domingo, 19 de febrero de 2017

Bones. Reseña The Scare in the Score (12.07). La deuda del francotirador.


Puede que la conmoción por el dramático final de The Scare in the Score nos lleve a pensar que su tema central es la muerte del tonto, dulce, divertido e implacable Max Keennan, el hombre que durante los últimos diez años intentó compensar el dolor que su abandono causó en su hija, la doctora Temprerance Brennan. Según el mismo nos contó muchas han sido las peleas en las que, pendenciero, se enzarzó a lo largo de su azarosa vida pero ninguna tan  difícil de librar como la que entabló para recobrar la confianza y el amor de su Tempe. Y lo logró. Max Keenan venció al dolor de Brennan, venció a su pasado y se convirtió en un buen hombre, tal vez por eso, los dioses de Bones le han recompensado con una buena muerte.


Para mí, sin embargo, con ser la muerte de Max  y su repercusión en Brennan impactantes, el propósito  último del episodio no es otro que el pago de la deuda de sangre que un día, allá por 1995, un francotirador de los Rangers contrajo con un niño por matar a un monstruo. Una deuda de sangre y amor puesto que el niño lo amaba. Ese niño hecho hombre, enloquecido por el odio alimentado en los años de exilio y soledad ha reaparecido clamando venganza y no le importa la sangre ni el dolor que cause porque no quiere reparar un daño, sino sentir el sufrimiento en el deudor, no quiere su muerte, sino la lenta aniquilación, la desesperación de Seelye Booth.

Pero mejor será empezar por el principio.


A pesar de que la muerte de Aldo Clemens (The Price for the Past 12.04) debía de haberlos tenido en estado de alerta, aparentemente cuando The Scare in the Score comienza, la mañana en casa de los Booth no podía presentarse más tranquila. Booth lee el periódico, Brennan zascandilea por la cocina y Max viene a recoger a los niños para la guardería…



Pero no, no todo es tranquilidad, a Brennan hay algo que no le cuadra. Su padre ha salido fuera para responder a una llamada y su sistema límbico, el que le lleva a desconfiar de él cada vez que no obtiene inmediata respuesta a sus dudas se dispara, Max le está ocultando algo, está distinto,  hasta parece más rejuvenecido, más saludable.



Booth que no tiene por qué dudar de su suegro piensa que tal vez se deba a un cambio de hábitos, pero ahí la científica es contundente: “Los estudios neurológicos demuestran lo difícil que es para una persona mayor alterar sus ganglios basales” en cristiano y para que Booth y nosotros nos entendamos, cambiar sus conductas rutinarias.



 Lo cierto es que cuando Max regresa, Brennan le somete a un interrogatorio de tercer grado mientras Booth, neutral en la pelea, sabiamente se escaquea “tengo que atarle a los niños los zapatos”, dice.


Brennan arrincona a Max  decidida a no soltarlo hasta que  le proporcione una explicación causal. Y Max, claro está, termina confesando, le han instalado un marcapasos. Brennan se enfada,  ha podido estar muy ocupada, pero no contarles lo de una intervención tan importante es para enfadarse, son parte de su vida. La suerte de Max es que en ese momento el teléfono suena… un nuevo cadáver va para el Jeffersonian y la conversación queda en suspenso. Cuando la retomen Max estará en la cama de un hospital.




Brennan y el equipo del Jeffersonian descubren que la víctima —Margaret Kwan, una anciana sin apenas contacto con el mundo— fue torturada salvaje y prolongadamente, lo que asemeja su muerte a la de Aldo Clemmen, distinto método, mismo modus operandis.




De esa información, Booth y Audrey deducen que  el móvil para su tortura no era otro que obligar a Mike Reiss — el hombre que según el angelatron  le servía a domicilio los pedidos de comida, compañero de Booth en los Rangers  del que nadie sabe nada desde hace una semana—, a delatar al tirador que mató al general Radick.



Demasiadas conexiones con Booth para que no sea una venganza dice Caroline Julian quien no está dispuesta a correr ningún riesgo. Booth y su familia irán a una casa de seguridad. Pero Booth no está dispuesto a esconderse y da por supuesto que Brennan tampoco, porque su respuesta es:

Asegúrate de que Max y los niños vayan allí porque no me voy a rendir en este caso.

Y no se rinde a pesar de que Brennan descubre que Margaret murió finalmente degollada lo que implica que el asesino dejó de torturarla al obtener lo que quería, doblegar a Mike Reiss. Luego, ya conocía que Booth era el autor del disparo.


La venganza parece estar ganando la pelea y Max perdiendo la que tiene con Brennan en su despacho del Jeffersonian, no entiende cómo no le deja ayudarles, tiene experiencia, “Me necesitas”, insiste. Pero Brennan no cede, se trata de una venganza que no cejará en su empeño hasta que mate a Booth. Necesita ayudarle y no puede hacerlo hasta que sepa que sus hijos están seguros, le necesita en la casa de seguridad cuidando de ellos.

¿Cómo voy a saber si estás bien? —se preocupa MaxMe atas las manos a la espalda —protesta.



Y entonces Brennan pronuncia la frase decisiva ante la que la resistencia de Max cede. Muy seria, mirándolo a los ojos con toda su ansia de su corazón de madre en la voz dice:

Papá, nunca te he necesitado tanto como ahora. Por favor, haz esto por mí.



Y su padre responde: “Por supuesto”. Cuando se vuelvan a ver, Max se habrá enfrentado a la venganza y hecho honor a la confianza de su hija. Habrá salvado la vida de sus nietos…

Las  pistas halladas en el cadáver de Margaret llevan a Booth y a Aubrey a un bar y a la fotografía de un niño en la que  Booth reconoce al que una vez tuvo en su punto de mira, el hijo del general. Sólo que el niño se llama ahora Mark Kovack.


Y en un flashback controvertido, vemos a Booth contemplando a través de la mira del fusil a un hombre disfrutando en la fiesta de cumpleaños de su hijo, vemos como ese niño risueño aparece y desaparece de la mira, como Booth duda y como sin un pestañeo cuando tiene el tiro limpio dispara.




Esas imágenes no son inocentes, no pueden ser sólo un recurso narrativo para que no dudemos de la identificación que del niño hace Booth, tienen, en mi opinión, una intencionalidad que por ahora se nos oculta porque en cierta manera legitiman la venganza.

Ante las dificultades burocráticas de Caroline para conseguir la identificación, Booth, consciente de que está marcado por el destino, no duda:



— (…) Si pasa algo quiero que recuerdes ese nombre, Kovac —le dice.
No me gusta el tono de tu voz, Seeley, me inquieta ¿qué va a pasar?replica la fiscal abrumada porque no se le oculta el significado de sus palabras.
No sé qué va a pasar. Sólo digo que si algo…insiste Booth interrumpiéndose precisamente en la impredecibilidad del futuro, de su futuro—… este es nuestro hombre.



Aunque según el angelatron, Mark Kovac es un técnico sanitario, casado,  héroe  condecorado por sus servicios como médico en Irak, que llegó de niño a Estados Unidos desde Serbia adoptado por una familia norteamericana. Nada hay en los archivos nada que le una con el general Radick. Sin embargo,  el angelatron resolverá la duda; al mezclar Angela por indicación de Brennan los rostros del general y su esposa,  resultará el de Mark Kovack.




Y en la casa de Mark Kovack se presentan Booth y Aubrey. Admite conocer al general Radick,  todo el mundo lo conoce. Aubrey le recuerda que no es el momento para mentir. ¿No lo entiendo, mentir sobre qué? Pregunta la esposa de Mark y ante la mirada tensa y expectante de Booth, Mark reconoce que era su padre biológico.



Y silencioso Booth asiste a la pelea entre marido y mujer sobre el porqué de la ocultación. Azuzado por Aubrey  le confiesa finalmente que su padre era un criminal de guerra. Booth le dice, como si le creyera inocente, que están buscando a gente relacionado con el general y Mark, ofendido, asegura, sosteniéndole firmemente la mirada que por lo que a él respeta, el general no era su padre.


Caroline en una escena propia de películas de espías le pega un susto de muerte a Aubrey saliendo en la noche de entre las sombras. Tiene  el expediente militar de Kovack, sus evaluaciones psicológicas. El hombre está limpio, ni siquiera presenta el mínimo desorden psicológico. Claro que Caroline es perra vieja y por supuesto sabia y esa perfección le hace dudar. Las únicas personas que no presentan ningún desorden son precisamente los psicópatas.



Gracias a que el cadáver de Margaret sigue hablando,  ahora con el doctor Hodgins, encuentran restos de talco y vinilo lo que les lleva a un gimnasio abandonado. Y allí, abandonado sobre una mesa está el cadáver torturado de Mike Reiss. Booth,destrozado, apenas puede mirarlo y más cuando Cam descubre que prácticamente acaba de morir, ¿por qué no lo encontraron antes? Que de extraño que Booth se culpe de su muerte… por boca de Aubrey.



Booth debió salir a buscar a Mike en cuanto descubrieron que podía estar en las manos del mismo hombre que había matado a Aldo, es la esencia del carácter del personaje, no abandonar a uno de los suyos, y sin embargo Joe Hortua, el guionista del episodio, lo deja sentado esperando que el angelatron desgrane pistas mientras su camarada seguía siendo torturado por un psicópata a pesar de que ya le había entregado su nombre. Extraña decisión.



Como también la de hacer decir a Caroline Julianlos chicos del FBI sois monos pero no tan monos para que pierda mi trabajo”. ¡Por Dios! Caroline ya perdió su trabajo por ayudar a Booth y Brennan no una sino dos veces, ¿por qué ahora Aubrey tiene que suplicarle que ayude a su compañero?



Booth no está dispuesto a esperar que Caroline consiga las órdenes judiciales contra Kovack, va ir a por él; sin embargo mientras discuten el procedimiento, se presenta en el FBI el mismísimo Mark Kovac.

Agente Booth, necesito su ayuda —dice.

Y  le cuenta que está siendo involucrado en los asesinatos por el verdadero asesino. Su mujer es la agente inmobiliaria no sólo del gimnasio donde mataron a Margaret y a Reiss sino también del estudio “donde encontraron aquel cuerpo hace un mes” (¿en el estudio, Joe Hortua? El cuerpo de Aldo lo encontraron en un parque).



Mientras hablan, en la sala general del FBI se arma el revuelo, teléfonos sonando, agentes agitados. Booth se da cuenta de que algo está pasando. Caroline le pide que salga, ha habido un tiroteo en la casa de seguridad donde escondían a Max y a los niños.



Booth y Brennan llegan desencajados, buscan desesperadamente a sus hijos y los encuentran tranquilos en la parte trasera de un furgón del FBI, Hank es demasiado pequeño para darse cuenta de nada pero Christine en brazos de su padre pregunta que está pasando.



Brennan la tranquiliza pero justo en esos instantes aparece Max en una camilla y Brennan y Booth corren a su lado. Está herido.


Brennan acompaña a Max al hospital mientras Booth entra en la casa. Hay una agente muerta y los dos asaltantes serbios. Máx mató a uno y salvó la vida de un agente después de esconder a los niños en el sótano y tener la preocupación de subir el volumen de la televisión para que no oyesen nada. Bien por Max, su experiencia como delincuente les salvo.

A la pregunta de cómo pudieron enterarse los asesinos tan rápido del lugar del escondite de los hijos de Booth responde de nuevo el angelatron. ¿El chivato?, el marcapasos de Max que mandaba a su médico las señales de su corazón les delató. 

Finalmente Arastoo y Cam  encuentran las pistas fundamentales que le darán a Booth la posibilidad de encerrar a Mark Kovack. A Mike Reiss le dieron alimentación intravenosa para mantenerle con vida mientras seguían torturándolo y cuando su corazón se paró le reanimaron con un desfibrilador.



El Booth que se enfrenta en la sala de interrogatorios a Mark Kovac es un hombre implacable, un hombre que siente la verdad de su lado y no le va a conceder ni un solo resquicio para dañarle. Sin concesión ni sentimientos  le acusa de usar el marcapasos de su suegro para encontrar la casa y cuando Mark le responde que vino al FBI a pedir ayuda y le pregunta ¿Por qué iba a hacer eso? Contundente  responde.

— Para verme la cara cuando me comunicasen que mis hijos habían muerto.


Y más frío y más duro aún le cuenta paso por paso lo que sucedió el día en que mataron a su padre en su fiesta de cumpleaños. Había tarta, la sangre salpicó al niño… Mark por fin estalla, le pide que pare… pero Booth continua aquello debió de ser terrible para él “porque querías a tu padre”. “Mi padre era un monstruo” dice Mark.

Sí, pero seguía siendo tu padre ¿verdad?

Verdad. Luego cuando en presencia del abogado, Booth presenta la prueba de cargo, el cable del desfibrilador de su ambulancia contenía ADN de Mike, cuando va a detenerle, Mark con  media sonrisa en el rostro le pregunta:


— ¿Mataste a mi padre, agente Booth?



— Aquí las preguntas las hago yo —responde impertérrito Booth.

Y la pregunta que queda colgando, aunque Booth en esos instantes no parece dudarlo es ¿ha ganado Booth la partida contra la venganza?




Mientras tanto en el hospital Max se despierta, Brennan está a su lado. Preocupado, le pregunta por  los niños, por  Booth, si está enfadado aún con él por lo del marcapasos. Brennan sonríe, eso ahora no tiene importancia.



Y entonces Max le cuenta lo que ha estado soñando.  Ella era una niña y él iba conduciendo. Toda la familia, su madre, Russ estaban con ellos, las hojas estaban cambiando, y empezó a lloviznar. Había tanto silencio que se podía escuchar las gotas de lluvia cayendo en el parabrisas. “Y tú ibas detrás, haciendo esa cosa que hacías con mi oreja. Siempre me calmaba cuando conducía. Y todos aquellos años, cuando me fui, cuando te echaba de menos recordaba los paseos en el coche…”

Y mientras Brennan le sonríe por el recuerdo, Max cierra los ojos y se va…


Y su hija, la que le llamó psicópata, la que avisaba a Booth para que le detuviera cuando aparecía, la que echó sobre sí la sospecha de un asesinato para salvarle, la que no confiaba lo suficiente en él para dejarle cuidar de Christine, la que tanto le amaba ante su muerte reacciona con el dolor de la niña que le frotaba los lóbulos de las orejas cuando conducía… Brennan llora.

No quería que su padre muriera… pero ha muerto y ella se ha quedado sola en la puerta de la habitación esperando que venga a alguien a ayudarle a soportar tanto dolor.

Crédito del gif  @jigsmave

Cuando Booth descompuesto llega a su lado, Brennan dejándose llevar por la culpa le dice, “debimos llegar allí mucho antes” y después vencida por la pena se refugia en sus brazos abiertos que cálidos la envuelven. ¿Serán suficientes para compensar la pérdida?

Crédito del gif  @jigsmave

Extraño  e interesante episodio The Scare in the Score que además de dejar a Booth y a Brennan desolados por la pérdida de Max Keenan,  obligándoles  a afrontar las consecuencias que sobre su vida está teniendo el disparo con el que Booth acabó con el general Radick,  nos deja a los fans un montón de preguntas sin por ahora respuestas.  

Tal  vez las más fáciles sean las de los sentimientos de Brennan ante la muerte de Max. ¿Se culpará así misma? ¿Culpará a Booth?   

Pero por otro lado, Mark Kovack es un psicópata que siente que Booth tiene con él  una deuda de sangre, ¿le obligará a pagarle con sangre y amor? ¿Con el amor de Brennan? Y la más importante ¿tendrá el libro de la vida de Booth suficiente crédito para el pago de su redención? El 29 de marzo lo descubriremos.


Aquí está el vídeo del resumen el episodio en 12 segundos. Disfrutadlo.