martes, 2 de abril de 2013

BONES: THE MAIDEN IN THE MUSHROOMS



Para que no haya errores lo digo desde el principio, este episodio era un chiste. Desde el mismo título: la muerta no era doncella, que conocía marido. Si se entiende como tal reconozco que fue divertido. Ha habido episodios mucho peores en esta temporada, al menos en éste había diálogos chispeantes y ritmo. 


Y si el título es un chiste, también lo es la introducción. La invención de la  escena de aparición de los cadáveres debe ser una de las competiciones de la sala de guionista de Bones, seguro que apuestan a ver cuál de ellos inventa la forma más ridícula y asquerosa. La de este episodio, la búsqueda de un tesoro y el hallazgo del vivero de setas es cuando menos original y no demasiado asquerosa.


Lo que me encantó fue la presentación de la nueva artista de la familia, Christine. Verdaderamente el papel pintarrajeado que le entrega Booth a Brennan es obra de un futuro genio de la pintura. Su madre, orgullosa, reconoce en las  manchas de colores la influencia del mismísimo Kandinski, el pintor ruso que dio comienzo a la abstracción lírica. En esos instantes sublimes en que contempla la obra de “arte” piensa, no me cabe duda, que cuando Christine crezca será el gran genio de que le estaba haciendo falta al expresionismo abstracto americano, que Pollock y los pintores de la Action painting como Willem de Kooning, serán superados por la obra de su niña. Que en esos momentos de íntimo orgullo materno le digan que Christine es como los demás, “normal”, que ha mordido a otro niño, supone para ella un trauma mayor que si en esos momentos Booth le dijera que  Angela le ha besado.


Y está en su derecho. Es su niña. Ya era hora que dejaran de decirnos que la doctora Brennan era una buena madre y se comportara como… una madre. Parece oportuno recordar el episodio de la temporada 2, “Mother and Child in the Bay”, cuando después de interrogar a las amigas de la victima, todas con niños de poca edad en brazos, le dice a Booth que no entiende a las madres. Que no entiende como son capaces de abandonar su vida y dedicarse por completo a criar un hijo. A ella, hasta ahora, los guionistas le han facilitado la labor obviando su parte maternal salvo en los primeros episodios después del parto de la séptima temporada, cuando aún  se estaban reconociendo las dos, pero en esta temporada la faceta maternal se había reducido a una función alimenticia.


Y además que si el episodio iba de chistes (el 1 de abril es el día de los Inocentes en los Estados Unidos) nada mejor que colocar a la doctora Brennan en una situación de ella contra el mundo, bueno a ella y a su hija, la pobrecita, acusada y hallada culpable de tan tremendo crimen mientras dormía, sin posibilidad de defenderse. Una Inocente. Menos mal que para demostrarlo tenía a su madre, una mujer racionalista, cabezota y testaruda, acostumbrada a salirse siempre con la suya. 

Porque las pruebas contra Christine son circunstanciales y los testigos y la víctima poco fiables a su entender. Por eso le pregunta al padre algo tan importante como si la supuesta víctima tiene antecedentes de acusaciones falsas. Es importantísimo demostrar su escasa fiabilidad, y si es necesario deconstruir su personalidad se deconstruye. Faltaría más. Que el padre, remiso y exasperado, le conteste que una vez llamó a la policía diciendo que había un monstruo bajo su cama, lo que no resultó cierto, no es de recibo. Eso no lo haría jamás una madre. Que en la misma escena del crimen, olvidándose de su profesionalidad, le pregunte si las pruebas contra Christine son sólidas, y Booth se lo recrimine, está mal, muy mal. Eso no se hace. 


Pero así son los padres, ¿no? La paternidad es una asignatura difícil de aprender, mientras que el instinto maternal viene ya inscrito en el ADN (Ja). No conozco a ninguna madre, racionalista o sentimental, que acepte sin más una acusación contra un hijo. Ya sea por una nimiedad, como un bocado, o por una masacre. Utilizará todos los medios a su alcance, buscará pruebas, contratará abogados, hablará con jueces, testigos, fiscales y si es necesario los sobornará, pero en ningún caso parará hasta exculparle.


Y Brennan, madre coraje por un día, respondiendo a la llamada de la sangre utiliza todos los medios del Jeffersonian (sin reconocer la corrupción que eso implica) para limpiar el buen nombre de su genial hija. Y hace moldes de sus dientes y busca el expediente de la “víctima”, una llorona blandengue, y comprueba la marca de los dientes con las huellas en la herida, todo para llegar a un veredicto en el que cabe la duda razonable, un ochenta por ciento culpable, un veinte por ciento inocente. Pues para Brennan es inocente. Tanto como O.J. Simpson.


No deja de ser también un chiste como Hodgins piensa recuperar su pérdida fortuna. Hay que ver, quién lo iba a decir, la salsa picante de la abuela de Finn, cuyo ingrediente secreto se llevó la anciana a la tumba: el amor. Lo que confirma la antigua teoría de la doctora Brennan (el amor es química) es que el espectrómetro de masas logra identificarlo, una hierba conocida como “granos del paraíso” que la convierte en sublime, la mejor salsa picante del mundo. Argumento no muy original por cierto, Paul Newman obtuvo una fortuna con una salsa parecida, pero la donó a una fundación. Hodgins no puede, lo que obtenga con la Opie and Thurston Sauce tiene que ser para pagar la hipoteca. Como cualquier hijo de vecino.


Y el final. El final me ha decepcionado. Sí. Al final la doctora Brennan reconoce ante Booth que Christine cometerá errores porque eso forma parte del crecimiento de cualquier ser humano. Booth que antes le había dicho que estaba orgulloso de que en la reunión con la directora de la guardería y los padres de la víctima se hubiera mostrado tan comedida, se da cuenta de que en el cuello tiene un mordisco. La evidencia de la culpabilidad de Christine. Y entonces Brennan le pide  que diga que se lo ha hecho él mientras hacían el amor. Él por supuesto se niega.

Y me ha decepcionado porque como tantas otras cosas en Bones, el sexo entre la pareja, se nos ha negado contemplar la evidencia. Con lo divertido que hubiera sido ver a Christine morder a Brennan.



Por cierto, que como pidió Stephen Nathan estoy viendo estos últimos capítulos con especial atención. Intentando encontrar las pistas para el final de temporada. Por eso me pregunto, ¿este episodio es un cabo suelto o la actitud de Booth, fuera de sus casillas en algunos de los interrogatorios, culpando del asesinato a un inocente sin comprobar antes las pruebas en su contra, evitando contradecir a Brennan sobre la excepcionalidad de Christine, tiene algo que ver con lo que ocurrirá en el episodio final?

El caso, ¡ah!, ¿pero hubo otro que no fuera el crimen de Christine?