lunes, 16 de noviembre de 2015

Bones11. Reseña The Promise in the Palace. De las hadas y los trucos.



Para mí que The Promise in the Palace no es un episodio de Bones al uso, para mí que lo que nos ha ofrecido Joe Hortua ha sido una muy buena representación de los trucos con los que los “ilusionistas modernos”, alias showrunners, se valen para que millones de personas en todo el mundo lleven, llevemos, diez años  acudiendo semana tras semana a la cita con Bones, a la cita con unos restos cadavéricos asquerosos, con una ciencia de incomprensibles frases y una investigaciones policial sin persecuciones ni sirenas; a la cita con una serie que  ha dejado de existir de presente para la propia cadena que la emite. ¿Magia?  Misterios del Alma, lo llama Booth y para mí que tiene razón. 


Mejor empezar por el principio, y el principio siempre fueron dos mundos opuestos, el de la razón y el del instinto.

DE LAS HADAS Y LOS EXTRAÑOS


Según la tradición, las hadas son seres misteriosos y ciertamente caprichosos que de vez en cuando se hacen presentes en la vida de los humanos para, con un toque de varita mágica, otorgarles graciosamente algún don; si el beneficiado sufre algún perjuicio (recordad Cenicienta que de criada sin más quehaceres que barrer y fregar pasó a princesa con modisto, peluquero y paparazzis en la puerta), será su problema. Ambrose Bierce, (con perdón), escritor norteamericano, las define como: “Ser de formas diversas y variados dones que habitaba antiguamente los prados y los bosques. Tenía hábitos nocturnos y era afecta a la danza y al robo de los niños”.

Con estos antecedentes qué duda cabe que la doctora Brennan, mujer inteligente y gran madre, no le guste que Booth le diga a Christine, a quien se le ha caído el primer diente de leche, que el Hada de los Dientes (el Ratoncito Perez para entendernos) le hará una visita por la noche. Será tradición, pero se niega a enseñarle a su hija que está bien que un extraño entre en su habitación a robarle partes de su cuerpo.

"— ¿Partes del cuerpo?Protesta Booth asombrado —Es un diente.  — Es una parte del cuerpo Booth —responde Brennan con lógica aplastante."
Y sí el equilibrio, la dinámica entre la razón y el instinto, se sigue manteniendo entre ellos a pesar de la oposición de los caracteres, es porque cuando las cosas se ponen difíciles los ilusionistas hacen que el teléfono suene. Esa mañana también.

DE ILUSIONISTAS Y ESCAPISTAS 


Como el mundo de las ilusiones y de la magia resulta equivoco, mejor será definir primero los conceptos. Según el diccionario, ilusionista es quien produce fenómenos que parecen contradecir los hechos naturales, la palabra es PARECE, que presagia el fraude. Los hay con diversas especialidades escapistas, cartomagos, prestidigitadores, mentalistas. La víctima del caso, Klarissa Mott era escapista, es decir, que se liberaba de cadenas que impedían sus movimientos dentro de una caja aparentemente hermética llena de whisky. En sus huesos, en sus músculos encuentran innumerables huellas del coste que pagaba por conseguirlo.  

Y no deja de ser un sarcasmo que las cadenas que misteriosamente abría terminaran quitándole la vida; pero no porque perdiera la llave (la tenía alojada en su tráquea) sino por no cumplir una promesa. Y es que Klarissa Mott era una mujer fuerte e independiente, libre de gratitudes y remordimientos a quien sólo importaba su arte y su futuro. A cambio recibió el olvido, ni amigos, ni amantes ni compañeros la echaron de menos cuando yacía pudriéndose en una zanja. Al menos su compañera de piso, preocupada sólo por su incipiente negocio de catering, les contó a Booth y a Aubrey que trabajaba en el Palacio de la Magia.


Y al Palacio de la Magia que se van Brennan y Booth, mejor no contar cómo porque la publicidad directa ha vuelto a Bones, el Product placement que dejamos de echar de más en la Séptima temporada ha vuelto. Al menos nos enteramos que Booth sabe pilotar helicópteros ¿de verdad?

Y en el Palacio prosiguen con su discusión matutina, porque Brennan, ante la exposición de artefactos de magia se reafirma en sí misma, es una científica. La magia es un engaño. Al igual que el Hada de los Dientes, añade categórica.



Y aunque Booth no está dispuesto a seguir la discusión Brennan insiste, Christine tiene que saber que los dientes de leche se caen por una razón, “No para que obtenga dinero para helados de un duende imaginario, helados que para mayor ironía, provocarán que pierda más dientes”. Un razonamiento muy maternal.

La aparición de Lenny Jay, dueño del Palacio y famoso escapista en su día, zanja la discusión. Klarissa trabajaba para él. La conoció haciendo magia en la calle, apreció su talento y la apoyó. Y lo hizo porque corría más riesgos que los demás, porque no tenía miedo. El Palacio de la Magia, una sala de espectáculos que apoya a talentos jóvenes, que compiten entre sí por actuar en el escenario principal, es el lugar ideal para que Klarissa se hiciese con unos cuantos enemigos. Los hay y algunos juegan con fuego



De la sala de interrogatorios, al menos en los preliminares se encarga Aubrey. Booth por fin se comporta como un verdadero jefe, imparte órdenes y se dedica a mejorar su swing, jugando al golf en el despacho.

Con las declaraciones de los sospechosos, los descubrimientos informáticos de Angela, los del propio Aubrey y los de Brennan, Cam, Clark y Hodgins en el laboratorio, la investigación avanza rápido, una pista lleva a un sospechoso y sus declaraciones a otro, todo perfectamente orquestado.

Del primero, el prestidigitador que jugaba con fuego, que le había provocado a la víctima una quemadura en su brazo, averiguan que Klarissa llevaba un tiempo distraída, sin prestar atención a los detalles, que algo estaba cambiando su vida.


Del segundo, un fisioterapeuta condenado por venta de drogas en cuya casa entran Aubrey y Booth pistola en mano (por los gritos de mujer que escuchan desde la calle) y de quien sospechaban que le suministraba el analgésico encontrado en su organismo, descubren lo contrario, que la víctima trabajaba duro para obtener más flexibilidad en sus hombros y en sus caderas.

Del tercero, el hijo del mentor que le mandaba correos amenazantes, descubren que  Klarissa tenía un amante y sobre todo que Lenny Jay le había cedido el truco que le hizo famoso, el  del Mono Borracho.

El amante, el novio de la compañera de piso, les lleva al ramo de flores. Que Aubrey, por orden de Booth se recorra las floristerías del condado para averiguar quién lo envió depende la resolución del caso. Descubrir que el remitente fue un casino de Las Vegas que la acababa de contratar hace que Booth coja su chaqueta y se vaya a ver a la persona a la que el telegrama más había cabreado.

Y la compañera de piso sólo se salva porque en el laboratorio, Clark, Brennan y Hodgins con su propia magia encuentran la causa de la muerte y el arma que la causó.
DE LOS TRUCOS Y LA MAGIA

La doctora Brennan es una gran científica pero no por ello deja de ser una orgullosa madre, y aunque el Jeffersonian sea el hogar de la verdad y la investigación, mientras examinan los restos de la víctima les cuenta que a Christine se le ha caído el primer diente y su discusión con Booth. El doctor Hodgins tiene experiencia, a Michael Vincent el Hada de los Dientes lo ha visitado a menudo últimamente. Y no, no le preocupa que considere que insulta su inteligencia.Tiene seis años”, le responde, incrédulo, sólo le falta añadir ¡Por Dios!

Introducido el tema de la magia, la magia se queda en el Jeffersonian. Porque algunos, como el doctor Clark, la disfrutan, lo que despierta la curiosidad de Brennan quien por supuesto no siente interés ni por la brujería, la astrología o la lotería, aficiones que implican una renuncia al pensamiento racional. Sin embargo a Clark la magia le salvó de algunos momentos duros en la secundaria y Brennan lo entiende, la adolescencia puede ser difícil para los niños de un intelecto superior.

Y aunque su intelecto superior le lleva en principio a rechazar la propuesta de Clark de realizar un truco de magia para ella, al final acepta. Y pobre hombre, a pesar del entusiasmo que pone en desmaterializar una moneda, fracasa. La propia Brennan le explica  el truco.


Pero no por ello desiste, apoyado por el doctor Hodgins realiza otro. Brennan se resiste, aunque al final con cara de pocos amigos, acepta. Se  trata del de la Cuchara en Fuga, le explica Clark mientras golpea una cucharilla contra un vaso lleno de agua, bebe un trago y le dice que si la pone en el vaso y se concentra lo suficiente, la cuchara desaparecerá. Lo hace y la cuchara desaparece.

Está hecha de galio —les dice orgullosa ante la estupefacción de los dos hombres. Y explicándoles el proceso que ha llevado a la disolución de la cuchara se larga. Algo de éxito ha tenido Clark, ha hecho desaparecer a la doctora B, le reconoce Hodgins.

Pero si como mago Clark no tiene futuro, como antropólogo forense lo tiene brillante, como el de todos los del Jeffersonian que, apoyados en la ciencia, sin más trucos que los que el espectrómetro de masas y el Angelator consienten, descubren que las tres heridas perimorten de Klarissa fueron causadas por la misma arma, que no sólo fue golpeada con un objeto contundente sino estrangulada con otro de la misma aleación. El problema es encontrarlo. 


Pero allí están Clark y Hodgins, dos adultos crecidos, cuya fascinación por los trucos no decae. Le presentan una colección de artefactos de magia de la exposición del museo. Y aunque Brennan se enfada por la chiquillería, cuando contempla una vieja cadena con candado de escapista oye un clic en su cabeza. Al recrear Angela la escena, ya no le queda duda de lo que le ocurrió a la víctima.


Como tampoco la tienen Booth y Brennan de quién es el  culpable cuando vuelven al Palacio de la Magia, alguien que se cree más listo que ellos por su capacidad para el engaño, que se permite exhibir las armas con las que mató a Klarissa, la cadena y el candado en una vitrina. No conoce a la doctora Brennan ni su varita mágica que al examinar el interior del candado (que no pudo limpiar porque la llave estaba en la tráquea de la víctima) ilumina un coagulo. Está segura de que la frecuencia de la luminiscencia es la misma que la de la sangre de Klarissa.

Te pillamos —le dice Booth.

Y ante tan contundentes pruebas, Lenny confiesa. La mató, la mató en un arrebato porque después de haberle dado todo lo que sabía, incluso el truco que le hizo famoso, se negó a cumplir la promesa de trabajar en el Palacio de la Magia de por vida. Mientras Booth le esposa aún sigue diciendo que fue culpa de Klarissa.

DE LOS NUEVOS ILUSIONISTAS 
Y LAS SERIES DE TELEVISION

Que las series de televisión están hechas a exprofeso para provocar nuestras emociones es algo bien sabido. Que nos manipulan, también.

A veces aviesamente como en el caso de Sebastian Koll, el fotoperiodista. Desde la primera entrevista de los productores ejecutivos se advirtió que para Angela y Hodgins está temporada todo cambiaría. Luego en The Donor in the Drink (11.03) Angela retoma su faceta de artista y conoce a un hombre de bandera y con acento. ¿Qué nos estaban diciendo entre líneas? Lo que todos leímos, incluida la doctora Saroyan. Que entre Angela y el fotógrafo surgiría algo más que una buena amistad. 



Pero, hete aquí la sorpresa, muy bien construida. Cuando aparece el fotoperiodista, aparte de darle consejos a Angela, una mujer felizmente casada, sobre el contraste, va y le pide una cita a Cam. Ella tan sorprendida como nosotros.  Que se niegue al principio tiene su razón de ser, como también la sonrisa de felicidad que exhibe cuando se separan. 


El problema es que aún no ha superado lo de Arastoo, el recuerdo por lo perdido, por lo vívido tan intensamente la paraliza ¿Y si no recupero lo que tenía con Arastoo?, se pregunta, le pregunta Angela. Y Angela le da la única respuesta honesta. Nunca volverá a tener lo que tuvo, nunca volverá a sentir nada igual, pero… sí no lo intenta, nunca lo sabrá. Al final Cam actúa en consecuencia y lo llama. Ese puede ser el comienzo de una gran amistad.



A veces la manipulación es tan sutil y cálida como la intimidad de un dulce hogar.

Me parece muy interesante lo que están haciendo con Booth y Brennan los “Ilusionistas de Bones” en esta primera mitad de la temporada. Que la emoción mayoritaria que nos congrega los jueves ante el televisor sea su relación, su amor, habrá pocos que lo duden; pero ahora que son una pareja casada y con dos hijos, la fascinación del enamoramiento, las dudas y los equívocos han desaparecido, su amor se ha perfeccionado.


Lord Byron, el poeta inglés lo expresa en un hermoso poema mejor que mis palabras: “Así que nunca más pasearemos/ tan tarde en la noche,/ aunque el corazón siga enamorado,/  y aunque siga brillando la luna. Pues la espada gasta la vaina, /y el alma gasta el pecho, /y el corazón tiene que pararse a tomar aliento,/y el amor mismo ha de descansar.”

Eso, exactamente eso, dejar que el corazón tome aliento, dar descanso al amor mismo donde mejor puede descansar cuando llega la noche, en su hogar,  en su  dulce y cálido hogar es lo que les han concedido por ahora a Booth y a Brennan.

Sin embargo para que no se pierda el interés, a los fans nos están haciendo recordar, nos están dando un hermoso paseo por la historia de su amor. ¿Cuántas veces han hablado de lo que harían si faltara el otro? ¿Cuántas de la magia? ¿De los misterios del alma? Por eso, aunque en The Promise in the Palace sus palabras suenen triviales, sabemos que detrás de ellas hay aún un corazón enamorado.

Yo querría que siguieses adelante si algo nos ocurriese —le dice mientras abre la cama Brennan a Booth tras mencionar que le parece bien que Cam empiece a salir con otra gente.


— No. No querrías —le responde Booth, que la conoce mejor que ella se conoce a sí misma.

Brennan le enumera un montón de escenarios, divorcio, muerte, enfermedad mental… y Booth la detiene.

Pienso que en cualquiera de esos escenarios querrías que fuese feliz —insiste Brennan tirándole la almohada. Booth la recoge y se queda pensativo, sabemos cuál será su respuesta. Querría que fuese feliz, claro que sí, se lo pidió a Christine en su grabación de despedida. “Cuida a tu madre porque si está sola se olvidará de ser feliz”. Pero…



— No, yo no… —dice con voz ronca y mirándola fijamente— No me gusta la idea de que estés con otro hombre.


Y porque llevamos diez años juntos, todos sabemos que es verdad, incluida Brennan que silenciosa lo contempla y en su mirada hay promesas. Porque los “ilusionistas” hicieron sonar el teléfono que sí no…

DE LOS MISTERIOS DEL ALMA



Desde luego la que sí lo fue, una gran noche, fue la de la conclusión del caso. Y es que aún nos faltaba un último y gran truco conque cerrar la feria.

Venga ya, ¿la frecuencia de luminiscencia? Incluso yo sabía que le contabas una patraña a Lenny —le dice sonriente recordando lo sucedido en el Palacio de la Magia.
Brennan le explica que de no hacerlo así, Lenny podría haberse inventado una historia diferente y pensó que era mejor enfrentarle cuando estaba con la guardia baja.


Le engañaste, diablillo. Dilo: engañaste al mago —insiste orgulloso.
Pero Brennan no lo dirá ni tampoco reconocerá que lo que le motivó a engañarle fue el afán de demostrarle a Lenny que era más lista que él, que con ella no valían trucos, a lo más que llega es a reconocer que:
 — De vez en cuando un toque de ilusión es beneficioso.
Y Booth, hombre enamorado se alegra y lo adapta a su deseo:
Incluso tú eres capaz de hacer un poco de magia —dice y entonces Brennan lo sorprende de verdad.


— Que es por lo que he dejado un dólar debajo de la almohada de Christine cuando le he dado el beso de las buenas noches -le informa sin levantar la mirada de los papeles.

Ocultando su rendición, porque Brennan se rinde, sí, pero no a la tradición, sino a la ilusión de su hija, a darle una alegría como la que Booth le provoca cada día volviendo su vida anárquica y confusa. Pero nunca lo dirá, será Booth quien le dé el nombre apropiado

— ¿Ves? Un poco de misterio es bueno para el alma. ¿Qué tienes ahí? —pregunta señalando con la cabeza los papeles en los que trabaja. En realidad papeleo del caso.



Perfecto— dice Booth y quitándoselo de la mano le hace un doblez, dos dobleces…
Brennan se rebela — ¿Qué estás haciendo?
Quiero que observes el misterio del documento que desaparece —dice mientras lo rompe sin hacer caso a las protestas de ella. Lo encierra entre sus manos, se las frota una con otra y ¡Ale hop! Cuando le muestra las palmas el documento ha desaparecido. Brennan lo mira sorprendida.


 Mira en tu bolsillo —le pide
Brennan mete la mano en el bolsillo de su camisa y ¡Ale hop!, ahí está, perfectamente doblado el documento.
—  ¿Cómo l o has hecho? —Exclama verdaderamente sorprendida, mirándose el bolsillo, palpándolo ¿cómo ha podido Booth que está frente a ella introducirlo sin que se haya dado cuenta?


Lo he hecho muy bien, muchas gracias —responde Booth orgulloso
Pero Brennan no lo está, tiene que haber una explicación lógica y comienza a analizar la situación. Se puso esa camisa cuando volvió a casa, la cogió de la secadora…
Un poco de misterio es bueno para el alma —repite Booth.
¿Lo pusiste en la secadora? —Insiste— Bueno, estabas en el trabajo ¿así que cómo lo...?
Y seguirá intentando explicarse lo sucedido hasta que se duerma entre sus brazos porque a ella los misterios del alma le quedan un poco a tras mano, pero al final se rendirá, en los brazos de su marido rendirá su racionalidad, siempre la rinde.

Bones, un mago nunca revela sus secreto. —le contesta Booth zanjando la discusión.

Y funden a negro para una noche fue memorable.



P.P. Es un gran fallo mío haber publicado la reseña sin agradecerle a Clara  la traducción que me hizo del diálogo final entre Booth y Brennan. Muchas gracias, Clara, sin tú traducción esta reseña no habría sido la misma, tus textos son una gran ayuda y perdona por la tardanza.