lunes, 28 de octubre de 2013

BONES. CRÓNICA COTILLA DE LA BODA


Creo que el jefe de la Fox es, dicho sea con todo el respeto, uno de los nuestros, un boneshead, aunque a veces lo disimule muy bien. Sólo así puede entenderse que después de una semana tan estresante y emotiva como la pasada con la boda de Bones nos haya concedido ahora, mientras Boooth y Brennan "consuman" en secreto su matrimonio y se comen las perdices a espaldas de ese dios celoso que ya les andará preparando el divorcio, una semana de paz y sosiego. Gracias señor Reilley, claro que más agradecidas le estaríamos si deja a Bones rumiando en paz los lunes y no la manda los viernes a pastar al cementerio. 

Pero antes de comenzar con la crónica, permitidme que os cuente una historia. Cuando Hart Hanson anunció en el Comic-Con 2013 que Booth y Bones se casarían esta temporada, mi vecina Anna que es muy decidida y sabe inglés, dijo que era nuestra obligación, como leales bonesheads, asistir a la ceremonia. De nada valieron las razones de Encarna, la del sexto, otra de las nuestras, de que no estaríamos en la lista de invitados. No lo necesitábamos le replicó Anna, acudiríamos a la puerta de la Iglesia y una vez allí podríamos colarnos.

Como devotas bonesheads y siguiendo el consejo de Booth de que hay que estar preparados porque todo lo que tiene que pasar, pasa, reservamos los billetes para Washington en el mes de julio. No, no nos fue difícil averiguar que el conyugio se celebraría el 21 de octubre, bastó con echar un vistazo a la página web de la Iglesia Católica del Sagrado Corazón de la capital norteamericana; allí estaban, por si alguien tenía algo que alegar, las amonestaciones del agente Seeley Joseph Booth y de la doctora Temperance Brennan.



Felices y con tempranera, el 19  de octubre, nos embarcamos, queríamos pillar los mejores sitios a la puerta de la Iglesia. Íbamos cargadas de equipaje: una pancarta que decía “Soy mamá”, por si al director del episodio se le ocurría hacer un barrido con la cámara; un surtido de banderas, cada una la de su pueblo; los sacos de dormir y yo, además, cómo soy bajita, una escalerilla de tres peldaños que tuve que abandonar en Barajas porque no me permitieron subirla a bordo como equipaje de mano.

Y ahí, justo cuando se cerraron las puertas del avión se nos acabó la suerte. Mi ilusión secreta, ya que me parezco un poco a Charlotte, la dama de los misterios que viajó a China sentada trece horas, trece, al lado de Booth, era que me tocase por vecino de asiento, si no al mismo Booth, sí a algún agente del FBI que se le pareciera; pero no hubo ocasión, las azafatas se mostraron implacables y nos sentaron a las tres juntas y apretaditas, que para eso habíamos pagado el billete más barato. Pero peor fue cuando con las piernas dormidas y hambrientas llegamos a la Iglesia y nos la encontramos ardiendo. Para qué voy a contaros nuestra desolación, lágrimas como puños nos caían de los ojos.

Aunque Dios se apiadó de nosotras y al final vimos la boda, por televisión como el resto de las bonesheads. Que compartiéramos la cama con una familia de cucarachas, el lavabo con unos escarabajos y nos turnáramos para sostener la antena del aparato, que Encarna se cogiera un buen trancazo ya que si queríamos pillar la señal teníamos que dejar la ventana abierta, corre por cuenta de la aventura, porque con las prisas y nuestros escasos fondos sólo encontramos alojamiento en un motel cochambroso de las afueras de Washington, y eso después de  vender los sacos de dormir, las pancartas y las banderas. 

Pero para qué engañaros, nos lo pasamos genial. Lloramos, reímos y cotilleamos, sí señor, cotilleamos, como seguramente hicieron esa noche y ante el mismo evento el jefe de la Fox, el Presidente Obama, la Reina de Inglaterra y Angela Merkel, aunque de esta última no estoy del todo segura.

Y esta es la crónica de lo que aquella noche tres bonesheads inasequibles al desaliento vieron y vivieron. 

LA NOVIA


Qué decir de Bones, las tres estuvimos de acuerdo. Iba perfecta, elegante y sencilla. Su aparición, la verdad, nos dejó boquiabiertas. Estaba preciosa, ni acordarnos de sus mentirijillas, toda novia tiene derecho a un montón de ellas previo el himeneo, que si el vestido lo encontró en una revista cuando tenía ocho años, que si lo había guardado hasta entonces. También nos olvidamos de nuestras críticas, cuando supimos que a pesar de sus millones no se había comprado un Valentino, nos echamos las manos a la cabeza. En cuanto la vimos caminar, soberbia, majestuosa, como una reina, por el pasillo central, en cuanto vimos como se adaptaba el vestido a su cuerpo, con que naturalidad se movía, supimos que no podía haber elegido otro mejor


Y además que es digno de admirar que eligiera a una diseñadora americana y de sólo 4.800 dólares, sabedora de su influencia en las bonesheads más jóvenes. No era de 1985, claro que no, sino de de la colección "Leyendas" del 2013 de la diseñadora Romona Keveza, comprado en Beberly Hills, aunque os aviso que Panachebridal, la tienda, también tiene franquicia en Pasadena, Costa Mesa y Santa Bárbara.


Le sentaba “divino”, qué vuelo, qué caída (aún no nos hemos puesto de acuerdo si era de organdí, de tul o de seda salvaje), sin apenas adornos, los únicos detalles los bordados de encaje, discretos, del cuerpo y el cinturón, y ese gran escote, cómo resaltaba su pecho, cómo disfrutó el director del episodio jugando con la cámara cenital, os fijasteis en ese pétalo que se quedó prendido, por unos instantes, en el borde del escote.



 Y el peinado, sublime, esa trenza enmarcando su rostro como una diadema, dejándolo diáfano para que su belleza y la de sus ojos pudiera contemplarse libremente. Ni que decir tiene que se la veía dichosa y orgullosa del paso que daba.


Y luego los votos, qué palabras tan sentidas, qué declaración de amor tan suya, entregándose y no cediendo "Eres un hombre confuso, irracional e impulsivo, supersticioso y desesperante (...) y por tu culpa he empezado a ver el universo  de un modo distinto". Sólo les pusimos un pero, ninguna nos los creímos. Oh no, no me disparéis aún, digo que no nos creímos que los escribiera cuando estuvo enterrada con el doctor Hodgins, por entonces, episodio nueve de la segunda temporada, ella aún no sabía, racionalmente, que podía amar, ni a Booth ni a nadie. Pero era la novia y en el día de su boda todo le está permitido. 


Y nos encantó que ni siquiera en esos momentos perdiera la esencia de sí misma, estuvo genial la reivindicación feminista, nada de negocio entre hombres, dos seres iguales entregándose el uno al otro, y también que fuese ella la que ordenase al novio, al ver que éste no se decidía, que la besase al acabar la ceremonia, pero es que al novio la emoción le impedía pensar…
EL NOVIO


Sólo a alguien con tan pocas luces como el doctor Sweets se le ocurre preguntarle al pie del altar a Booth si estaba listo. Desde el episodio piloto y como luego supimos desde un año antes. Hay pocos hombres que el día de su boda se muestren tan emocionados y decididos a dar el paso como él. Pero cómo no iba a estarlo sino ha hecho otra cosa en nueve años que pretenderla, que perseguirla y sufrir su indiferencia y su “racional” actuar. 


Qué de suspiros se le escapaban, cómo sonaba de profunda su voz rota por la emoción, cuántas veces se le vio tragar saliva, cuánto se esforzó por contener las lágrimas. Era feliz, inmensamente feliz, pero cómo cuando le preguntó sí quería casarse con él, no se lo terminaba de creer. Y cómo siempre quería hacer las cosas bien, arregló el traje de su chico, aceptó sumiso la amenaza de muerte del suegro y con la paciencia que le caracteriza en su trato con Bones, su reivindicación feminista. No le importaba, todo lo daba por bueno, al fin lo había conseguido, al fin la había pillado. Ah, y nos encantó el detalle de los gemelos, ese sí era nuestro agente preferido, claro que esa foto fue tomada antes, mucho antes de que le embargara la emoción.


En cuanto al traje, cómo podía sentarle mal a ese cuerpo, a esos hombros, un esmoquin de Hugo Boss, que empaque, que rectitud de líneas, que limpieza de corte. Y aunque entre nosotras tardamos en ponernos de acuerdo, al final convinimos en que resultaba más apropiado que no se hubiera presentado de uniforme. Cuando regresó de Afganistán dijo que ya había acabado con el ejército, lo apropiado era el esmoquin. 

Sobre su aspecto sólo un pero. La raya del pelo. ¿A quién se le ocurrió peinar a Booth con raya, a su madre o al abuelo? Siempre se ha dicho que el día de la boda una novia no debe cambiar su aspecto, tiene que seguir siendo ella, pues lo mismo con el novio. No lleva él el pelo de punta, pues de punta el día de la boda. Y además la raya parecía trazada por un barbero borracho, tal vez un último homenaje a su difunto padre. Lo cierto y verdad es que no le favorecía.

EL PADRINO
Poco puede decirse de Parker, nos pareció muy bien que su padre lo eligiese como padrino, no iba a elegir al doctor Sweets, entonces sí que nos hubiese fastidiado la boda. Como no vimos la recepción no pudimos ver como se desenvolvió en los discursos, seguro que se limitó a felicitar a los novios y a jugar con Christine. De la levita que lució en la boda poco se pudo ver en la televisión, Anna decía que a lo mejor era una chaqueta de su padre, en las fotos ya se ve mejor, era una levita. Para mí, y es una opinión personalísima, el niño que ya es mayorcito se merecía un castigo, mira que vestirse con el esmoquin antes siquiera de desayunar, mimos excesivos por la separación, no me cabe duda. Mira que echarse encima los huevos picantes del bisabuelo, mal, muy mal, pero que muy mal.

LA DAMA DE HONOR


Nos pusimos de acuerdo las tres en seguir llamándola así porque después de todo Bones es una serie norteamericana. Pero lo que tuvimos claro desde el principio fue que la actuación de Ángela el día de la boda, excedió con mucho las obligaciones de una dama de honor, convinimos que la palabra más adecuada para designarla era la vieja palabra española prónuba, que significa madrina de boda, pero una madrina muy especial. No sólo consiguió que el vestido de la novia estuviese en la fecha prevista, sino que les preparó el tálamo que no es solamente el lecho conyugal sino también el lugar donde los novios celebran las bodas y reciben los parabienes. Sin ella y Max no se hubiese celebrado el desposorio.


Bien por ella. Aunque para mí que estuvo de más que en la ceremonia cortase el discurso de Avalon Harmonia, con las médium y las brujas nunca se sabe lo que puede pasar, tal vez enfadada podría haber echado una maldición a los novios, aunque de eso ya se encargará el dios que los ha creado.

En cuanto a su aspecto, discutimos, a mí el vestido que lució, de encaje de Monique Lhuillier, azul marino, aunque en cámara daba negro, no me pareció el más apropiado para una boda, claro que como decían Anna y Encarna, con tanto trabajo de última hora no tuvo tiempo de elegir otro más vistoso.

EL PADRE DE LA NOVIA

Está viejito Max, sí, y en la imagen en la que caminaba al lado de la novia se notaba mucho más, encorvado, con los hombros echados hacia delante; contrastaba su decrepitud con la majestuosidad de Bones, pero no podía ser de otra manera, toda una vida huyendo de sus criminales cómplices y de la justicia implica un precio. Bien que pagase la boda, mal que no le dijera desde el principio a Booth, sabiendo que su yerno es un hombre honrado y un eficiente agente del FBI, que el dinero procedía de una noche de suerte en Las Vegas, mal que se quejase de no había confiado en él. ¿Cómo iba a hacerlo con sus antecedentes?

En cuanto a su aspecto, bien que se notó que Bones estaba a sus cosas y no le eligió la corbata. Negra, parecía un enterrador.

LOS INVITADOS


Los cerebritos muy apropiada su vestimenta, si trabajan en el Jeffersonian y los invitan malamente y a última hora lo suyo era que les facilitasen el atuendo. Sembrado estuvo el doctor Hodgins vistiéndolos con trajes de la exposición de la evolución de la moda, como sembrado y solidario estuvo vistiéndose como ellos, aunque bien podía haber tenido preparado su traje, él sí estaba invitado.

Una imagen que a ninguna nos hizo gracia, Daisy y Sweets juntos en la ceremonia, ya sé, ya sé que se sentaban en diferente fila, pero la cámara los captó juntos y eso… eso…, pues eso.

La que nos encantó fue Caroline Julian,  qué gran dama, lástima que no haya ninguna foto de ella para ilustrar el comentario. A ella no le faltaron pañuelos, como a otras, como buena sureña con uno bordado le bastaba, hay que ver con que delicadeza se lo llevaba a los ojos emocionada, primero a uno después a otro. Y su pamela blanca, que decir de su pamela blanca, que resultó divina y totalmente apropiada.


Cam, nos encanta el personaje y cómo viste siempre de sofisticada, a mí  que para ir a trabajar al concesionario de coches de lujo me visto con ropa de C&A me impresiona que ella para abrir muertos se vista a la última moda y con ropa de diseño. A Anna tampoco le pareció apropiado el traje negro. El diseño era precioso y se adhería a su cuerpo como una segunda piel... pero ¿tenía que ser negro? 

A no ser qué..., y esto es una apreciación personal mía, hubo un momento, que la cámara capta, cuando el celebrante dijo eso tan de Bones, Si alguien tiene que decir algo que se lo calle, que pareció que iba a hablar. Sí, he vuelto a ver las imágenes una y otra vez y la doctora Camille Saroyan, tiene razón el doctor Wells, no va a casarse con Arastoo. A Cam, a la querida Cam le dolió, tal vez sólo por unos instantes, no ser la novia en la ceremonia: a lo mejor esa es la explicación de por qué eligió el vestido negro de Karen Millen y de que le faltaran pañuelos.
  
EL CELEBRANTE


Aldo, la nueva incorporación a la familia Bones. No podían haber elegido otro más apropiado, el ángel que salvaguardará su relación, el hombre generoso que los envidia porque conoce la diferencia entre lo que ellos tienen y lo que a él le falta. A Anna que es una incondicional suya, se le caía la baba, qué bien que lo hizo, ¿lo oísteis cuando los impedimentos? Geniales. Nada de que quien tenga algo que decir que hable ahora o calle para siempre. Muy al contrario, dijo lo que procedía, si después de nueve años se levanta Hart Hanson y dice que no se puede celebrar el casamiento porque Brennan ya se casó en el Tibet con un soldado del ejército chino, siete millones de bonesheads se suicidan. Bien por él que no le dio la oportunidad. 

Como genial estuvo la formula del matrimonio, el conyungo, que dirían los latinos. Nada de marido y mujer, nada de recordarle a Bones el débito conyugal, simplemente los declaró “Hombre y Mujer”, lo que me plantea a mí alguna que otra duda sobre la validez jurídica del acto. No es que dude de los poderes que internet le había otorgado, es que hombre y mujer, que sepamos, ya eran...


En fin, se que se me quedan muchas cosas en el tintero, pero por hoy ya está bien de cotilleos, seguro que vosotras os habéis percatado de más detalles. Venga, animaros, vamos a cotillear un poco esta semana que tenemos tiempo y aún nos dura el arroz de la boda, y que luego... luego que sea lo que dios quiera...

No estaba ausente, sólo que no le gustan las bodas
Y el último descubrimiento. El vídeo oficial de Fox sobre la boda: