martes, 5 de mayo de 2015

Bones. Reseña The Big Beef at the Royal Diner (10.16). Un exquisito regalo.




El gran regalo para los fans que prometiera Stephen Nathan al hablar del episodio 206 resultó ser una divertida e instructiva “lección musical de anatomía”, con la que los 206 huesos que componen el esqueleto de un ser humano adulto reciben un "sentido" homenaje. No en vano son la base sólida de Bones.  

Todo comenzó con una tortita y una canción de Christine Booth (interpretada por una cada día más segura y divertida Sunnie Pelant). Que Christine sea un genio disfrazado de niña de cuatro años con gabardina amarilla no debe extrañar a nadie. En la escena inicial, tan doméstica, se las compone para, primero, escandalizar a su padre: en la tortita que le ha servido como desayuno no vislumbra la cabeza de Mickey Mouse sino los huesos de la cadera; el primer bocado es para el sacro, y hacer las delicias de su madre que casi babea ante la inteligencia de su vástago...



... Para luego, escandalizar a su madre y provocar la admiración de su padre, que le hace los coros, cantando una canción infantil sobre los huesos del cuerpo humano. Que su madre ponga el grito en el cielo por su incorrección anatómica no tiene por qué extrañarnos, que no esté dispuesta a consentir que se hable de algo tan inapropiado como el hueso del pecho y se proponga corregirlo tampoco. Aunque tal vez nosotros sí debamos escandalizarnos de que con un denuedo digno de mejor ocupación se dedique durante el resto del episodio a componer una canción sobre los huesos del esqueleto humano ¡anatómicamente correcta!, faltaría más.

En fin, una lección de anatomía la del jueves pasado menos tétrica que la de Rembrant, más amable, aunque no exenta de sombras; pero antes  de continuar, felicitar a Hart Hanson, a Stephen Nathan, a Emily Deschanel, a David Boreanaz, a todo el elenco, a todo el equipo que han hecho posible que Bones llegue a los 206 episodios y a Dana Walden, la mujer que al frente del estudio Twenty Century Fox tuvo en su día, allá por finales de 2004 y principios de 2005, la visión que nos ha traído hasta aquí, la visión que ha convertido a Bones en la serie dramática de más larga duración del estudio.


Y aunque todos los críticos dan por segura la renovación de Bones para la undécima temporada (final y corta) no está por demás recordarle a la señora Walden que gracias a Bones ha ganado un montón de billetes verdes, ella y todos los que han trabajado en la serie. Que los únicos que no hemos ganado nada somos los fans. Que aunque la serie es suya, diez años de fidelidad también la hacen nuestra y, que nosotros y Bones, la Bones que aprendimos a amar en el Piloto, nos merecemos no un cliffhanger, ni “un final que parece muy feliz pero que no estará libre de tensión y aprensión(Nathan dixit), sino un Gran Final que rindiendo homenaje a la vieja Bones premie nuestra fidelidad.




Entrando en materia, The Big Beef at de Royal Diner, para mí que es un falso amigo. Nos lo vendieron como un episodio divertido, un regalo, una celebración y aunque no puede terminar mejor, con ese clon a pequeña escala de la familia Trapp que son por ahora los Booth, rapeando alegres, haciéndose cosquillas en el diner, la diversión hay que ponerla entre comillas porque al formar parte del gran arco de “cierre de temporada que puede ser cierre de serie” a la par que atiende a algunas subtramas accesorias, lanza cargas de profundidad en la que es, por ahora, la gran trama, la recaída de Booth en el juego.

LOS ACCESORIOS


 “Clark y Temperance”.  
Somos un buen equipo”, le dice Brennan al doctor Clark Edison cuando están examinando los huesos de la víctima.
— Sí lo somos. Ya sabes,  es… es sólo que siempre me extraña que te refieras a mí por mi nombre de pila, Temperance —le responde reticente, Clark.
— Pensaba que no te atrevías a llamarme por el mío.
— Sí, es como un disparo, dolió un poquito, pero hizo más fácil para mí darte esto —y le entrega sus notas para la canción sobre los huesos.

Hace unos años una conversación como esta era imposible de escuchar. El compañerismo y la igualdad con la que ahora se relacionan tiene muy poco que ver con el “limpie usted los huesos” con el que lo recibía Brennan no hace tanto tiempo. Su “intimidad”  se inició en The Ghost in the Killer (9.12) y junto con “¿Ha llorado usted mister, Abernathy?” fue por entonces la prueba palpable del cambio experimentado por Brennan tras la boda.   

Y la verdad, resulta alentador que los guionistas no la hayan olvidado, que hayan permitido a Brennan abandonar su extrema competitividad; que se haya dejado, por una vez, guiar por alguien que no sea Booth o Angela aun en algo tan nimio como la composición de una canción.
  


— “No es como si antes no hubiésemos sido ricos”. La recuperación de la fortuna del doctor Hodgins era una deuda que los productores de Bones tenían con su personaje, que lo haya logrado por sí mismo, con el sudor de sus meninges, que no le hayan devuelto su inmensa fortuna, sino apenas unos escasos dos millones de dólares pero, que a sus oídos arruinados y a los nuestros, suenan como si fueran miles, se debe, cómo no, al  espíritu progresista de la serie, que no está el mundo como para convertirlo en un vulgar capitalista.


Y aunque peguen saltos de alegría, Hodgins y su mujer son gente responsable, tanto que no se dejan atrapar por el sonido de los billetes cayendo en su cuenta corriente y, por ahora, no abandonarán sus puestos de trabajo, después de todo por experiencia saben que el dinero puede desaparecer tan rápido como viene.



— La jefa no era un ogro.  A la doctora Saroyan la hemos visto durante estos nueve años aplicar, como jefa responsable, a rajatabla el reglamento interno del Jeffersonian (las excepciones le vienen impuestas por los dioses de Bones, léase su relación con un subordinado) con las miras siempre puestas en un bien superior, que su laboratorio sea una institución de referencia ante los tribunales, que sus informes no puedan rebatirse, que sus pruebas no sean rechazadas.
Ocho años dirigiéndolo como una  estricta gobernanta, intentando controlar a puñado de genios "locos", le han creado una inmerecida fama de “mala”, y de hecho, tanto Angela como su marido piensan mal de ella. Hodgins no sabe cómo decirle los millones que va a ganar con su invento. Los dos creen que se enfadará cuando se entere que el Jeffersonian no recibirá ni un dólar. Y así les pasa, que se quedan con la boca abierta cuando una contentísima Cam les felicita por su éxito y se alegra, se alegra inmensamente de que alguien la haya pifiado al redactar los reglamentos.  Eso sí la celebración la pagarán ellos.

LAS CARGAS DE PROFUNDIDAD



Cargas de profundidad o miguitas de Pulgarcito para encontrar el camino hasta el final, eso es dependiendo del cristal de las gafas con las que lo miremos, es lo que nos han metido en el episodio. Medidas de presión, de manipulación para lo que está por suceder en el final.

LA ANSIEDAD DE CAM…



… ante la situación de Arastoo en Iran, sus miedos; está convencida de que algo malo le ha pasado. Un correo en el que dice que está hambriento cree que significa que le han encarcelado. Su culpabilidad, la necesidad de recurrir a los otros para que le ayuden a soportar sus dudas, tan impropias de una mujer segura y fuerte como ella, de una mujer que en lo concerniente a la relación con Arastoo hasta ahora había mantenido una gran discreción.

Que sea Brennan y no su amigo Booth quien le explique qué tanto miedo, tanta duda se debe a que no encuentra la razón de todo por lo que está pasando. Que fue el temor de Arastoo por su seguridad y no la incapacidad de ella para el compromiso lo que hizo que no le dejara acompañarlo y que añadiera “Yo también lo habría hecho”, es la justificación de lo que está por venir en The Murder in the Middle East.


LA VIDA AL LÍMITE DE CHILI REUBEN


Podría ser el título de un narco corrido, pero puesto en el contexto del final de la temporada, el asesinato de Chili Reuben un crítico gastronómico, de restaurantes de cuchara de grasa (los típicos diner), un adicto a la comida basura, fritangas, alitas de pollo con helado y demás "porquerías", de la que su programa de televisión hacía apología; un hombre al servicio de sus vicios, drogadicto, mafioso, borracho y mujeriego, que vivía como un cerdo refocilándose en su adicción— no deja de ser una manipulación interesada.

Un hombre que lo tenía todo, fama, dinero, un nuevo páncreas, un nuevo hígado y en cambio…, rodó, rodó cuesta abajo y sin frenos hasta acabar (su esqueleto) aplastado en el barro por una señora sobrada de quilos; Y quien no vea el paralelismo que se pretende establecer con el camino de perdición que ha iniciado Booth es que está ciego, porque su asesinato viene con moraleja: las vidas llevadas al límite en el límite acaban. Lo dicho, manipulación interesada… 

El asesino, los sospechosos, los inocentes, la investigación y las gracietas del que resulta ser su fan número uno, el agente del FBI James Aubrey, son entretenidas, pero más que hablar de ellas, me interesa hablar de:

EL EXQUISITO DETALLE


Intentar explicar el carácter de un personaje de una serie de televisión como Bones es harto complicado, la mayoría de las veces su comportamiento está lastrado por las necesidades de la producción (como queda patente con la deconstrucción del personaje Booth que a mayor gloria de su intérprete, David Boreanaz, han iniciado este final de temporada). Nos guste o no, hay que reconocerles que lo estén haciendo bien, que están siguiendo paso a paso la ortodoxia psicológica de la adicción al juego,  hay unas pautas reconocibles adecuadas a lo que de la infancia y de la vida adulta de Booth antes de conocerlo nos han contado.

Booth fue un niño maltratado que cuando creció sublimó la ferocidad de su alma, la violencia recibida poniéndose al servicio del estado. Y eso le ayudó, la violencia que ejercía sobre los otros no era responsabilidad suya, él cumplía órdenes que siempre creyó, porque le convenía, dirigidas a un bien superior. Un hombre que cuando se quedó sin la voz que las impartía convirtió su vida en un verdadero desastre; luego llegó Brennan, la vio, se enamoró primera vista y cuando la supo víctima quiso ser su rescatador; durante nueve años lo fue.


Ahora, ahora Brennan es una mujer completa. Brennan ya no le necesita, Booth en su fuero interno lo siente así y el miedo a perderla se ha apoderado de él.  ¿Qué puede necesitar un genio, una mujer que siente ya el dolor de los demás y empatiza con ellos, de un pobretón agente del FBI sin más cultura que la que le da la vida en la calle?

No sé si es una apreciación mía o alguien más lo ve así, pero para mí que desde que nació Christine, el viejo Booth desapareció, parece como si tras la consecución de su sueño viviera con miedo, no a la muerte, sino a perder lo que tanto le ha costado conseguir; a que un día la racional doctora abra los ojos y le descubra como él se ve: un asesino, un adicto, un perdedor.

Por eso, ahora, cuando gana, cuando está en lo alto de la montaña rusa, lo primero que hace, hombre enamorado, es llevarle un regalo exquisito a su mujer, no a Bones, sino a su mujer. Y en una inquietante y estremecedora escena que hay que revisar para captar todos los matices, una mirada, una mueca, una sonrisa, un cambio del peso del cuerpo de un pie a otro, nos dicen más de lo que realmente está sucediendo que las palabras que entre  marido y mujer intercambian— vemos llegar a Booth al laboratorio, ansioso y exultante. Lleva para ella un regalo que nunca antes le ha podido hacer, un regalo que sabe, porque la conoce, que apreciará,  una hermosa joya.


¿Te gusta? —pregunta  ansioso al entregarle la caja de terciopelo.
Y no hay más que ver su sonrisa deslumbrante, lo orgulloso que se siente cuando, después de que Brennan le haya dicho que le encanta, le ayude a ponérselo.


¿Cómo me queda? —pregunta coqueta y muy feliz.
Como si hubiera hecho la elección correcta —Responde él



Y mientras Brennan, ignorante, reconoce que es una pieza exquisita, Booth le explica con la mano en el corazón que estaba hablando de ella. “Tengo tanta suerte de tenerte como mi esposa”.  Para mí, en esa frase esta la clave de lo que Booth está viviendo, cree que no se merece a Brennan, que es sólo por su suerte por lo que la tiene.



¿Qué ocurrirá cuando no gane, cuando las pérdidas se acumulen? ¿Cuándo las mentiras se descubran? Porque ese tiempo, el tiempo del dolor, llegará, Booth va camino del precipicio y aún así sigue corriendo cuesta abajo. La segunda parte de la escena es la demostración palpable. Ahora es Brennan quien le entrega un regalo a Booth, su moneda de la sobriedad, la había perdido y a pesar de que antes siempre la llevaba consigo ni se había percatado.


Que la escena se cierre con una mirada un tanto extraña de Emily Deschanel no desmerece el tono de la misma, estamos al principio de la historia y no es tiempo de descubrir lo que para Brennan aún está oculto (tal vez debiera haberse cortado cuando Booth recoge la moneda).

Y como sobre ellos, aún no han caído la máscara de la derrota,  les es permitido participar en la alegría inocente de su hija. Que The Big Beef in the Royal Diner termine con Christine cantando, con los tres rapeando puede resultar, sabiendo como sabemos lo que está por llegar, ciertamente triste.



Antes de terminar dos citas significativas del Agente James Aubrey. Y lo son no tanto en el contexto del episodio como de la serie, que diría el doctor Hodgins (experto en conspiraciones)


— “Es muy decepcionante comprobar que tu héroe es un guarro”. Y
— “Entonces te despiden del show  y tu carrera se va por el retrete pero si terminas con unos datos de audiencia altos entonces eres una propiedad valiosa”. Se lo dice Aubrey al productor del programa de Chili Reuben, a quien la cadena ha pedido que termine los episodios que estaba rodando. ¿Verdad que parece escrito por un productor al que están a punto de cancelarle su serie?

Pero no mentemos a la bicha. Y vayamos a fundido a negro.




PP.  Antes de cerrar quiero expresar mi agradecimiento a los fans de Bones que han hecho posible que este blog, símbolo de una adicción, se haya convertido en estos tres años en fuente de satisfacción. Y si Bones ésta semana batió un record, este blog, precisamente el 30 de abril, batió otro, más de 25.500 páginas visitadas durante el mes. Soy consciente de que no es mi éxito sino el de Bones. Gracias de todo corazón.