miércoles, 30 de abril de 2014

BLACK BOX. La doctora baila sola.

“— ¿Cómo definirías normal, Catherine?” —pregunta una voz en off a la mujer del póster.No sé lo que significa “normal” —contesta.

Así comienza Black Box, la nueva serie de "médicos" que la cadena ABC estrenó el pasado jueves 24 de abril en sustitución de Scandal. Serán trece episodios que por lo sucedido en el estreno, no parece que vayan a hacerle sombra a la "sátira política" de Shonda Rhimes. Sus números 1,4 de share y 6,8 millones de espectadores.



Black Box, creada por Amy Holden Jones (Beethoven, Mystic Pizza) y producida por Bryan Singer (House, X-Men) cuenta la historia de la "neurociéntifica" Catherine Black, a la que interpreta la actriz británica Kelly Reilly (Vuelo, Orgullo y Prejuicio 2005). Catherine no es "normal", ni quiere serlo, es, a pesar de su juventud, una eminencia mundial, "el Marco Polo" del estudio y tratamiento de los trastornos del cerebro. Pero también es una persona con muchos secretos, el más importante: padece un trastorno bipolar.


El "intenso piloto" está principalmente dedicado a presentar a la doctora Black. Trabaja con enfermos mentales y estudia lo que según ella es el gran misterio a descubrir, la tierra ignota a conquistar en el Siglo XXI, "el cerebro humano". Soltera, hija de una mujer que se suicidó porque padecía un trastorno bipolar; cuando comienza la historia, su mayor conflicto es que su novio, interpretado por David Ajala, acaba de pedirle que se case con él después de un año de relaciones. Ella vacila. No quiere convertirse en su madre.



Y para que no quepa duda de lo "extraordinaria" que es, lo difícil que tiene parecerse a su madre, ama de casa divorciada con dos hijos, la doctora Black no sólo ha heredado el trastorno bipolar sino que es adicta a él. Al subidón que siente cuando se encuentra en la cresta de la ola, cuando tras tirar sus medicinas por el retrete, abandona la normalidad y se convierte en el genio al que todo el mundo aplaude.




Las consecuencias, que "baila sola" y no sólo metafóricamente. De puntillas en la barandilla de la terraza de su apartamento, se transforma en ángel”, vuela sobre la noche mojada de Nueva York y no se estrella. El subidón la lleva a hacer "cosas malas", pero no tan cutres como robar en una tienda de licores o jugar a la petanca en Central Park con los abuelitos. No, lasciva y concupiscente, se tira a todo aquel que se pone a su alcance y, por ahora, lleve pantalones. Eso sí, trastornada o no, les deja la cartera a mano para que se cobren.



Luego la brillante doctora atiende el caritativo deber de arrancar de los demás "el vicio" que con tanto deleite ella disfruta sanando o no a sus pacientes. Su entrega es total, menos el tiempo que le dedica a bailar la música de jazz que suena en su cabeza, a asistir a los partidos de baloncesto de su "sobrina", a las sesiones con su terapeuta a la que interpreta Vanessa Redgrave, a acostarse con su novio y con el nuevo cirujano del hospital. Agotador. A todo eso, nadie, más que su familia conoce el secreto.




Que ya en el piloto esta brillante, hermosa y sofisticada mujer esté dispuesta a suicidarse porque nadie la quiera, da la medida de la "intensidad y seriedad" de la trama. Que antes de hacerlo llame a su mamá-psiquiatra para que le cuente el cuento de la niña buena da sentido a los números de audiencia.

Tal vez en los próximos episodios traten casos interesantes de personas mentalmente enfermas, de los misterios del cerebro; pero los del piloto, un científico que de repente se vuelve artista y una anciana que tiene una amigo invisible enano, sólo sirven a la mayor gloria de la omnipresente y agotadora doctora Catherine Black.



Una pregunta ¿por qué será que desde que acabara House (2012), la mayoría de las series de médicos que se han estrenado: Mob Doctor (2013), Monday Mornings (2013),  Perception (2012) Emily Owens MD (2013) han terminado fracasando?