domingo, 22 de septiembre de 2013

Longmire. Un hombre sobre la tierra.





Ya es oficial, la cadena de cable A&E ha renovado Longmire para una tercera temporada de diez episodios. La segunda terminó el 2 de septiembre en Estados Unidos con un gran éxito de audiencia para tratarse de una cadena de cable premiun, más de cuatro millones de espectadores, manteniendo durante sus trece episodios una media de casi cinco millones y medio; la serie de ficción más vista de la cadena. Las negociaciones han debido ser duras porque aunque el 29 de agosto John Coveny, el productor ejecutivo de la serie, dio por hecha la renovación, la cadena hasta ayer no se pronunció.  



Longmire, escrita y producida por John Coveny y Hunt Baldwin, está basada en los libros de Craig Johnson “Walt Longmire Mysteries y cuenta las aventuras del sheriff Walt Longmire del condado Absaroka (Wyoming), un hombre torturado por la muerte de su esposa, al que su amigo Henry Standing Bear, indio cheyene y su hija Cady, intentan arrancar de la melancolía. El mantenimiento de la paz entre sus vecinos, su enfrentamiento con la policía de la reserva india y la brega con sus ayudantes: Vic Moretti, una mujer decidida y Branch Connally, candidato a sustituirle en el cargo, le hacen más llevadera la soledad. A Walt Longmire le interpreta el actor australiano Rock Taylor y a su amigo Henry Standing Bear el norteamericano Lou Diamond Philips.



Longmire, es un procedimental, sí, de esos que los críticos denostan por caducos, pero a veces ocurre que los creadores de una serie de televisión deciden, conscientemente, no formar parte del nuevo paradigma de la ficción televisiva, y hacen una serie en la que las personas importan y los hechos tienen consecuencias, dónde la relatividad  ni siquiera es teoría y el gato de Schrödinger está bien muerto. Una serie donde la tierra y las gentes que la habitan, los vivos y los muertos, son un todo.


Porque ocurre que a veces en las Grandes Llanuras, aún con el sol en su cenit, una gran sombra las cubre, una o miles. A veces aparece un indio viejo montado de espaldas sobre un caballo lanzando maldiciones. A veces hasta hombres sin recuerdos de la vieja sangre y las cabelleras arrancadas, sin remordimientos por los tratados rotos, por el agua de fuego, el hambre y las enfermedades hacen penitencia por el alma de los muertos. A veces, ocurre a veces, que, en el vacío de la tierra deshabitada, los murmullos de esos muertos son escuchados, a veces, obedecidos. Nada que ver con las propuestas del nuevo paradigma de procedimentales Hannibal, The Fall o The Following donde se glorifica el mal por el mal, donde nunca hay culpa ni redención, sólo víctimas.



El sheriff Walt Longmire es un héroe a la vieja usanza, un héroe del viejo oeste, un hombre lacónico, que se niega a sacar la pistola el primero, cínico, socarrón e íntegro, con la integridad que da la tierra, lo que implica que cuando es preciso se salta la ley que le impide aplicar justicia. ¿Qué ocurre cuando alguien con la mejor intención toma la peor decisión de su vida y se declara culpable de un crimen que no cometió? ¿Qué ocurre si el policía encargado de la investigación sabe que es inocente? En la realidad y en cualquier procedimental de una gran cadena de televisión, nada. Todo lo más un rapapolvo del fiscal por obstrucción a la justicia. En Longmire, al contrario, su declaración de culpabilidad es aceptada. Lo es, aunque la victima sea la hija de sheriff o precisamente por eso, porque el encargado de la investigación es el sheriff Walter Longmire.



Robert Taylor, el actor australiano de mandíbula cuadrada y voz profunda, lo interpreta y al decir de los críticos que no gustan de Longmire, su laconismo y su falta de expresión hacen de la serie una de las más aburridas de la historia. Allá ellos con sus opiniones. Taylor interpreta a un hombre, aún cowboy que en vez de caballo monta un todoterreno desastrado, lleno de polvo y latas. Cuya principal técnica para obligar a cumplir la ley es “mirar”, que atesora su vida y sus recuerdos, que esconde sus sentimientos salvo cuando afectan a su Cady, su hija y a su difunta esposa. Sin más secretos que los de la fallida venganza por el asesinato de su mujer, que al final de la segunda temporada se convirtió en todo un cliffhanger con el arresto del fiel amigo por el intento de cobrarla.


Un hombre que permanece de pie encima del paisaje.