaltación en la sala de interrogatorios y en los trabajos de campo (si hasta lo convirtieron en héroe en Method To the Madnes, donde se hace con la bomba y resulta herido), el abandono hoy del nido y lo que nos espera, la reconciliación de la pareja (que ya ha comenzado). En la novena temporada encabezará, detrás de Emily Deschanel los títulos de crédito.


Y no cabe sino felicitar a los productores ejecutivos, hasta ahora, la audiencia les ha respondido, esa audiencia que sólo busca entretenerse un rato con unos personajes que le son familiares, la que quiere casos amenos, al ser posibles que denoten cierto apego por el sentimentalismo y las causas perdidas, y Bones esta temporada todo eso se lo ha dado. ¿Exigencias de la cadena? Tal vez, porque no hay que olvidar que se emite, en una gran cadena de televisión americana. Y la cadena, por ahora, está feliz y contenta, tanto como para renovarla por una novena temporada. Después de todo estaba obligada, tal y como le van las cosas con sus últimas series. Bones ha resultado ser el único éxito que tienen en antena.


Y del que se permite, a su entera conveniencia alterar desde el orden de programación, hasta los episodios a emitir en mitad de la temporada. Y así, en septiembre anunció que la octava tendría 22 episodios, pues ahora han rectificado y tendrá 20, aunque se emitirán 24, (cuatro corresponden a los bonus que no se emitieron en la séptima temporada).  Los dos que faltan, bonus para la novena. Actores, productores encantados de haberse conocido. Las fans no tanto, pero esas no importan, esas siguen, seguimos ahí, semana tras semana y posiblemente seguiremos hasta el último fundido a negro. Sufriendo de melancolía como la pareja protagonista cuando el hijo se les va y ya no les queda nada que decirse.