martes, 18 de marzo de 2014

BONES. The Repo Man in the Septic Tank. "Tú eres mi hogar"



Si Bones fuese una serie perfecta, las fans estarían irremediablemente perdidas, pero como, gracias al universo (dirían las brennanistas) o a Dios (las boohtistas) los productores ejecutivos de la serie son falibles, a veces, involuntariamente, les dan, nos dan, un respiro. Y así un episodio divertido y emocionante como ha sido The Repo Man in the Septic Tank termina, inesperadamente, con el ataque de un Tiranosaurio Rex a una cavernícola. 

Qué el episodio se inicie con otra discusión más de la pareja sobre la educación religiosa de su hija Christine podría parecer algo manido. Esa discusión ya se mantuvo en la séptima temporada en relación con el bautizo, si Brennan cedió entonces ¿para qué discutir de nuevo, que si Superman, que si Dios, que si anda sobre las aguas, que si vuela? Pues porque son una familia feliz y en las familias felices ante la falta de verdaderos desacuerdos, se discute una y otra vez sobre lo mismo. La doctora en aras de su sacrosanta racionalidad, se opone, Booth cree que en aras de la libertad se debe conocer primero para decidir después.

Como siempre, cuando Booth y Brennan están en plena discusión suena el teléfono y Booth se salva de la derrota. Han aparecido unos restos humanos en una fosa séptica. Para evitar su posible contaminación Brennan decide que trasladen la fosa entera al Jeffersonian. Que resulte caro y que Booth tenga que pedir favores para conseguirlo nada importa.


Lo que no se esperaba la doctora era encontrar en el Jeffersonian a alguien tan arrogante y autoritario como ella. El doctor Fuentes, un exiliado cubano, antiguo jefe de antropología forense de la isla, que necesita trabajar como interno para que se le convalide el título en los Estados Unidos. “Soy excepcional, he venido a América para hacer fortuna y convertirme en el mejor”, dice casi a modo de presentación. El choque de titanes se avizora. Porque el doctor que no la conoce aún, y pese a la advertencia de Cam, seguro de su encanto, se lanza a demostrarle lo brillante, listo y atractivo que es. Tan desaforado es el ataque que llega a decirle que sus posiciones, ella jefe, el interno, podrían ser opuestas. Brennan se ve obligada a enseñarle cuál es su sitio en el laboratorio. Dentro de la fosa séptica buscando huesos.


 Y sin embargo el doctor Fuentes no cede, desde el fondo del tanque anuncia que ya tiene la causa de la muerte. La víctima se ahogó. Y así continúan la investigación de trifulca en trifulca, “Espero que no me vea como una amenaza”,  sin que nunca llegue la sangre al río. Aunque frente la mesa de los huesos el cubano consciente de la tensión y deseoso de su victoria dice “Creo que vamos a terminar haciendo el amor”.  No cabe duda que la anterior Brennan, una vez que hubiera terminado el caso, habría aceptado. Pero Brennan ya no es la misma y se niega rotundamente amenazándole, veladamente, con devolverle a Cuba. 



Cuando Booth, al contárselo, pone el grito en el cielo, Brennan le confiesa su amor, primero torpemente “Tú y yo somos simbióticos, como el pez payaso y la anémona de mar”. Y luego, ante la queja de lo poco romántico que suena eso, sincera, dice: “Tú me alimentas, me proteges, tú eres mi hogar”. Y añade con los ojos rasados de agua “Dañar esta relación tan intensa sería como suicidarme”. Y Booth consciente de que se ha pasado media vida sola, soñando sin permitírselo con el hogar que una vez perdió, con la voz rota por la emoción le responde “Eso ha sonado un poco mejor”. “Tú eres mi hogar”, una declaración de amor más profunda y verdadera que la de los votos de la boda.



Y aunque Brennan de vuelta en el Jeffersonian se confiesa cansada del arrogante, presuntuoso y autoritario, “Y bueno”, puntualiza Angela (olvidando que está casada), doctor Fuentes, no cede ni un ápice en demostrarle que no son iguales, que ella no va a caer rendida ante su encanto, ante su voz dulce, de son cubano (o porteño que Ignacio Serrichio el actor que lo interpreta nació en Buenos Aires), ante sus ojos melosos y soñadores sino que le obliga a demostrarle paso a paso su valía. Y el doctor Fuentes lo hace. Que en su arrogancia se tome la confianza de proponerle recrear la escena del crimen tomándola a ella como su ayudante (lo que tantas y tantas veces ha hecho la doctora con los internos) y le ponga decididamente la mano en el cuello, es pretender darle a ella una cucharada de su propia medicina, y eso, por supuesto no lo va a consentir; así que le finta y con una de sus llaves le obliga a doblar la cerviz. Bien por la doctora.



El caso, por supuesto hay un caso. En el de hoy la víctima Benny Jerguson era un inocente culpable. Un hombre que quiso redimirse y que precisamente las personas que tenían que desbrozarle el camino para que lo consiguiera, le avocaron de nuevo a la perdición. Su última pelea, la que pierde y le causa la muerte es la demostración palpable de que algunas personas están marcadas por la desgracia desde que nacen. Benny,  ex convicto, ladrón de coches, sólo recibe ayuda de personas marginales, su jefa, una deslenguada Grace que lo había contratado como agente de embargos para rescatar coches a favor de los bancos y Horatio su “brother” otro ladrón de coches con el que se crio y que permitiéndole que le delatase ante el alcaide de la prisión consiguió liberarle de la cárcel antes de que los otros reclusos lo matasen.



¿Quién mato a Benny?  La ceguera de la ley, que permite que los indefensos caigan en manos de funcionarios corruptos. ¿Cómo lo han atrapado? Pues como siempre con la colaboración laboratorio y de Booth. Los del Jeffersonian, determinando que murió tras una pelea con alguien en un coche que sufrió un accidente. Booth hundiendo en papeleo al doctor Sweets que para eso es el jefe. “Necesitas un compañero más agradable”, le dice la jefa de Benny a Booth cuando le interroga en presencia del doctor. Y descubriendo,  el móvil del asesinato, tras una épica y caótica batalla  en una cocina.  Una batalla singular en la que los contendientes utilizan lechugas y varillas de batir como armas  y un escurre verduras les sirve de escudo. Que al final el duelo acabe a sartenazos era previsible dado el lugar y la consistencia de las primeras armas. Que el contrincante derrotado, Horatio, el amigo de Benny, terminase confesando que la víctima le pidió ayuda para robar un coche hace avanzar la investigación.


Benny había vuelto a delinquir, pero del papeleo Sweets descubre que sigue siendo tan pobre como siempre, luego ¿dónde iba el dinero?  Cuando Angela, a pesar de necesitar una ducha fría para apaciguar los ardores que la presencia del doctor Fuentes le provoca, descubre una grabación en la que la víctima grita que se niega a seguir cometiendo los robos, el asesino parece tener nombre. Lo difícil es cómo probarlo. Y ahí surge de nuevo la brillante doctora Brennan, en los huesos del asesino aún quedarían huellas de la pelea con la víctima. Al final es ella quien lo descubre sentada frente al escáner de seguridad de la entrada del FBI, en el cuero cabelludo del culpable quedan restos de las contusiones.


¿Que será del atractivo y solitario doctor Fuentes? Seguro que se hace rico y famoso y hasta puede que se lleve un premio del Jeffersonian. Con la doctora Brennan ha quemado sus naves, pero tal vez aún pueda varar en las playas de una olvidadiza Angela. Que el doctor Hodgins haya sido quien le ha dado la más cariñosa bienvenida al Jeffersonian preparándole “ropa vieja”, una comida cubana, no tiene nada de extraño, los internos son sus súbditos y amigos y a lo mejor eso obligua al cubano a hacer honor a su amistad y zarpe a alta mar antes de rendir a Angela. Porque visto lo visto si por ella fuera, no necesitaría para tal menester de las trompetas de Josué. La pieza está vendida de antemano.

Que al final Booth y Brennan lleguen a un compromiso sobre la educación religiosa de Christine es lo lógico. Lo que de verdad importa no es tanto ser ateo o católico sino tener la libertad para elegir. Que esa verdad tan incontrovertible se la haya explicado a la doctora el interno venido de Cuba, “Creo en el derecho a creer”, dice, no deja de ser un homenaje para aquellos que carecen de opciones en la realidad para decidir si anda o vuela.



Y para acabar una pregunta ¿tienen derecho Booth y Brennan a que sus juegos y payasadas sean secretas? ¿No es un menoscabo a su honor que se nos permita contemplar el ataque del Tiranosaurio Rex a la señora Cavernícola? ¿Diríais que sí? ¿Diríais que no?

En el comentario y la discusión está la diversión de estas reseñas. Adelante, seguro que el episodio os ha gustado tanto como  a mí.