martes, 23 de agosto de 2016

Bones. Reseña The Fire in the Ice (4.13). Es hockey.



Por Consuelo Fernández Zamora

Que David Boreanaz es un apasionado del hockey sobre hielo es un hecho  bien conocido, que posiblemente a su pasión por este deporte se deba la trama principal de este episodio, puede ser; pero bien venida sea su pasión porque aunque sea un deporte un tanto bruto, un deporte en el que un cierto grado de violencia no sólo es permitido sino aconsejable, es un deporte apasionante.



Vamos, que no es sólo a  Cam quien disfruta viendo a los jugadores, unos hombretones, pegándose mamporros, y no creo que se deba a que  “La visión de hombres peleando estimule la parte de tu cerebro que aún no ha logrado encontrar al hombre apropiado”,  como Brennan le dice a la hooligan, porque encontrarlo se le encuentra, otra cosa bien distinta es que tenga la paciencia y el encanto de Booth.



Aunque eso de que Booth sea el hombre apropiado podemos discutirlo, porque en el episodio, centrado en su carácter se muestra encantador, comprensivo y paciente con las mujeres, con su equipo.




Y sin embargo con sus enemigos es duro, violento, implacable. Y además tiene remordimientos. No, sé, no sé…

Lo que sí que es indiscutible es que Fire in the Ice (4.13) sin ser uno de los grandes capítulos de Bones, es un gran capítulo. Uno de los que la han hecho grande, de los que nos han traído hasta aquí.

Y es que lo tiene todo:

—Hockey, peleas.


Booth sin camiseta.



—Un caso interesante en el que él es sospechoso.



—Un enfrentamiento con Sweets sobre su ira. 



Si no fuera así estarías muerto y no sólo temblando—le responde cuando quiere saber si la mantiene controlada.
Una rival, ¿de Brennan?



Percibo cierta tensión sexual con la agente Perotta —le dice Sweets a Booth después de haber asistido al interrogatorio en el que a ambos no se les cae la sonrisa de la boca. 

— ¿Cómo voy a saber lo que tú estás percibiendo? 
—Una rival ¿de Booth?



Cuando Caroline, después de abroncar a Hodgins y a Wendell por haber ido solos al apartamento de la víctima, les confirma que las joyas encontradas en el acuario fueron robadas en un incendio la agente Perotta dice:
 - Mis chicos tenían razón.

-¡¡¿Tus chicos!!exclaman sorprendidas y a dúo Cam y Caroline.

Somos chicos de Boothle responden al unísono Hodgins y Wendell.
 
Y por supuesto


Uno de los finales más románticos entre Booth y Brennan. Los dos en la pista de hielo, él conduciéndola, ella dejándose conducir. Ella agarrándose a su brazo, él confiándole los secretos de su alma.

Comenzamos el capítulo. Todo el equipo está viendo como Booth y Wendell juegan al hockey, un partido de aficionados.



Cam está totalmente entregada, es una hooligan, continuamente animándolos. Brennan, en la inopia del juego, saca sus propias y equivocadas conclusiones. 



Cam le explica las reglas, que Booth es lo que se suele llamar “el policía”, el que los defiende a al resto de los jugadores del equipo, el que administra los castigos cuando los del otro juegan sucio.


Y bien sucio que juegan, sucio, muy sucio. Wendell recibe una entrada muy brusca  y Booth como buen protector se subleva, enzarzándose a empujones y golpes con el del otro equipo,  hasta que el árbitro lo expulsa...


Y termina, feliz en la jaula sonriéndole con esa sonrisa suya a Brennan a través del cristal.



Booth se reincorpora al juego, los del otro equipo siguen jugando sucio  hay entrada muy brusca contra Wendell y Booth como buen protector, ante la ceguera de los árbitros “Con mis chicos no se juega”, comienza a golpear repetidamente al agresor con su puño en la cabeza, bueno, en el casco, mostrándonos una cara suya nunca vista; su cara más “violenta”. Un enfrentamiento que conforme avanza parece convertirse en personal, el resto de los jugadores se mantiene aparte y en el que ambos terminan citándose para encontrarse después del partido y continuar la pelea.




Cuando acaba el partido, Brennan, sin cortarse, se presenta en el vestuario de los hombres para preguntar a su caballero andante si la necesita, si su mano está bien...



Y bendito Booth que vuelve a ser el hombre tranquilo de siempre, y con una sonrisa la invita a cerrar la puerta.




Está bien la introducción del caso. Padre e hijo practican la pesca en  el hielo, y cuando comienzan a taladrar la sangre fluye y después un cadáver. Los nuestros entran a la resolución del caso.



Cuando Booth y Brennan están examinándolo encuentran un colgante. Se lo había visto Booth a Peter Carson el jugador con el que había tenido el encontronazo, por lo que pasa a ser sospechoso del asesinato.



Caroline entra en escena, la agente Perotta será responsable del caso mientras Booth sea el sospechoso. Brennan no está conforme pero. Perotta, inteligente, dice que Booth seguirá en el caso pero en segundo plano.




En la sala de interrogatorios asistimos a una escena muy simpática entre la agente Perotta y Booth, el flirteo es evidente. Cuando ella le pregunta por lo sucedido, Booth se defiende: es hockey.



Cuándo le pregunta dónde fue después del partido, él contesta que estuvo solo porque Brennan lo llevo a casa pero después se fue. Lo que Perotta interpreta es que le está diciendo que Brennan y él no son pareja, y que quizá tiene mucha información no deseada.


De repente el coqueteo se acaba y Perotta y pregunta

¿No cree usted que su experiencia como hijo de un hombre alcohólico y maltratador lo hacen a usted violento?


Booth  le cambia el rostro, su sonrisa desaparece y salta como un resorte, se levanta de la silla y busca a Sweets que sigue el interrogatorio tras la falsa ventana.


Sabes que yo no he matado a nadie —le dice muy enfadado— esto que estás haciendo es estudiarme.

Sweets lo reconoce y Booth insiste —Si quieres estudiarme pregúntame tú, no la uses a ella.

Y hay que reconocerle a Sweets al menos presencia de ánimo, porque lo intenta, porque le hace las dos preguntas que mencioné al principio. Porque se atreve a negarle que está temblando. Aunque cuando Booth le ordena:



— No vuelvas a mencionar a mi padre. 

Y sale de la habitación cerrando la puerta con un ligero ruido, el doctor pega un respingo.



Sí que tiemblo —reconoce.


De vuelta al a sala de interrogatorios siguen con su tonteo con Perotta, que se quita el pinganillo de la oreja, abiertamente. ¿Se machaca mucho? 




Booth contesta que sí, que bastante. Ella le hace un cumplido está claro que le gusta mucho cuidar su cuerpo.




Perotta Brennan y Booth se dirigen al apartamento de Peter Carson, la víctima, en busca de pruebas. Y allí encuentran un gran acuario con sus peces muertos y una casera un tanto especial que resulta ser la amante secreta.



Hodgins determina que murió ahogado en agua procedente de  la pista de hielo, y Brennan sugiere que es gracioso que todo siga apuntando a Booth como sospechoso.


Interrogando a los miembros de su equipo Perotta y Booth averiguan que la víctima, un bombero voluntario, se había peleado con el jugador del equipo de la policía, que tenía un lio con una patinadora un tanto celosa, y que  además era un jugador de cartas.  Las pistas les llevan a una timba de póquer y a un enfrentamiento con pistolas. La organizadora, que no quiere líos les entrega una pulsera con la que Carson pagó sus deudas de juego.




Brennan Perota y Booth acuden a la pista de hielo, buscan el lugar del asesinato, y Booth tiene la idea de para tener luz negra dejar solo la bola central de mil cristales. Encuentran el lugar.




Hodgins y Wendell van al apartamento de la víctima en busca de los peces muertos para descubrir… que no habían muerto de hambre. Que murieron todos al mismo tiempo. Aunque aún no sepan lo que significa para el caso no importa, tienen que seguir la filosofía de Brennan “encontrar todos los hechos y luego ver como encajan”.



Cuando Booth va a ver a Sweets para que firme el informe que le libere de las sospechas, se vuelve a producir un nuevo enfrentamiento entre ellos con motivo de la violencia que Booth ejerció sobre la víctima. 




“Es hockey”, dice Booth, “protegía a su compañero”. 



Sweets insiste “Fuiste al ejército, te hiciste francotirador y luego al FBI”.


Para Booth la violencia no es el común denominador de esas elecciones. Tal vez lo hizo porque le encantan los uniformes.

Pero Sweets insiste, cree que está preparado para enfrentarse al hecho de que la violencia que sufrió en su infancia le ha seguido  hasta ahora.




Booth le interrumpe, se le nota incómodo por los derroteros que está tomando la conversación. La aparición de Caroline les corta el punto. No obstante cuando Booth se marcha se vuelve desde la puerta y le dice:


—He matado pero no asesinado, mira la diferencia en tu librito negro —Y aunque suya sea  la última palabra, las de Sweets le han hecho mella aunque no lo reconozca.

Reunidos Caroline, Perotta y Booth llegan a la conclusión de necesitar el ADN del policía con el que Peter Carson tuvo su último enfrentamiento para seguir con la investigación.


Booth sabe cómo conseguirlo, jugarán un partido, él se encargará de hacerle sangrar pese a su mano escayolada. 




En la grada las chicas mantienen una conversación. Perotta le pregunta a Brennan si Booth es de esos hombres a los que les gusta tontear. 



¿Tontar? repite Brennan con cara de no entender.
¿Dirías que parpadea con todas las mujeres?




Y Brennan que es más inteligente de lo que parece contesta 
El parpadeo es una reacción que se produce cuando la pupila se dilata mucho lo cual es una reacción inconsciente a una atracción sexual. 
¿Entonces no parpadea con todas?—Pregunta Perotta.



No— dice Brennan retorciendo su hociquito.
Y Perotta se conforma.


Mientras tanto en la pista el partido está siendo duro, Booth se lanza a saco contra el policía que al principio no parece inmutarse, aunque cuando le golpea en la nariz y le hace sangrar se cabrea, se revuelve le empuja con las dos manos y Booth cae al suelo golpeándose la cabeza.




Y Booth alucina. Literalmente. Porque ante él se presenta el jugador Louis Robitaille, una leyenda del hockey, quien mientras juegan un uno contra uno insiste en que se olvide de la sangre, que se fije en lo que une al equipo.



Al intentar fintarlo Booth vuelve a caer en el hielo. “No eres tu padre” —le dice Robitaille, respondiendo a las palabras de Sweets— “proteges a los que te importan en el hielo y fuera del hielo. Tú no eres así. No eres tú padre.”



Brennan está tirada en la pista llamándolo. Booth está aturdido por el golpe 
¿Qué haces en el hielo, Huesos? —le pregunta.
—Es que estaba ansiosa— responde— como no te levantabas.



En el despacho de Brennan hablan de su alucinación,  de que Louis le haya dicho que se olvide de la sangre. Ella está escéptica de que le haya dado un consejo en un caso de asesinato. Sweets cree que la alucinación podría ser el subconsciente de Booth hablándole a través de la imagen de alguien a quien idolatra.



Una versión moderna de la anunciaciónpropone Brennan irreverente en una de las mejores frases del episodio.  Booth no quiere discutir, ni contarle a Sweets lo que Louis le dijo sobre sí mismo, sólo que Brennan lo lleve a casa y le compre sopa.

Hodgins y Wendell terminan descubriendo en el acuario un montón de joyas perdidas en un incendio en el que la víctima había actuado como bombero, los peces murieron porque antes de esconderlas, Carson las lavó con amoniaco.



Booth en casa mira en su ordenador qué es lo que une al equipo, como le dijo en su alucinación. Todos son bomberos y llevan jugando juntos desde que eran críos. Brennan llega con la sopa. Está hablando con Booth cuando viendo su equipo de ropa de hockey descubre que el ata cordones fue el arma homicida.


Reúnen a todo el equipo, Booth también ha descubierto que uno de ellos tenía posibilidades de jugar en la liga profesional de hockey pero una lesión se lo impidió. ¿Quién te lesionó?, le pregunta Booth. Y fue Peter Carson, que no sólo le lesionó sino que la noche de su muerte, cuando él insistió en que devolviese las joyas que había robado del incendio,  le llamó cobarde porque no le hizo nada por hundirle la vida. Y lo mató,  la humillación fue el detonante. 



Y en la escena final vemos a Brennan trastabillando en  la pista de hielo, intentando patinar, cayéndose de culo. Booth la levanta. No importa, de todas formas esa noche no puede dormir así que quién mejor que ella para hacerle compañía.


Y aunque Brennan sigue tropezando, aunque casi tira a Booth, arrogante dice:
Tengo una habilidad innata para los deportes.
Oh sí, ya lo veo —dice Booth soltándola.



Y Brennan logra mantenerse en pie sobre la pista.
Bien hecho —la anima.


— A la agente Perotta le gustar trabajar con nosotros —le dice Brennan mientras patinan alrededor de la pista cogidos de la mano —, pero yo solo quiero trabajar contigo.




Y cuando ella quiere saber lo que le dijo Luky Luciano sobre sí mismo. Booth que se lo había ocultado a Sweets se lo explica:


Dijo que no soy como mi viejo, que soy una buena persona.
Bueno, no conozco a tu viejo —responde Brennan colgándose de su brazo— pero creo que eres muy buena persona.




Y a pesar de que Booth le diga que se olvide de Perotta que entre ellos nada cambiará, a pesar de que ella crea que eso es un imposible porque la entropía es una fuerza natural que todo lo cambia.



Lo cierto es que cogidos de la cintura, juntos han seguido patinando, juntos han llegado hasta aquí. Es cierto que nada es igual, pero todo es lo mismo. Ella se sostiene en él y él se sostiene en ella.