sábado, 23 de abril de 2016

Bones. Reseña The Murder of the Meninist (11.12). La actitud y la mariposa.



“Sabemos lo que somos, pero no en lo que podemos convertirnos”
William Shakespeare

Hoy se cumplen trescientos sesenta y cinco días del estrenó del episodio The Eye in the Sky (23 de abril de 2015), no lo menciono por la efemérides, sino porque un año después estamos donde estábamos con diferente protagonista. Si el año pasado Booth, por mor de la tensión dramática, se convirtió en mentiroso y jugador, ajeno al hombre que conocíamos. Esta temporada, por la misma necesidad, el enajenado de sí mismo es el doctor Hodgins.

Aunque visto The  Murder of the Meninist, lo primero que se detecta es la diferencia de tratamiento; con Booth y Brennan  ni mostraron demasiado al monstruo ni se atrevieron a llegar a las últimas consecuencias, a la ruptura y separación de la pareja (como en principio habían decidido hacer),  tal vez temerosos de las reacciones airadas de los fans; ahora, me temo que el doctor Hodgins y  Angela van a recorrer todas y cada de las estaciones de un doloroso viacrucis. ¿Se atreverán? ¿Los separarán (temporalmente, claro)? Visto lo visto y atendiendo a lo previsto tal vez sea una posibilidad muy real.




Pero mejor hablemos del episodio. Un buen episodio con una fotografía que se sale de lo rutinario para mostrarnos bellísimos encuadres (no en vano lo ha dirigido Ian Toyton, quien fuera por muchos años el productor ejecutivo encargado de los directores de los episodios), y que sin embargo me deja, a pesar de su humorístico y cariñoso final, un sabor agridulce, una insatisfacción. Un episodio en el que la felicidad de Booth y Brennan sirven de contrapeso a dos tramas complejas y polémicas: la “Actitud” del doctor Hodgins ante lo definitivo de su lesión y la reivindicación extravagante y ridícula de los derechos de los hombres “The “Menenist”.

LA ACTITUD DEL DOCTOR HODGINS


Permitidme que empiece citando a mi madre “El mal, malos hijos cría” suele decirlo cuando, sintiéndose mal, se comporta mal con los demás. No, no la busquéis en la Wikipedia, no lo encontraréis. No sé si le es propia, o si en realidad es  una deformación manchega de andar por casa del principio filosófico que dice que “El bien engendra el bien, el mal engendra el mal”. No lo sé y  no me importa. Mi madre tiene razón.


La prueba, la “Actitud” hiriente, autocompasiva y amargada que el doctor Hodgins  muestra en The Murder of the Meninist, la “Actitud” que le ha provocado saber que las terminaciones nerviosas de su medula espinal se han atrofiado.  Mientras que la esperanza en su recuperación le acompañó fue el mismo Hodgins de siempre, “King of the Lab”,  Angela, el amor de su vida; ahora, en cambio, es “Rey de sus amarguras” y Angela el recipiente dónde derramarlas.



Es realmente desagradable ver su comportamiento. Lo es. Desde la primera escena en el Royal Diner, cuando Angela les cuenta a Booth y a Brennan lo permanente de su lesión, y a pregunta de Brennan de sí no siente nada, responde “No, tengo un montón de sentimientos, enfado, furia.” Y añade “No estoy seguro de si esto último es un sentimiento o simplemente una actitud realmente cabreada”.  Es una actitud, le confirma Brennan.


Una actitud que le lleva comportarse como si tuviera la mente llena de escorpiones. Todo le molesta, todo le daña. Rechaza con malos modos la ayuda de su mujer para mover la silla de ruedas cuando alguien choca con ella, ofende gratuitamente a Booth despreciando su invitación a ver el partido porque ya está bien de caridades.



Contra todos arremete. “Quiere que le echemos una mano, doctor Hodgins?, le pregunta Cam cuando tiene dificultades para acceder al número de serie del vehículo dónde encontraron muerto a la víctima. “No, pero me vendrían bien un par de piernas nuevas”. Y ante la mirada de estupor del equipo les pregunta sarcástico ¿No sois fans del humor parapléjico? ¡Público exigente!”, protesta.



Nadie es fan de su humor parapléjico, aunque nadie aún, comprensivos con su dolor, se decida a mostrarle la sinrazón de su comportamiento, de la que él es plenamente consciente, lo es, pero aún no está preparado para reconocerlo. Cuando sus esperanzas volaron, el daño, el mal de su cuerpo engendró su desesperación interior,  en la que con gusto, como si fuese un cochino en un lodazal, por ahora, se refocila.



Porque su cuerpo impotente sólo es capaz de engendrar sarcasmos y malos modos. Nadie puede ayudarle en este momento, ni Angela que consciente del dolor que siente, del proceso que está atravesando,  lo apoya y apenas protesta Mira, sé que esto es difícil para ti, pero no puedes tratarme así”.



Ni Cam, con sus experimentos, ni el doctor Fuentes con sus indirectas: “Un hombre que trata a una mujer como basura no es un hombre”. De las que se defiende atacando “¿Cómo llamas a un hombre que nada sutilmente juzga a un parapléjico? “Para ser sincero, lo llamo un amigo.” Le responde.



Inútilmente, Hodgins en este momento está ciego, asustado, condenado a enfrentarse al mundo desde su silla de ruedas, su perspectiva ha cambiado y es tan incapaz de ver al amigo, como de dejar de herir    una y otra vez a la mujer que ama, a la mujer que lo ama. Y literalmente al final del episodio la echa de su lado.

Cuando Angela al ir a buscarlo encuentra su ordenador abierto en la página de una asociación de parapléjicos, se siente orgullosa y feliz, ha buscado ayuda, eso supone un progreso, al final va a estar bien.



¡Bien! ¡En buena hora se le ocurrió pronunciar esa palabra, concebir esperanzas! Porque Hodgins la interrumpe iracundo “No. Y tú no sabes de qué demonios estás hablando!”  “Al menos ellos (los de la página web) son sinceros, saben que no voy a volver a ser la persona que era antes.”



Y entonces, cuando Angela le pide que no grite la echa, vaya si la echa, ¿Esto te parece duro? Porque no tienes ni idea de cuánta ira estoy frenando. Puedes aceptarlo o irte. ¿Sabes qué? Deberías, sí, Angela, deberías, deberías irte porque te prometo que esto no va a ser fácil”. Conmiseración, conmiseración… Les esperan tiempos duros.

LOS “MENENIST”


Reconozco que desconocía el término inglés “Menenist”, que al parecer significa defensor de los derechos de los hombres, lo que visto así podría considerarse el antónimo de “Feminista”. En español el antónimo de feminista es  “Machista”, con lo que podríamos estar hablando de algo así como “el machista que defiende los derechos de los hombres.” La víctima era uno de ellos. Una alhaja que pensaba que la razón por la que las feministas se manifiestan “sobre sus derechos reproductivos es para distraernos de su verdadera intención que no es otra que  deshacerse de la especie masculina.”



¿Verdad que dan ganas de pegarle un puñetazo? Booth las siente. Pues lindezas como esta hay muchas más en el tópico ideario de la asociación que había fundado, Men Now: “La institución del matrimonio es el mayor peligro al que los hombres se enfrentan hoy en día”; “Si una mujer viste como una puta, es como si llevara un letrero que dijera “Viólame”.



El problema es que la víctima, además de una alhaja, es víctima de la violencia en la pareja. Una epidemia mundial que corroe a la sociedad (ver datos), que en España el último año ocasionó la muerte de más de 70 mujeres en manos de su pareja. Un grave y sangrante problema que The Murder of the Menenist al elevar la anécdota “los menenistas” a categoría, minimiza.

Porque a la víctima su mujer le pegaba antes de divorciarse y los jueces, desoyendo la realidad de su relación, le condenaron a pagarle una pensión alimenticia de diez mil dólares al mes. Y sí, es lógico que la injusticia le estuviese enfadado contra las mujeres. El problema es que él sólo ladraba, que cuando intentó conseguir pruebas de la relación sentimental que su exmujer mantenía con otro para tratar de reducirle la pensión, lo mataron. Su ex mujer y su amante lo mataron. Terrible. Y frívolo que la investigación de su asesinato se centre en el extravagante ideario de su asociación, que se relacione con la lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.



La lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres es una lucha ante la que ninguna mujer puede ceder. Una reivindicación en la que como no podía ser de otra manera está la doctora Brennan, miembro para sorpresa de Booth de la asociación americana de Mujeres por el Cambio y no una “Bra Burner” cómo en broma y medio escandalizado la llama Booth, (literalmente quemadora de sujetadores de los sesenta del siglo XX). Y Brennan se horroriza ante la idea de que un grupo de hombres blancos de mediana edad se sientan oprimidos por las mujeres. Para ella, que las mujeres ganen menos que los hombres por el mismo trabajo es “Algo discriminatorio e ilógico, que tiene tanto sentido como que alguien crea en maldiciones”.



Pero tampoco se puede ceder un milímetro en la lucha por la erradicación de la violencia en la pareja, ¡nos va la vida! No se puede aceptar que la relación entre un hombre y una mujer sea una relación de poder, que la violencia sea algo consustancial a la relación. En mi opinión se trata de un problema cultural, pero sobre todo de educación. Y las series, las películas con su inmenso poder de transformación de la sociedad no deberían frivolizar el tema. Y mucho menos Bones que durante estos once años ha mostrado con exquisito cuidado y respeto en las relaciones de pareja.



Porque lo han frivolizado, porque en busca del aplauso han premiado lo excesivo, la prueba: el puñetazo de Brennan al socio de la víctima en la sala de interrogatorios. El hombre era un sociópata, tiene razón ella, pero  por muy misógino que sea no parece muy razonable que diga a Booth en la sala de interrogatorios, refiriéndose a Brennan, “Todas las perras tienen que llevar bozal en algún momento.”



Booth comedido, le pide que se calle antes de que entre ellos dos suceda algo de lo que se tengan que arrepentir. Y entonces Brennan deteniéndolo porque podría perder su trabajo por golpear a un civil, se adelanta y le pega un derechazo al “menemista” que le rompe la cara. 



¡Bien hecho, Brennan! Gritamos entusiasmadas las boneheads. Mal hecho, guionista. Y ¿sabéis qué? Que es una injusticia que presenten cargos contra Brennan, deberían presentarlos contra el guionista del episodio por el desafuero (es broma). 

LA MARIPOSA DEL CAOS



Lo decía al principio, la Actitud del doctor Hodgins, se contrapone a la felicidad de Brennan y Booth, meros testigos de la infelicidad de sus amigos. Un momento, Marien, ¿feliz Booth? No por cierto. Booth en el episodio está afectado por un descubrimiento. Brennan es la mariposa del caos. ¿Brennan y caos?, esas dos palabras juntas son una contradicción, Marien. ¿De qué hablas? Lo que sabíamos era justo lo contrario, Booth convertía en caótica la vida de Brennan. ¿Qué nos hemos perdido? ¿De qué nos hemos olvidado?



De que Booth es un fanático del equipo de hockey de los Flyers. De que Brennan y él han visto algunos de partidos del equipo juntos y…



…Y de que Booth puede empíricamente demostrar que de doce partidos jugados, los Flyers han perdido seis, precisamente los que Brennan ha visto con él… ergo… Brennan le da mala suerte a los Flyers.



Los números no mienten. Por supuesto que una mente tan racional como la de ella no puede entender algo tan irracional, eso sólo cabe en la mente de otro fanático, como Aubrey, quien no sólo  acepta que el mal de ojo pueda afectar al rendimiento de  un equipo sino  que le recomienda que corte de raíz el problema. Pero Booth es leal, no puede pedirle a Brennan que no vea los partidos con él.


 No puede y busca subterfugios para que sea ella quien desista de ver los partidos. La teoría del Caos, la que dice que si una mariposa bate las alas en América del Sur, llueve en Central Park, le parece apropiada. Brennan es la mariposa, ve el partido en su casa y crea el caos en los Flyers.

 ¿Estás diciéndome que si no veo el partido los Flyers ganan?, le pregunta porque cuando él va ella vuelve. Y Booth y el caos se quedan sin argumentos “¿Qué tal si nos saltamos el partido y te llevo a una cena romántica?” Lo que sea para que ella no vea el partido.


Pero no, no le va a ser fácil evitarlo, al contrario, si le sorprende hablando de la pizza que van a pedir para picar durante el partido. Booth no puede creérselo, si a ella no le ha importado nunca el hockey, por qué  no puede dejarlo estar. Pero Brennan no sería Brennan si no tuviera una solución. Tal vez Booth debería renunciar a sus supersticiones.



Y en la última escena, Booth descubre hasta qué punto Brennan le ama, hasta qué punto está dispuesta a llegar para verlo feliz, para que los Flyers ganen. Ha leído sobre supersticiones en el deporte y no sólo ha preparado aperitivos para picar mientras lo ven que empiezan por la letra F, sino que se pone una gorra del revés y le pide a Booth que haga lo mismo con su camiseta y sus pantalones si quiere que los Flyers ganen.



¿Quieres que me quite los pantalones? —Le pregunta Booth a quien la propuesta le parece sexista, por supuesto que ella quiere, y cuando ve su mirada  no puede evitar decir...

— ¿Estás mirándome como si fuera una pieza de carne?


 — Nunca te miraría así. Soy vegetariana.


— ¿Qué tal un beso de buena suerte? —le ofrece Booth.
—No sabía que los besos daban buena suerte.


Por supuesto que dan buena suerte. Y Booth está seguro de que tras el beso los Flyers ganarán… aunque tal vez no debiera  poner  demasiada confianza en ello, porque a pesar de los besos…


"He oído decir que esta que llaman por ahí fortuna es una mujer borracha y antojadiza y, sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quién ensalza. ¡Suerte don Quijote!"

(Miguel de Cervantes y Saavedra)


¡Suerte Booth!

P.P. Los dos últimos gifs no los he hecho yo, los he bajado de la página de Bonescenter en tumblr y creo que el crédito pertenece a drtemperancebrennans