martes, 4 de junio de 2013

¿Y SI ORPHAN BLACK FUERA UN DOCUMENTAL?



Anoche vi el episodio final de la primera temporada, el titulado Endless Forms Most Beautiful y unas horas después, en la madrugada me desperté sobresaltada; ya sabéis, con la sensación esa de que algo siniestro se cierne sobre uno. Debió ser fruto de una pesadilla, estoy casi segura, pero no la recordaba, sólo esa maldita sensación de urgencia, de algo que debería ser tenido en cuenta y había pasado por alto.

Me levanté de la cama procurando no hacer ruido, mi marido, alma cándida, resoplaba apaciblemente, ajeno a mis urgencias. Hice oído por si el peligro procedía de fuera. Nada. Nada anormalmente ajeno al tranquilo dormir de la casa, unos ratones correteando por el tejado, una mota de pelusa  desperezándose. Nada.


Salí al pasillo, descalza, y escuché, silencio, ni cadenas retorciéndose ni susurros acallados ni revolotear de fantasmas escondiéndose. Nada. En el salón la televisión dormitaba, el ordenador parpadeaba. ¡El ordenador! Me acerqué intrigada, estaba segura de que lo había cerrado y hasta desconectado. Una vieja manía que provenía de mi visionado tardío de Buffy Cazavampiros. ¿Recordáis el episodio de la primera temporada titulado I Robot… You Jane?, sí, hombre, ese en el que el demonio Moloch el Corrupto se mete en la red, finge ser un enamorado de Willow y se  apodera de la mente de los alumnos de la clase de informática. Desde entonces les tengo prevención, a los demonios y a los ordenadores. Pero claro es el único aparato de la casa (no consentimos que los niños dispongan de uno en su habitación, lo que uno hace o deshace en el trasto es susceptible de ser visto  y compartido por el resto de la familia). Los chicos dicen que somos el Gran Hermano, mi marido y yo pensamos que aplicamos la Ley de Transparencia. No hay secretos, no hay sorpresas.


Me la llevé. Al pulsar intro en la pantalla negra empezó a bailar la pregunta  ¿Y si Orphan Black fuera un documental? Me reí, una broma del Guille conocedor de mi reciente adicción a la serie de la BBC América. Apagué el trasto y me volví a la cama. Mi marido refunfuñó cuando le acerqué los pies helados; le chisté como si fuese un niño, se dio la vuelta y siguió resoplando. Y entonces ocurrió. No sé bien porqué, si fue el frío del mármol que se me había metido en los huesos o porque los resoplidos de mi media naranja se volvieron estentóreos, el caso fue que no me dormí y la sensación de urgencia se hizo cada vez más y más imperiosa.



Veía la pregunta del ordenador bailoteando en mi mente. ¿Y si Orphan Black fuera un documental? La deseché por estúpida. Y sin embargo volvió a formularse. ¿Y si Orphan Black fuera un documental? Me di la vuelta cabreada y le pegué una patada en el trasero al bello durmiente, conseguí por unos instantes bajara el diapasón de los ronquidos y a cambio  me convirtió en prisionera de su abrazo de oso. Y la maldita pregunta inició un foxtrot.  La rechazaba y volvía, la rechazaba y allí estaba. Un invitado molesto que llega sin avisar y pide atención. Harta decidí prestársela.  


La sensación de urgencia por unos instantes se apaciguó. Comprendí que algo visto en Endless Forms Most Beautiful había despertado mis recelos. ¿Tendría razón el demonio escondido en el ordenador? ¿Podía ser Orphan Black, en vez de un thriller entretenido e intrigante, un docudrama, una recreación dramatizada de esas a los que son tan aficionados los del Canal HistoriaQue yo supiera los críticos y los microcríticos, unos para bien y otros poniéndola a caer de un burro, la vendían como una serie de Ciencia Ficción. Mi razón me decía que era de madrugada y que porque hubiera visto en una misma escena a una mujer interpretando a tres personajes distintos no iba a ponerme nerviosa, bien sabía yo que se trataba de Tatiana Maslany, para quien ya mucha gente anda pidiendo un Emmy no sólo como mejor actriz protagonista de drama sino también como secundaria. Desde luego, si no lo gana al menos deberían darle una mención como la actriz más trabajadora. A Saber es Beth, Sarah, Katja, Alison, Cosima, Helena y Rachel. Sabía, sé lo que son los efectos especiales y los chromas, que para eso existe wikipedia Que era una, no tres, ni siete, sólo una.



Sus creadores Graeme Manson (Flashpoint), y John Fawcett (Espartaco)  son gente del género, sobre todo John Fawcett que en esta entrevista antes del estreno dice  Yo tenía una idea básica (en época tan lejana como el 2003). Una chica se baja de un tren y se ve así misma a través de la plataforma. Luego su doble se suicida tirándose al tren y ella le roba la identidad”. Al parecer fue en 2008, cuando ya había comenzado el auge de las series de televisión, cuando a Greame Manson se le ocurrió transformar la idea en una serie. Y Fawcett dice: “Quería hacer un scifi”. “Un show serializado con un montón de suspense” (para esas fechas ya comenzaba a hablarse y con fuerza de la clonación humana, acoto). “No estábamos interesados en el laboratorio grande y oscuro. Sabemos lo que hay detrás de la cortina”, añade.


Lo sabían. Lo sabían, pensé. Lo sabían y hablaban en clave, porque además mencionaban el poder de las grandes corporaciones, de la eugenesia, del problema de la realidad de la existencia; así que era esa la razón de mis desvelos y entonces, en el instante que comprendí la causa de la causa me entró la tiritona. Y no era por el frío, mis pies enredados a los de mi maridito habían, por fin, entrado en calor, sino porque a las palabras de Fawcett se unieron las que el cura Kalimero nos repetía en clase de filosofía, que si bien la realidad no es algo independiente de uno, como sujeto pensante, hay, detrás de la que se conoce otra, independiente y totalmente incognoscible. Y eso, eso si que era para tener miedo.



Porque la realidad era que hacía apenas unas semanas, precisamente el 15 de mayo, los periódicos gritaron a cuatro columnas que la Universidad de Oregón, ¿Oregón?, sí, Oregón (Estados Unidos), había obtenido células madre embrionarias con la técnica que dio origen a la oveja Dolly (¿La oveja Dolly? Dios, la clonación de la oveja Dolly fue en 1997, hace más de 16 años) Pero ¿era esa la verdadera realidad?, ¿comenzaron los científicos clonando una oveja? o ¿eso es lo que realmente han querido que creyésemos para no asustarnos?, ¿para que las iglesias y sus éticas no les despedazasen? ¿Qué fue del doctor coreano que decía que iba a clonar a un hombre? Porque exactamente en 1988, es decir hace 25 años (los que tienen Sara, Beth, Alison, Cosima, Helena) se creó HUGO, la Organización del Genoma humano, y aunque oficialmente  hasta el 2001 no se publicó la secuencia completa del genoma, ¿quién nos asegura que no se hubiera descubierto mucho antes? ¿Recordáis la película de Michael Keaton “Mi mujer, mis dobles y yo”, pues es de 1996. En el 97 nos presentaron a Dolly… ¿Qué está ocurriendo con la clonación humana? ¿En qué estado se encuentra la cuestión? ¿Qué están diciéndonos Graeme Manson y John Fawcett en Orphan Black. ¿De qué nos quieren prevenir?



¿Será Orphan Black una fuga de información de la conspiración más grande jamás montada sobre la esencia del ser humano? ¿Algo parecido a Rubicon y las manipulaciones de las grandes corporaciones? 



Claro que también podría pensarse que no, que Orphan Black sólo es una serie de televisión que, como todos los críticos dicen, ha tenido muy buenos resultados de audiencia por su humor negro, el suspense, la gran interpretación (a lo Meryl Streep) de su actriz principal (incluidos acentos y pelucas) y la colección de personajes diferentes de los que hace gala: la madre futbolera-maruja al borde de un ataque de nervios que termina enarbolando la pata del jamón contra su obtuso marido, perdón, no fue la pata del jamón, sino un bote de pegamento bien calentito; la científica lésbica y romántica; la policía asesina con conciencia; la madraza macarra; la psicópata divina. Sin olvidar el resto de los personajes, Felix el amigo guarrete y con más pluma que una vedette del Folies Bergere que interpreta Jordan Gavaris; la madre de acogida, esa sinuosa y enigmática señorita S; Olivier, el vigilante con cola y cara de Porky; Paul, el amante corrupto; el doctor Leekie, ese dios calvo que viaja en limusina; Rachel, la supuesta hierática primera… ¿La prueba tangible? Su renovación para una segunda temporada.


Pero estaba de dios que anoche mi razón estuviera de vacaciones porque lo que me dio por pensar fue que esa, esa era la verdadera prueba de la existencia de la conspiración. Pensadlo bien, anda, hacedlo, a veces duele la cabeza, pero cuando los engranajes hacen clic resulta hasta gratificante. Digo, una verdadera Conspiración que ha sufrido una fuga de información si de verdad pretendiera cubrirse las espaldas renovaría la serie para una segunda temporada.


Si la cancelaban los seriefilos románticos pensarían que tenían razón, que la clonación humana es ya una realidad real; en cambio si la renovaban aceptarían que estaban equivocados, que Orphan Black sólo es una serie de ciencia ficción con un guión, una realización y unos efectos totalmente realistas. ¿Un galimatías? ¿Paranoia? Pensadlo. Pensadlo. A mí me quita el sueño.


De tal manera que, por si acaso voy, a pedir el genoma completo del Guille, no sea que, como se descubre en Endless Forms Most Beautiful  con los de Sarah, Cosima y Alison, tenga insertada una patente del Instituto Neolution. ¿Quién me asegura que mi bichito peludo es carne de mi carne y de la del oso? ¿Quién que no me fuera insertado el embrión en una de las revisiones ginecológicas y sea un clon de quién sabe qué dios ansioso de adoradores? ¿Quién que un día no se encuentra en el metro con una copia de sí mismo?

Pensad lo que queráis pero sé, sé que no volveré a dormir hasta que no vea el papel que me acredite que el Guille, mi Guille, mi demonio manipulador, es único e irrepetible.