viernes, 24 de julio de 2015

Bones. Stewie y la decisión de Brennan.


(Anteriormente)

Tal vez en el mundo racional de Brennan la aparición de Stewie Griffin en la sala de donación de la clínica de fertilidad fuera imposible, e incluso en el mundo del análisis de las emociones de Sweets la visión de Booth tuviera un nombre muy, pero que muy puerco, neurosis, psicosis…, lo cierto es él estaba de los nervios; él, el francotirador tranquilo, había acabado desquiciado por culpa de un juego psicológico,  uno de tantos a los que Sweets los sometía para “ir a la raíz” de sus problemas, para descubrir lo que les unía. Cómo si él no supiera lo que la ataba a ella.


Había propuesto jugar a beber, pero Sweets había insistido en que uno dijera una palabra y el otro respondiera sin pensar. Brennan,  lógicamentehabía puesto pegas, cómo iba a responder como es debido sin pensarlo bien. Pero el doctor había insistido en la visceralidad. El ejercicio no consistía en explicar sino en responder. Aunque era infantil, al final se resignó, se sentó en el sofá al lado de Brennan y dijo:

— Hambre.

— Sexo —respondió Brennan.
— ¡Vaya!— exclamó, el juego se ponía interesante.
— Caballo— dijo Brennan.


 — Cowboy


— Niño —dijo Brennan.
— Bebé —respondió él. ¡¡Él, él había pronunciado la palabra. ¡Él removió la “barrica”.


— Booth —contestó Brennan desarmándole. En realidad enfadándole.


— ¿Crees que soy un bebé?


—Eres padre…
— ¡Ah! — La explicación le convenció.
— Parto.
— Felicidad.
— Esperma —dijo Brennan inopinadamente.
— ¿Esperma? —repitió— ¿Seguro que está bien?—le preguntó a Sweets.
— Continúa —le ordenó el doctor.
— Huevo— dijo.
Y entonces para su sorpresa, para la de Sweets y los ocho millones seiscientros treinta mil boneheads que estaban aquella noche ante el televisor, Brennan, radiante, dijo:


—¡QUIERO UN BEBÉ!
—¡Vaya! —se le escapó.


Si le hubieran dicho que había caído una bomba en su apartamento no le hubiera impresionado más. Y por supuesto la cosa no había quedado ahí. Racional, inteligente y decidida Brennan lo tenía todo pensado. No, no había sido una respuesta fruto del juego, era una decisión racional. Quería tener un hijo y no, no necesitaba un hombre, sólo esperma. Y ya que estaban en ello él, sería un buen donante de esperma había dicho.

Y a partir de entonces sobre Booth se desató la marabunta que arrasó con  su seguridad. Dividido entre la necesidad de darle lo que ella quería, y hacer lo que  él quería, lo que él sabía que debía hacerse, terminó charlando con Stewie Griffin en la sala de donación de una clínica de fertilidad.



The Critic in the Cabernet es junto con el Piloto, The Parts in the Sum of the Whole y otros cuantos más diseminados a lo largo de las cinco primeras temporadas, un episodio típico de comedia de enredo, la comedia screwball americana. Episodios centrados en la relación romántica entre Booth y Brennan pero contada en clave cómica. Episodios con vertiginosos diálogos, réplicas y contraréplicas no sólo entre Booth y Brennan, síno entre ellos dos y Sweets, entre Angela y Brennan, entre Cam y Angela. 


Porque la decisión de Brennan de ser madre, tan racional para ella, resultaba a los ojos de los demás una decisión alocada. Una locura que todos menos Booth intentaban hacerle ver y ninguno lograba.

— Tengo excelencia intelectual, seguridad económica, así que por estadística podría tener un hijo excepcional —le dijo a Angela.


Y aunque Angela insistiera que lo hiciera como debía de hacerse, es decir, desnudándose juntos, devorándose con pasión desenfrenada. Ella no podía hacerlo “Booth pensaría que eso crearía un vínculo entre nosotros.”

¿Lo piensa de verdad? Sí, Brennan no ha sabido o no ha querido, por entonces, leer en los cajones secretos del corazón de Booth, ni en el suyo tampoco. Brennan se miente, sin saber que se miente. En realidad lleva media vida racionalizando lo que su corazón añora.


Y si usa a Booth como donante y no a Fisher es sólo porque tiene la mandíbula más grande y un arco cigomático más prominente además de un ratio algo más pronunciado entre el ancho de sus clavículas y su ilio. Ella lo hace tan sólo pensando en las posibilidades de éxito del niño.



Aunque ante la misma pregunta de Sweets, inteligente, para satisfacción de Booth, que se siente alagado, la respuesta es otra:


— Porque tiene rasgos como el coraje y la compasión y la empatía que le vendrían bien a mi hijo. Los bancos de esperma no los catalogan.


Y no, no es un elogio, sólo es una evaluación objetiva. Aunque Booth aprovechase el momento para pavonearse.


Sweets está muy enfadado, Brennan y Booth deberían reconocer que en la situación hay aspectos emocionales que están negando. Y ante la imposibilidad de que Brennan deje de racionalizar el doctor responsabiliza directamente a Booth.
— No pasa nada —lo tranquiliza Booth—. Iba a tener un bebé de todas formas con Fisher. ¿Qué habrías hecho?


Sweets no sé, Booth desde luego, tragarse su ansiedad y estar al lado de Brennan. Y eso es también lo típico de este tipo de comedia, la actitud dominante de la mujer, de la que la cámara da repetidas muestras, en el episodio. Y ante su dominio, Booth que lejos de ella es un hombre fuerte y duro, ante ella se queda inerme, le dará lo que ella quiera, como ella quiera con tal de que ella sea feliz, con tal de que le deje seguir a su lado.

Pero el buen padre que es no le permitirá salvar la contradicción entre su amor y su sentido del deber.  Será una nueva intervención de Stewie Griffin, esta vez en la sala de interrogatorios, sentado en su trona, al lado del presunto asesino, quien le haga enfrentarse con la verdad, con su verdad.


— ¿Es que este hombre es completamente idiota? —dice Stewie saludando a Booth con sus manitas.


Brennan que ve su expresión de perplejidad, su mirada fija en un vacío se preocupa.


Pero Stewie y Booth ya están fuera de control.

— Porque no cierra el pico y pide un abogado —le dice el muñeco al acusado —. Usted señor es tonto— termina gritándole.


Booth, inmerso en su visión intenta explicarle que hay gente que se arrepiente y quiere aclarar las cosas, y más bien parece que está hablando de sí mismo que del viticultor que asesinó al crítico. 


Pero Stewie es un duro, un duro con corazón de hiena que no se deja convencer por paparruchas sentimentaloides y Booth, enfadado le corta,  nadie le ha preguntado.

Tanto Brennan como el acusado se preocupan, ¿Con quién está hablando? ¿Qué está ocurriendo? Nada.


Pero no es verdad, mientras el hombre confiesa, Stewie continua interrumpiéndolo, acosándolo, salvo que nadie se da cuenta excepto Booth.


Quien demudado le ordena cerrar el pico. Imposible, Stewie es un “niño” con mucha personalidad.


— ¿Vas a dejar que tenga ese bebé ella sola?


— Yo no he dicho eso —protesta Booth.


Pero Stewie, la conciencia de Booth, lo tiene bien agarrado y no va a soltarlo fácilmente.

— Es verdad, vas a abandonar a tu hijo —le grita y dramatizando la situación añade— Oh, el manto de la noche se cierne sobre mí diminuto ser— Patético.



Booth ante la mirada atónita de Brennan, estalla. —No, no, no puedo olvidarme. Nunca he dicho eso. ¿Vale? ¿Lo entiendes? No puedo olvidarme, es mi hijo. Si no puedo participar no quiero que tenga el bebé.

Por fin lo ha dicho.


Stewie se siente feliz. El sol vuelve a brillar. “Bien dicho Boothy”. Pero Brennan, preocupada, agarra a Booth y lo saca de la habitación, los gritos de Stewie asustado por quedarse a solas con el asesino, caen en saco roto.


— Espera, para —grita.


Pero su misión ha terminado y Stewie se queda solo. Seguro que acabó con el asesino.
Luego entre Booth y Brennan tienen lugar las explicaciones:


— No puedo hacerlo, necesito estar involucrado. Si soy el padre, necesito ser el padre…

Y como Brennan quiere saber con quién hablaba en la sala de interrogatorios como si no hubiera escuchado su confesión, Booth insiste:

— ¿Qué me dices del niño?


Brennan preocupadísima por lo que podría estar ocurriéndole a él, visceral, sin pensar en la contradicción en la que incurre, le responde:

— ¡Vale, no tendré un bebé!

Porque las alucinaciones de Booth son fruto de un tumor cerebral, benigno, sí, pero tumor al fin y al cabo. Y el valiente soldado, el hombre que se ofreció a la muerte por ella, tiene miedo de estar sólo en la mesa de operaciones. 


Nunca antes se había visto a Booth tan necesitado de Brennan, tan vulnerable como cuando desde la cama del hospital, mientras el personal sanitario trajina a su alrededor preparándole para la inminente operación, avizora esperándola, cuando vemos como su sonrisa de niño le ilumina el rostro al verla venir.


Pero Booth no sería Booth si no diese una muestra más de cuánto la ama, rectificando su anterior decisión. 


Si algo sale mal, si algo me pasa, quiero que utilices “mis cosas” para tu hijo. Y ante las protestas de Brennan, añade—. Seguro que vas a ser una gran madre.


Y así fue como Stewie Griffin salvó a Booth y a Brennan de cometer un gran error. Porque todos, incluida la racional doctora, sabíamos, sabemos, que sí, los sentimientos se acaban, como se acaba la vida. Que estamos aquí y de repente ya no. Que si nos protegemos de los sinsabores de la vida, al final estaremos solos porque nadie, nadie podrá tocarnos.

Brennan rectificó, a su manera, racional y secreta, contándole a Booth, mientras estaba en coma después de la operación, una historia en la que por fin, fruto de su amor iban a tener un hijo. 



Pero como no hay crossover sin cruce de los personajes, David Boreanaz, que no Booth le devolvió el favor a Stewie convertido en una Aurora "Boreanaz" que iluminó su viaje al Polo Norte.

Este es el vídeo de su intervención: