viernes, 24 de enero de 2014

THE 7:39. Una vieja historia de amor.



Por Reyes la BBCOne regaló a sus espectadores una historia ¿romántica?  La tituló The 7.39 y es una miniserie de dos episodios de una hora de duración. Escrita por David Nicholls, el autor de la novela One Day y dirigida por John Alexander director de series como Exile, Sentido y Sensibilidad. Cuenta la historia de un hombre y una mujer. El uno, Carl Matthews, es un hombre en la cuarentena que empieza a peinar canas, el padre, el marido al que el día de su boda se acabó la música, agotado, sin más futuro. Ella, la una, es Sally Thor, una mujer divorciada a punto de casarse a la que no le gustan ni los castillos ni las gaitas.



A él lo interpreta David Morrissey el famoso Gobernador de The Walking Dead a ella Sheridan Smith vista últimamente en Dates. A la  mujer de él, la que espera pacientemente cada tarde su llegada, la que se pone para dormir un pijama de pájaros, la que no había previsto que su pacífico mundo se pudiese declarar en ruinas es la gran Olivia Coleman, la de Acusados, Run, Broadchurch. Al prometido de ella, Ryan, Sean Maguire, un hombre que quiere que en su boda haya una dama de honor en el vientre de la novia.




Él, ella  no piensa en enamorarse, porque él, ella está enamorado, cree. Él, ella  está felizmente casado, emparejada y seguro de que el virus que lo llevó en su día a creer que su felicidad dependía de otro u otra está en franca recesión en su organismo. Él, ella tiene sus hijos y sus perros con los que saciar la necesidad de ternura, mejor los perros, porque los hijos de los, las que ya no cumplen los cuarenta suelen estar en la adolescencia y ya se sabe, entre los quince y los veinticinco los padres dan vergüenza. Él, ella se siente tranquilo, aburrido, tal vez un poco irritado, tal vez un poco sólo, abandonado, pero seguro de que el futuro será un largo y lento paseo por un camino enarenado… largo… muy largo…



Hasta qué él, ella coge un tren, siempre hay un tren, a lo mejor lo coge todos los días durante veinte años y nunca ha ocurrido nada. Pero claro, esa mañana él o ella está cansado de oler el sobaco del vecino de asiento, de oírle gritar a su suegra, a su secretaria, a su socio, de escuchar sus ronquidos y entonces, sin venir a cuento se “vuelve loco” y se pone a discutir con la primero que le quita el asiento que ni siquiera era suyo. Ya está, un mal comienzo de un día increíblemente largo, en una oficina, en un despacho, en un gimnasio aguantando sevicias de jefes con euros, libras o dólares por alma, las mezquindades de los subordinados hartos de crueldades.


El viaje de regreso, cualquier viaje de regreso a pesar de que debiera no es ninguna liberación, con el traqueteo del tren se afianzan sobre los hombros, las pesadumbres del sofá viejo, los pájaros del pijama de la mujer, o del chándal del prometido, la chirriante “Frere Jacques” una y mil veces interpretada por el violín viejo de la hija, las llamas titilantes de las velas con las que el artista del hijo se alumbra para estudiar el teatro de Bertolt Brecht y posiblemente pegue fuego a la casa.


— “Estoy cansado de todo” —le dice él a su esposa después de discutir con los hijos — yo quería una típica vida familiar.— Es esto —le responde la esposa, y añade — Esto es lo que hay”
Y entonces, entonces se gira ve a la mujer con la que ha discutido en la mañana y siente que debe pedir disculpas, que él no es realmente un borde y entonces va y se acerca y zas. Comienza una historia de amor vieja, muy vieja.

Porque de que se da cuenta, porque nadie se da cuenta al principio, él y ella se acostumbran a mentirse, a mentirles:

“— Amo a mi esposa —dice él— Es mi alma gemela, termina siempre mis frases.”“— Ryan termina las mías siempre mal —responde ella.”

—“Lo mantendremos en el tren”. Y el tren vengativo los empuja al uno en brazos del otro,
Sin saber cómo  su mundo se desmorona y un relámpago les atraviesa cada vez que están cerca. Se han enamorado. El inglés es más descriptivo “to fall in love”, caer en el amor, caer al abismo del amor.


¿Cómo termina la historia? David Lean en “Un breve encuentro” los hizo coger trenes en dirección contraria, eran otros tiempos, Inglaterra luchaba en una guerra. Ulu Grosbard, en los ochenta, a Meryl Street y a Robert de Niro en Enamorarse los dejó juntos. Pero no importa sea cual sea su destino, resuelvan como resuelvan el dilema y la culpa, se separen o estén juntos al final volverán a coger el mismo tren solos y tal vez la historia vuelva a empezar. 

Mientras tanto, nosotros simples espectadores disfrutamos desde nuestros viejos sofás, enfundados en el chándal o en el pijama con sus amores y pesares, a nosotros nunca nos ocurrirá, nunca vamos de compras a la ciudad, nunca cogemos un tren, nunca el de las 7.39.