martes, 23 de abril de 2013

BONES. THE PATHOS IN THE PATHOGENS.




Antes de empezar una pregunta ¿por qué no han sido todos los episodios de esta temporada de Bones como éste? Intenso, brillante, emocionante. Sin duda merecedor del reto que propuso Stephen Nathan el domingo pasado.


Cuando vi el tuit pensé que no iba conmigo, que tal vez si los protagonistas hubieran sido Ángela y Hodgins si hubiera supuesto un reto, pero que tratándose de Cam y Arastoo no tendría ningún problema. Sin embargo, una vez visto, tengo que reconocer que el hecho de que hayan sido ellos dos los protagonistas no ha mermado intensidad al episodio. La trama, la música y los movimientos de cámara se han bastado por sí solos para atrapar y arrastrar hasta la mismísima plataforma forense del Jeffersonian al espectador. Mis felicitaciones a Kim Clements, la guionista, a Chad Lowe, el director y por supuesto a Stephen Nathan y Hart Hanson. Un gran episodio. Con unos cuantos más igual Bones dejaría de ser una serie sólo para adictos. 



Y sí, en este episodio el título es significativo. Muy significativo: The Pathos in the Pathogens. Phatos, Patógenos, palabras derivadas del griego, de los médicos y filósofos clásicos griegos. 

Pathos en medicina es la palabra que se utiliza para referirse a un estado anormal y duradero producido por una enfermedad. Y el episodio va de eso, de la titánica lucha contra reloj del equipo del Jeffersonian para encontrar un antídoto y salvar la vida a Arastoo, como ya se había encargado el departamento de prensa de la Fox de anunciar. Y no es una trama original en Bones, en “El hombre de la Celda”, de la segunda temporada, ya hubo esa lucha contra el tiempo para salvar a uno de los suyos, precisamente a "una medicucha absurda, politiquera y medio tarada", como la llamó Hodgins y, que desde aquel momento pasó a ser definitivamente la gran jefa del Laboratorio Forense del Instituto Jeffersonian, la doctora Camille Saroyan. Cam.



Pathos en retórica, según Aristóteles, es una de las tres formas de persuasión de la audiencia mediante la emoción, y vaya si consigue emocionar. La interpretación contenida de Tamara Taylor, hace que, por primera vez, me crea la relación que existe entre ambos. Es emocionante oírla hablarle a un inconsciente Arastoo, decirle todo lo que harán cuando lleguen las vacaciones, pedirle disculpas por estar demasiado ocupada para dedicarle todo su tiempo, anunciarle, sí, anunciarle que va a salir con bien, que lo hará. Y es emocionante verla imponerse a Booth y a los demás y, apelando a lo bueno que se supone que hay en todo ser humano, suplicar al culpable que entregue el antídoto, porque el hombre al que quiere, un buen hombre, va a morir.



El personaje de la doctora Camille Saroyan me encanta. Una mujer libre, inteligente, independiente, irónica, divertida, responsable y buena gente. Hasta hoy no he entendido por qué los productores la habían relacionado sentimentalmente con Arastoo, un personaje mentiroso, vanidoso, irascible y lleno de traumas. Me parecía que la minusvaloraban con el único pretexto de ahorrarse unos miles de dólares en la contratación de otro actor. Y es que en los episodios en que la relación se ha sustanciado, Cam no se parecía en nada a la que nos presentaron en el primer episodio de la segunda temporada, El gigante en la vía del Tren


¡Stan, necesito gasas! ¡Dan, como no encuentres al dueño en diez minutos se desangrará al tiempo de ya!

Y aparece en pantalla Cam con la cara chamuscada, mal peinada y con un antebrazo amputado en las manos. Un éxito, con decir que la contrataron para seis episodios y se ha quedado seis temporadas más. Al parecer Hart Hanson la previno de que la gente la iba a odiar por apartar a Booth de Brennan. Pues se equivocó, nadie odió a Cam.



El siguiente plano muestra a Brennan y a Booth acercándose a Cam:

— Seely —dice a Booth

— Camille —responde él.

— No me llames Camille.

— No me llames Seely —replica Booth, para a continuación presentar una a la otra— ¿Os conocéis? —pregunta. Y las dos contestan —No.

Luego, a Hart Hanson le pareció más oportuno que hubiera sido que sí y las hace encontrarse al salir de un ascensor en el episodio 100, la aparente precuela de Bones, pero ya sabemos que su santidad es infalible en cuestiones de… Bones.

— ¿Por qué sigue aquí, doctora? —pregunta Cam a Brennan.

— Porque no soy forense y no trabajo para usted —contesta una Brennan un tanto extrañada por la osadía de la desconocida que se atreve a darle órdenes.

—Es cierto a medias.

Y entonces aparece una camilla llevando al hombre con el brazo amputado y Cam la sigue, antes le dice a Booth.

— Estas bien sin traje, Seely, ya te lo dije. 

Booth sonríe irónico y le responde,—Es un placer volver a verte, Camille.

Y la doctora Brennan con una sonrisilla sardónica y entre dientes, celosa, la crítica: 

— Va con un brazo amputado y de repente te tira los tejos.

Genial diálogo, en menos de dos minutos ya sabemos que es una mujer decidida, que sabe cual es su trabajo, que no se deja amedrentar por Brennan y que… Booth y ella son buenos amigos… tal vez más que eso. 


El Pathos también forma parte del binomio del Amor y la Muerte, y en este caso representa no sólo un estado del alma sino una expresión de sentimientos, tristeza, pasión, padecimiento, en definitiva, amor doliente. Esta explosión de sentimientos que aparentemente sólo afecta a Cam, tiene otra destinataria. La doctora Temperence Brennan.


Y es que tanto la relación de Cam con Arastoo como The Pathos in the Pathogens fueron planificados al principio de la temporada y tenían su razón de ser. Se necesitaba para el penúltimo episodio una trama que, permitiendo a David Boreanaz, dedicado por entero a preparar como director el último episodio "El secreto del Cerco", un trabajo actoral poco exigente (así ha sido, su participación se ha limitado a escenas de interior y diálogos escuetos), fuera precursora del final de la temporada. 



Porque ya se ha anunciado que la doctora Brennan se replanteará su relación con Booth precisamente en el episodio final, y que el tema "pendiente"  de la proposición de matrimonio se haría siguiendo la lógica de los personajes, según declaraciones de Stephen Nathan. Y para ello necesitaban mostrar un amante en peligro, ¿recordáis, pathos-amor doliente? 


Un amante en peligro de muerte que obligue a Brennan a reconsiderar, una vez más (¿cuántas van?) los fundamentos en los que durante las siete temporadas anteriores ha basado su carácter; había que destruir su racionalismo a ultranza y hacerlo, al mismo tiempo, completando la evolución del personaje, para que no chirriase demasiado. Y así esta temporada la han hecho hablar por primera vez con un cadáver en El fantasma en la máquina, la han mandado de visita al cielo en El Disparo en la Oscuridad para hacerle comprender en palabras de Shakespeare que "Hay más cosas entre el cielo y la tierra, Horacio, que las que sueña tu filosofía" y hasta la han hecho utilizar argumentos religiosos para ayudar a Booth a perdonar a su madre en La Fiesta en los Pantalones, toda una evolución. Pero faltaba el espejo, comprender con el ejemplo de Cam lo que sentiría si lo perdiera. En ese contexto la relación Cam-Arastoo ha realizado a la perfección el cometido para el que se pensó. 


¡Ah!, se me olvidaba hablar del caso del episodio. Pues que al Jeffersonian llega desde el CDC, Centro de Enfermedades Contagiosas de Atlanta, el esqueleto de una desconocida infectada por un virus mortal. Y el equipo al completo intenta descubrir no sólo quién es la víctima, sino quién es el asesino porque estará en posesión no sólo del virus sino del antídoto. La victima resulta ser una tal Mía Garrett, bloguera dedicada a la investigación de la corrupción de...



Pero sabéis qué, que ya he contado demasiado, que es un gran episodio, que tenéis que verlo y disfrutarlo como yo lo he disfrutado. Y prepararos para el infierno..., al menos eso es lo que se nos ha anunciado para el final de la temporada.