martes, 1 de diciembre de 2015

Bones. Reseña "The High Treaser in the Holiday Season" (11.08)


En nuestra época no existe la posibilidad de mantenerse fuera de la política. Todos los asuntos son asuntos políticos y la política, en sí misma, es una masa formada de mentiras, evasiones, locura, odio y  esquizofrenia”

George Orwell

Había previsto publicar mañana la reseña, pero he cambiado de opinión porque me niego a dejarme vencer por el desaliento, porque creo no soy la única, que muchas fans piensan como yo. La demanda que Emily Deschanel, David Boreanaz y Kathy Reichs han interpuesto contra la cadena Fox por los beneficios de la serie (leer aquí), tal vez suponga el fin de Bones, eso es lo que predicen en Twitter. Tal vez sea así, pero hoy, en este momento Bones aún está viva, los nuevos showrunners están cumpliendo su palabra de hacer todo lo posible para que la serie sea renovada y en lo que llevamos de temporada hemos visto muy buenos episodios. 



Estoy con ellos, estoy con Bones y lo seguiré estando hasta que definitivamente alguien baje el telón. Pero eso no va a suceder hoy, ni siquiera mañana. Nadie a puesto fecha al duelo. Aún es posible la esperanza. Hoy, ahora, es tiempo de seguir como siempre, preocupándonos por el día a día de Bones, por las fotos de los nuevos episodios, por las promos, por las reseñas. Hoy, ahora es el día de abandonar la molicie de las vacaciones y publicar la reseña del episodio de... hace ¡¡dos semanas!! De ese buenísimo e interesante episodio que fue The High Treaser in the Holiday Season, un episodio con muchas cosas para discutir. 

Y si ya es difícil que al hablar de Bones no surjan malos entendidos, imposible se me antoja que no aparezcan al hablar de política, porque eso es, en mi opinión este episodio, una fábula política.

Creo que a los seguidores de Bones no nos interesa realmente hablar de política, que lo que nos gusta es hablar de Bones y tal vez ese sea el trasfondo real de mi tardanza; pero nos interese o nos deje indiferentes, hoy en día, como de su época, decía el escritor George Orwell, todo es política; desde la baldosa que pisamos cuando el despertador suena hasta la lámpara que apagamos cuando nos  vamos a dormir; desde el tren en que nos montamos para ir a trabajar, a la terraza en la que nos sentamos a tomar la última copa o el concierto al que asistimos o el último episodio visto de nuestra serie favorita.

Bones, aunque ha mantenido unos principios humanista y solidarios, siempre ha sido discreta al tratar ciertos temas controvertidos. Sin embargo en The High Treaser in the Holiday Season, en un episodio que las fans esperaban familiar, entra de lleno en el debate que hoy en día, a raíz de los atentados terroristas de Paris, está en la calle. El debate entre la necesidad de restricción de derechos en favor de la seguridad de los individuos y de la sociedad. Debate que no por casualidad lo relacionan con la celebración del día de Acción de Gracias.

Este gif pertenece a  mi amigo 
gracias por enviármelo

Sin embargo el principio del episodio no puede ser más representativo de esa tranquila felicidad con que los showrunners están compensando a Booth y Brennan y de paso a las fans, de los desgraciados sucesos de la temporada pasada y del comienzo de esta. El principio es Brennan mintiéndole a Booth.  Y aunque  Dios no le haya concedido el don de la mentira, sí que lleva, como todo ser humano, inscrito en su acervo genético el gen de la mendacidad que utiliza para sobrevivir al interrogatorio de Booth

Porque Brennan al comenzar el episodio habla por teléfono, cuando se percata de que Booth está a su lado corta azorada la conversación “Luego te llamo”, dice. Tan rápidamente que tendría que haber sido Booth sordo y ciego  para no percatarse de que no quería que él la oyese. Es un tele vendedor, se excusa. ¿Vas a devolverle la llamada? pregunta Booth, sin gota de “sarcasmo” en la voz. “No quiero ser grosera”. Y porque es un genio, pero…



                      Este gif también pertenece a  
                                                            gracias.


Incluso los genios se aturullan cuando los pillan en una mentirijilla, y Brennan, entonces hace lo que cualquiera en su caso haría, cambia de tema. Está pensando que en Acción de Gracias pasarán del pavo. Por supuesto Booth pone el grito en el cielo. ¿Buscas una pelea para que me olvide de la mentira? No, está siendo vegana y responsable con el medio ambiente y la humanidad. Son cuatro y sólo Booth comerá pavo. Un despilfarro.

 Quién la ha visto y quién la ve ahora. Brennan en la primera temporada, tenía licencia de caza en cuatro estados y comía carne. Claro que después de diez años los intereses personales cambian y no hay porqué pensar que los de Emily Deschanel se le han acabado reflejando. Booth no se lo puede creer, ¿Va a dejarle sin la posibilidad de ponerse a reventar de pavo, sin la posibilidad de quedarse inconsciente en su sofá oyendo el partido de fútbol mientras su organismo intenta digerir el gran bolo de carne reseca, pastel de calabaza y salsa de arándanos que se ha zampado?



Pero Booth es un hombre de recursos, y tiene la solución. Invitar al comilón de Aubrey, sin embargo, para nuestra sorpresa y la suya Brennan le pregunta ¿Lo dices en serio? Y Booth temeroso de quedarse sin pavo amplía el número de invitados, que vengan también Angela, Hodgins, Cam y los internos del Jeffersonian. Brennan acepta, pero él se encargará del pájaro muerto. Y a mí me surge una duda, no de que Booth sea capaz de asar el pavo sino ¿qué significa ese “Lo dices en serio”? ¿Está Brennan resentida con Aubrey por algo? Pero claro, como siempre cuando las cosas se ponen interesantes suena el teléfono y es tiempo de que comience la fábula…

LIBERTAD DE PRENSA Y RESPONSABILIDAD

En los diez primeros minutos del episodio se hacen dos afirmaciones políticas  que en otro momento parecerían liberticidas, dos afirmaciones  que puestas en el contexto de lo que ocurre hoy en día desgraciadamente resultan menos polémicas: Libertad de prensa sí, pero con un límite y visión histórica y por tanto relativa de los hechos.


Porque la víctima del caso es Vivien Prince, famosa reportera política que acababa de publicar los archivos de las escuchas ilegales de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), incluidos datos de los comandos (contratados con la empresa Graystream Solutions ) que realizaban operaciones encubiertas por orden de la agencia.

Y lo plantea Aubrey al decir que nadie debería morir por defender la libertad de prensa. Nadie, al menos en su país, es decir, está sobreentendiendo que a la víctima la ha matado la NSA. Booth centra el tema, no se trata de libertad de prensa, se trata de los límites de la libertad de prensa. Vivien no había robado los archivos de la NSA, eso lo había hecho su informante, su garganta profunda “El Americano”, pero los ha publicado. Y no tenía derecho a divulgar el nombre de los comandos que llevan a cabo misiones encubiertas. Estaba equivocada, dice Booth.


Claro que Booth es parte interesada, después de todo él ha sido uno de esos “agentes encubiertos”. ¿No le dijo él al senador Hadley en The Recluse in the Recliner  (9.24) “Ha cruzado usted la línea” cuando le preguntó si había asesinado en Pakistan a un ciudadano norteamericano? Si Vivien hubiera querido sólo denunciar que la NSA incumplía la ley debería haber hecho público los nombres de los responsables, pero no ponerle en la espalda de los agentes de campo una diana, dice Booth. 

Y ese es el debate, ¿debe ponerse un límite al derecho de información? ¿Un límite a la ambición de quienes manejan la información? ¿Un número clausus a las exclusivas? La corrupción, la de los gobiernos, la de las grandes empresas, las de las pequeñas sociedades o la de los individuos debe ser combatida y eso sólo se consigue con información, con veraz información. Pero dicho esto que es obvio ¿Los secretos de Estado deben seguir siendo secretos de Estado?


Precisamente el pasado viernes 20 de noviembre, el escritor Manuel Hidalgo publicaba  en El Mundo el artículo titulado  Hacerse cargo,  en el que mantenía la tesis, a raíz de lo sucedido con los atentados de París, de que estamos recibiendo hoy en día demasiada información que no sólo no sabemos procesar e interpretar sino que termina por hacernos daño. Volviendo al caso y puestos en el lugar de quienes reciben la información, el interés según Booth, según Bones, está en conocer a los responsables de las órdenes ilegales y no en conocer los nombres de los “soldados” que las ejecutan.



Vivien, quien tenía sobre su mesa la cita de George Orwell de la imagen, nos dice Booth, nos dice Bones, fue una irresponsable, una egoísta que publicó la lista de los comandos en beneficio de su ambición, lo que a la postre le costó la vida, porque dado el estado de la prensa, la competencia inmisericorde a la que se enfrentaba de una reportera joven dispuesta a comerse el mundo con tal de conseguir aparecer en el primera página, ella, Vivien estaba obligada a no pararse a pensar en las consecuencias de sus publicaciones. Primero publicar la exclusiva, luego, tal vez, rectificar, pedir perdón si las circunstancias se vuelven adversas. 


Porque la prensa, las empresas periodísticas, enfrentadas a las nuevas formas de recibir y difundir información por las redes sociales, sienten que le tiemblan los cimientos. Hay dos escenas que me parecen increíblemente descriptivas de lo que sucede. La primera precisamente cuando Booth y Aubrey van al Sentinel, al periódico en el que trabajaba la víctima. Booth se extraña de la tranquilidad que reina en el periódico y Aubrey le responde que es porque ya nadie los lee.


Booth se escandaliza, él necesita tener para empezar la mañana una taza de café en una mano y el periódico en la otra, necesita sentir el tacto pringoso de la tinta en los dedos. Y Aubrey le llama viejo. Booth protesta y dice que él no es viejo, que eso es tradición. Booth responde a lo que Cándido, uno de los grandes periodistas españoles, decía y que Manuel Hidalgo cita en su artículo: “Los periódicos nos permitían hacernos cargo del mundo a la hora del desayuno”. Aubrey, hombre de su tiempo, ya no necesita leer el periódico para hacerse cargo del mundo, le basta con conectarse a la red, a cualquier  red para estar al día. Booth está viejo.


La segunda escena transcurre en el despacho del director con pinta de bonachón pero… que en cuanto conoce la muerte de Vivien le encarga la redacción de la noticia a su periodista más atractiva, a la que su foto le consigue más lectores. Aubrey al verla comprende las operaciones de cirugía estética a las que se había sometido la víctima para seguir en la brecha, Booth inocente, le dice que creía que a lo que se dedicaban los periódicos era a contar historias y el director le contesta "Ya no". Ya no. 

VISIÓN HISTÓRICA 


Precisamente por sus principios políticos Bones no podía dejar las cosas en esos términos, por eso Brennan introduce la visión histórica del tema y lo introduce con una de las frases que más podían cabrear a Booth. George Washington, el primer presidente norteamericano, fue un traidor a su patria, Inglaterra, levantó un ejército contra su país. ¡Quién sabe lo que la historia dirá dentro de 200 años de Vivien Prince! Lo mismo la puede considerar una traidora como alguien que contribuyó a que el país experimentase un gran cambio, una regeneración.

Y aunque Booth enfadado no lo acepte, aunque siga diciendo que Vivien estaba equivocada, aunque vaya a atrapar a su asesino, no echará en saco roto las palabras de Brennan. Y es que si Brennan ha cambiado desde que conoce a Booth, si Booth ha trastocado su vida, también ella ha trastocado los cimientos de Booth. Y al final, cuando el traidor y el asesino resulten ser la misma persona, Booth presentará las pruebas que le inculpan del asesinato, no las de la traición.


LA INVESTIGACIÓN DEL ASESINATO


Comienza con una invitación, la de Booth a Aubrey para la cena de Acción de Gracias, y aunque le asegura que habrá pavo de verdad y no el sustituto de la carne que Brennan preconiza no parece que al comilón le haga demasiada gracia, pretendía que le llevaran a jugar al golf con ellos al magnifico campo para privilegiados donde ha aparecido el cadáver. Brennan no está por la labor y eso me lleva a preguntarme una vez más, ¿tiene Brennan algo contra Aubrey? Por ahora dejémoslo ahí.




Quien no lo deja es Brennan que invita a Hodgins y a Cam mientras tiene las manos en la masa, digo en el cadáver, después de todo la textura del pavo es parecida a la del cuerpo humano. A Aubrey, sin que sirva de precedente, se le quita el apetito.


Descartada casi de inmediato como autora del asesinato, Kate, la periodista competidora que había robado el portátil de Vivien, la investigación se centra en el marido, del que se había divorciado porque la pilló con otro hombre en una hotelito de esos tan discretos que por no tener no tenían ni siquiera facturas y en el director de la empresa contratista Graystream Solutions, que debido a la publicación de Vivien había quedado desmantelada.



La presencia del agente Ryan Gill, de la Agencia Nacional de Seguridad Nacional en el Jeffersonian pretendiendo supervisar la investigación no sólo obliga a Cam a demostrar por qué es la jefa, al despedirle con cajas destempladas, “O trae una orden judicial o llamo a seguridad para que le pongan de patitas en la calle”, sino que despierta en Hodgins su instinto anticonspiraciones.


Aunque de poco le sirve, de todo lo que hacen a partir de ese instante tanto en el FBI como en el Jeffersonian la NSA lo sabe. En Bones no lo  hacen pero en The Good Wife, la serie de la ABC, tratan de frikis cotillas a los agentes de la NSA.


No es un friki el agente Gill, pero está en todas partes. Booth y Brennan se lo encuentran en el hotelito, había ido allí en busca del pendrive desaparecido de Vivien, el que le había entregado “El Americano” con los archivos. Lo que Brennan encuentra son huellas de sangre y a un camarero que recuerda que el marido llegó cuando se encontraba allí con otro hombre y la golpeó. La tapa con la que cubre los platos del servicio de habitaciones llama su atención, con eso la golpeó el asesino. El hotelito es el lugar del crimen.


El marido insiste que él no la mató, se llevaban bien después del divorcio y además tiene coartada. Quien no parece que la tenga es el agente Gill, sus huellas estaban por toda la habitación. Hodgins reniega cuando la están procesando, ¿puede ser alguien tan estúpido? O tal vez no sea estúpido. Tal vez sea el asesino, ¿o tal vez sea el hombre con el que se acostaba?, ¿o tal vez sea “El Americano”? Y lo escribe en un cuaderno a pesar de que el hotelito está protegido contra las escuchas.


Y en el diner les cuenta su teoría a Booth y a Brennan. Booth quiere detenerle de inmediato por traición, Hodgins se opone, sería su muerte, tiene que haber una forma de hablar con él en secreto, pero Booth no tiene tantos miramientos, es un traidor que puso en peligro la vida de docenas de agentes, no merece ningún trato especial. “Trataba de hacer lo correcto”, le defiende Hodgins”.




Y Booth, con dureza,  le pide que pare, él que nunca ha defendido a su país, no tiene ningún derecho a defenderle. Brennan le detiene cuando se va enfadado, “Deberías escucharlo”, dice. Y Booth se  equivoca al enfrentarse a ella. “Estás de su lado, esta semana ha sido la de los secretos”. 


Pero algunos secretos son buenos secretos y cuando Booth se da la vuelta se encuentra con que alguien le dice:
Hola, Papá.


¡Parker! —exclama Booth sorprendido de verle allí.


Sí, algunos secretos son buenos, y ese era una sorpresa para su marido. Al hijo desaparecido” en la Gran Bretaña, Brennan lo devuelve a casa por Navidad, digo, por Acción de Gracias. Y además les regala entradas de primera para ver jugar a los Flyers.



 Booth realmente aprecia lo que acaba de hacer su mujer.



Y como lo aprecia, se reúne en secreto con el agente Gill en el hotelito. Con un detector de metales se presenta para ver si Booth lleva micrófono. No lo lleva,  pero  consigue que confiese que él es El americano. Nunca quiso que murieran los agentes, intentó convencer a Vivien de que no publicase la lista, pero no lo consiguió. Booth, sin más pruebas que su confesión, lo detiene por traición, los del Jeffersonian han encontrado evidencias de que Vivien fue torturada, todo apunta a que la asesinó el director de Graystream Solutions.




Y esa es la parte más rocambolesca del episodio, ¿cómo iban a torturarla y para que les entregase el pendrive, para que les entregase al traidor y porque Vivien no hablara se largan sin matarla? Pero tenemos que creérnoslo, si la hubieran matado ellos, nunca la hubieran encontrado, dice el director. Vale.


En el Jeffersonian cuando Brennan coteja todas las heridas del cráneo se da cuenta de que tuvo que haber dos armas, la tapa de la bandeja de plata y otra que causó menos daños, y la descubre gracias a Hodgins que fiel a su teoría conspiratoria sigue buscando, con el detector de metales que Booth le ha quitado al agente Gill, los micrófonos de las escuchas.


Brennan se percata que la golpeó el agente Gill con el dichoso detector, lo dicen los restos en el cráneo. No sólo es el traidor, también es el asesino. Su excusa que Vivien no sentía ninguna responsabilidad por las muertes que la publicación de los archivos provocaba. Era periodista. Y él en vez de asumir su error, fue y la mató. Era un asesino


Pero no todo está resuelto, ¿dónde están las pruebas de la traición del agente Gill?, ¿dónde está el pendrive con los archivos? A nadie parece preocuparle… ¿a nadie? No. El doctor Hodgins lo busca y lo encuentra dónde debía estar, donde no lo buscó nadie, en la escribanía de la mesa del despacho de Vivien. Kate, como toda periodista que se precie lo pilla casi infraganti, pero no es Vivien aún, y se le escapa la exclusiva, después de todo sería mejor que se fuese a su casa a celebrar Acción de Gracias.

ACCIÓN DE GRACIAS


No sé a vosotros, pero a mí me encanta la última escena, es entrañable, un regalo de los showrunners para los fans. La cámara entra en la casa de los Booth Brennan y nos deja a entrar a nosotros con ella. Lo primero que nos muestra es un plano general de la escena desde una esquina del comedor, en primer plano la mesa primorosamente puesta para ocho comensales. Ocho sillas, dos de diferente diseño, está claro que los Booth-Brennan, a pesar de sus millones, no habían previsto cenas para tantos invitados; ¿la mesa? Dos mesas, hay otra pequeña dispuesta al lado con sillas bajitas. ¿Qué enanitos se sentarán en ella? La trona de Hank en la cabecera ¿se portará bien o salpicará a la tía Angela de salsa de arándanos?



Y el plano cambia para ir presentándonos a los presentes, primero se detiene en Parker y Booth que en el sofá juegan a las carreras en un vídeo juego; luego en Christine y Michael Vincent que se entretienen dibujando, ella le sonríe; después en Cam que con una copa en la mano también sonríe, para volver de nuevo a fijarse en Booth y Parker, al parecer Booth va ganando la partida. Desde detrás del sofá Brennan con Hank en brazos y Angela los contemplan “Está bien juntar a tus niños?, dice Angela un tanto envidiosa, “Sí, y todos tienen el mismo grado de madurez”, responde Brennan que aún no ha asimilado que Booth quiera una moto de nieve de regalo y esté dispuesto a buscarla como un niño bajo el árbol la mañana de Navidad.



Las familias grandes son agradables —dice Angela que al  parecer tiene en mente aumentar la suya. Brennan le entrega a Hank, el tanque, que debe pesar un quintal, para que vaya practicando.

Aubrey en el grupo de Cam y el doctor Fuentes trasiega lo que él cree que son alitas de pollo y según Cam tofu con corazones de alcachofa. La cara del tragaldabas es todo un poema.



Si el pavo no es pavo me voy al diner —declara preocupado. Cam sigue sonriendo.



Y en estas llega el doctor Hodgins y aunque el ambiente sigue siendo hogareño, algo del mundo exterior entra con él, trae el pendrive, la prueba de la traición y quiere hablar con Booth.

Y esa conversación merece reseñarse palabra por palabra porque muestra la bonhomía de dos hombres opuestos tanto por su nacimiento, su formación y su experiencia, como por sus ideas y pensamientos; dos hombres que a pesar de sus diferencias reconocen en el otro no sólo la capacidad de discernimiento sino la bondad de sus acciones, dos hombres buenos que confían el uno en el otro.




Cuando Hodgins le muestra el pendrive que acaba de encontrar en el despacho de Vivien, 


Booth supone que el doctor va a publicar su contenido para volar en pedazos la NSA.



Nodice el bendito doctor Hodgins decididoTe la daré a ti. No creo estar cualificado para decidir qué hacer con eso. Si alguien lo está eres tú.

¿De verdad confías en que yo sabré que hacer? le pregunta Booth.

Sí, lo hago.
Y entonces Booth paga confianza con confianza y le devuelve el pendrive al doctor Hodgins.


— Destrúyelo —le dice— así nadie saldrá herido.

Esos, señores, son dos hombres buenos.


Y el momento pasa, la fábula termina cuando Brennan convoca a los presentes a comer ¡¡Fofurkey para todos!! Es un chiste, asegura Booth para tranquilidad de algunos de los presentes.



Y cuando se dirigen a la mesa vemos a una hermosa mujer rodeada de amor y amistad, a una Brennan resplandeciente. A una mujer que jamás será polvo en el viento porque el amor de Booth la amarró a la tierra. Aunque los showrunners perdieran la cabeza y por mor del conflicto hicieran que la pareja atravesara tierras de penumbra, nada podrá destruir la idea de que Booth y Brennan consiguieron el milagro del amor. El que rompe las leyes de la física y hace posible que dos cuerpos ocupen un solo espacio. Ese por el que a pesar de lo sepamos imposible todos suspiramos.




P.P. Lo repito hasta el último fundido a negro seguiré hablando de Bones, criticando a Bones, disfrutando con Bones, sufriendo con Bones. ¿Seguiréis vosotros?

Otro P.P. Salvo los gifs de Gustavo del resto desconozco el nombre del autor, los he cogido de Twitter, algunos de BonesonFox.