martes, 26 de agosto de 2014

Una década con Bones. La banda sonora de una historia de amor I.


PRIMERA PARTE: TOQUETEÁNDOSE.


— “Nos estábamos toqueteando como en una luna de miel” —dijo Brennan.
—“Tanteando” —la corrigió Booth.

Toqueteando, tanteando, qué más da, en realidad llevaban haciendo las dos cosas desde que los conocimos en la prevención del aeropuerto de Washington. Seis años de tantearse y toquetearse en vano les llevó reconocer públicamente lo que su corazón, el de él, y su cerebro, el de ella, sabían. Seis años en los que como decía la sabia Caroline Julian verlos juntos era como asistir a un baile de primavera.

Si se miran ahora en retrospectiva, acabadas ya las ansiedades, no parecen tan excesivos teniendo en cuenta el pasado que tan duramente los había marcado, en realidad fue el tiempo necesario para restañar las heridas y creer en el futuro.

En el origen de Bones no estaba previsto que lo que mantuviese fiel a la audiencia fuera la historia de amor de la antropóloga forense “racionalista y pragmática” y el agente especial del FBI, un hombre ciertamente confuso e instintivo; pero existe un lugar, una esquina de lo que se llama “arte”, en el que cuando se coloca frente a frente a una mujer hermosa y a un hombre atractivo se genera tal magnitud de deseo que al final inevitablemente brotan las emociones.

Ahora el amor de Booth y Brennan está enraizado no ya en su corazón, ese músculo que el menor contratiempo aplasta, sino en su sangre y sus huesos, tan hondo, tan hondo, que ni jefes que la Fox nombrara, ni rubias, ni conspiraciones, ni guerras, ni por supuesto asesinos en serie de chiste que les persiguieran acabarían con él.

En ciento noventa episodios nos lo han contado. Realmente no hubieran necesitado tantos, en diez se resume toda la historia, pero así lo hemos disfrutado más.

Estos son y estas las canciones que los iluminaron, bien porque las eligió Hart Hanson, bien porque Kevin Edelman, el supervisor musical de Bones, le ayudó.

1.  TWO BODIES IN THE LAB


Hart Hanson ha dicho que fue hacia el episodio cinco o seis de la primera temporada cuando se dieron cuenta de que la pareja podían acabar juntos. Pero no fue hasta Two Bodies in the Lab (escrito por Stephen Nathan) cuando esa atracción se puso de manifiesto, cuando por primera vez, ante la presencia de un posible rival, Booth apareció celoso, cuando por primera vez demostró que aunque fuera un hombre confuso, tenía sangre caliente en las venas. 


Aunque estaba en su casa para protegerla no pudo evitar decírselo: ”Soy de sangre caliente”, y aún fue más explícito: “Dime, ¿estás caliente chica?, para mí pareces estar de esa manera.  Ahora depende de ti, ¿Podemos tener una cita secreta?” —le pidió por boca de Foreigner.

“Bien, soy de sangre caliente, compruébalo y verás. Estoy a 103 grados de fiebre. Ven chica, ¿haces algo más que bailar? Soy de sangre caliente, soy de sangre caliente de sangre caliente. Todas las noches de sangre caliente, pareces tan ceñida, de sangre caliente, ahora me vuelves salvaje, de sangre caliente, estoy tan caliente por ti, pequeña” —insistió.

La canción elegida no podía ser otra: HOT BLOODED de FOREIGNER.



Pero no estaba de dios que ella aceptase la cita, al contrario, se fue con otro y aunque la casa explotó no fue causa la combustión del deseo. Sin embargo al final, en secreto para sí misma y para todos, Brennan  respondió, a su manera, porque la infección había prendido en ella. Y aunque los productores que no querían calentar demasiado la brea, les prohibieron tocarse, el magnetismo de los polos les empujó el uno hacia el otro. Viéndoles entonces no quedó ninguna duda de que llegaría el día en que tendrían su cita secreta.

2. THE WANNABE IN THE WEEDS

Pasaron los años, los asesinos, las falanges bailarinas, los tanteos y los toqueteos… hasta hubo un beso, de hermanos, dijo ella, de franceses, dijo él, pero resultó que hundió la flota del Pacífico. Una mentirijilla que sólo a ellos engañó. Las chicas nos estábamos divirtiendo. 

La canción: GIRLS JUST WANNA HAVE FUN



“Llego a casa, en la luz de la mañana. Mi madre dice "¿Cuándo vas a vivir tu vida correctamente?" ¡Oh madre! querida nosotras no somos de las afortunadas. Y las chicas, ellas quieren divertirse. ¡Oh! las chicas solo quieren divertirse".

!El teléfono suena a la mitad de la noche. Mi padre grita "¿Que vas a hacer con tu vida? ¡Oh papá querido! tu sabes que sigues siendo el número uno. Pero las chicas, ellas quieren divertirse ¡Oh! las chicas solo quieren divertirse.”

No parecía la más apropiada para la doctora Brennan, ella, racionalista y empírica no quería divertirse, en realidad, no sabíamos siquiera que supiera hacerlo. Abandonada en la desolación no había nadie, salvo Booth, que se atreviera a preguntarle “¿Cuándo vas a vivir correctamente tu vida?

Y aunque nunca le respondió, una noche cedió, quiso divertirse y hasta cantó; pero no estaba de los dioses que la sonrisa se mantuviese por mucho tiempo en su rostro, su crecimiento necesitaba otro empuje de la fatalidad que, disfrazada de Pat La gorda, se la cortó con un disparo. Booth cayó salvándole la vida. Y ante la soledad que se le avecinaba, ella sólo rogaba cada vez más desesperada:

¡“Vamos, Booth, vamos!” ¡Vamos!

Y conforme él se iba yendo, ella iba desapareciendo.

3.  THE END IN THE BEGINNING


A veces sucede: la ficción es más real que la vida misma.

The End in the Beginning, y su realidad alternativa, son un regalo, un hermoso regalo (porque todo el mundo sirve a alguien) del creador de la serie para los fans de Bones.

Pero también para Booth y Brennan. Porque la gente piensa (ellos también), que sólo se vive una vez y se desesperan; pero en eso, como en tantas otras cosas se equivocan. Se viven tantas vidas como se sueñan ya sea con los ojos abiertos, tecleando en un ordenador o con los ojos cerrados y el cerebro obnubilado por las drogas. Todos mentimos, a los demás y sobre todo a nosotros mismos. Booth y Brennan no son diferentes, tenían secretos ocultos, los de él para ella, los de ella para sí misma.

“Amas a alguien y te expones al sufrimiento, esa es la triste realidad. Tal vez te rompan el corazón, tal vez le rompas el corazón y nunca serás capaz de mirarte a ti mismo de la misma manera, son los riesgos.”

En la realidad de The End in the Beginning asumieron los riesgos. Hart Hanson disfrazado de doctor Feelgood, se colocó en una esquina con su Chevy del 65, les vendió una dosis de las que hacen sentirse bien liberándoles de sus temores, de su desesperanza. “Ves a dos personas y piensas, son el uno para el otro y no pasa nada”.

Y en el viaje los secretos se hicieron posibles. En el espejo con el que cortaron la dosis pudieron ver que “Aunque la idea de perder el control de la felicidad personal sea insoportable, es sólo una carga. Al igual que la de las alas, sentimos el peso en nuestras espaldas, pero son una carga que nos eleva, carga que nos permite volar.”


Y además y sin temor a la policía, que por eso era el dueño de la esquina, hizo algo insólito para quién había estado cuatro años enfriando la brea, permitió que la tormenta que llevaban dentro se desatase. Por entonces, con tanto tanteo la presión les ahogaba, la sangre se les acumulaba, demasiada adrenalina a punto de colapsar sus glándulas suprarrenales. Lo hicieron, aunque fuera sólo en un sueño húmedo en el que él con la voz ronca dijo “Me gusta que me hagas eso…”

Y es que cuando la esperanza se siente incapaz de vencer a la razón, una dosis de felicidad es suficiente al menos durante cuarenta y dos minutos para mantenernos en el camino.

La canción: DR. FEELGOOD DE MÖTLEY CRÜE




4.  HARBINGERS IN THE FOUNTAIN


Pero todo “viaje” tiene su despertar. Su cruel despertar. Y Booth, ante la huida de Brennan y las dudas sobre sí mismo, avivadas por ese aprendiz de diablo que es el doctor Sweets, se dejó engañar. “Mira tu escáner”, dijo arteramente el favorito de los dioses, celoso de su felicidad. “No la amas”, insistió. “El amor es química. Mira cómo se apagaron las luces de Navidad de tu cerebro”.

E inseguro, no en vano acababan de meter su cerebro en una trituradora, se volvió hacia la vieja amiga  en busca de consejo, “Si le dices que la quieres y luego cambias de opinión, la matarás”, profetizó “celosa”.

Y él que en el fondo sabía que no era cierto, cobarde se dejó embaucar: “A veces es mejor quedarse con la segunda opción”. Nunca lo ha sido dejarse arrastrar por el miedo. Aunque para no abandonarle a la desesperación, la vidente, apiadada de su infelicidad, le aseguró que todo terminaría bien. No era el tiempo, no era el lugar.

El miedo, el maldito miedo le impidió guiarse por la luz de su corazón, el miedo, el maldito miedo le derrotó.

La canción no podía ser otra que FEARLESS de CYNDI LAUPER.




5.  THE PARTS IN THE SUM OF THE WHOLE


— Vamos a tener que decirle esto a Sweets con mucho cuidado —dice Booth.
— Si hubiera un error en uno de mis libros yo querría saberlo. —Aquí dice “Trabajaron juntos por primera vez resolviendo el asesinato de la becaria del Congreso Cleo Geller”
— ¡Ah, sí! —reconoce Booth— Es cierto, tuvimos un caso antes.
— ¿De qué creías que hablaba?
— Todo el tema del amor.
— ¡Ah! ¿Eso de que estamos enamorados? Eso me da igual.

Siempre es un riesgo comenzar una historia por la mitad, in media res, que se dice en el argot, y sin embargo en Bones salió bien. Cuando los conocimos supimos que tenían un pasado juntos que no resultó muy feliz. Lo que descocíamos era cómo de hondo había calado el daño.


The Parts in the Sum of the Whole es, como The End in the Beginning, un regalo. Había que celebrar el episodio 100 de Bones no todas las series lo consiguen y  como la Fox no cedía y no había manera de dejarlos disfrutar del amor, Hart Hanson lo pensó y se dijo “Umm. ¿Cómo complazco a la audiencia, como entretengo a estos dos?” La solución estaba en el principio. Y nos  hizo volver al pasado para averiguar por qué a pesar de la ardiente saliva y las lenguas lujuriosas, el romance no cuajó.


Aunque el instinto de jugador de él le previno que podía haber un final distinto, que aquella hermosa mujer con el corazón encerrado en el cofre del olvido, podía ser la que estaba escrito que le enderezase el rumbo, no fue capaz de atraparla. Porque resultó que ella aparentemente no tenía corazón y ni borracha de whisky renunció a su arrogancia. La perdió, empapado, bajo la lluvia se quedó rumiando lo que podía haber sido y no fue.

La canción que les dio la oportunidad no podía haber sido mejor elegida Mmm de LAURA IZIBOR



Solo con estar cerca haces que todo esté bien”.Eres la luz en la oscuridad que guiarás mi camino a casa”.

Solo tenían que escucharla, mirarse el uno al otro y decir sí. En cambió ella le dio una bofetada. “No tienes cerebro”, le dijo. “Ni tú corazón”, respondió él y los dos se quedaron solos y sin futuro.

Pero Booth es un jugador y a pesar de los signos, de la Fox y de la maldición de Luz de Luna volvió a apostar, quería pasar con ella el resto de su vida. Él era su hombre. Lo sabía. Pero ella, de nuevo cobarde renunció “No soy como tú”, le respondió.

Y al final, desesperados e insatisfechos partieron hacia rumbos distintos. Cuando se volvieran a encontrar las cosas ya no serían igual.


Continuará...