lunes, 6 de octubre de 2014

Bones. Reseña The Lance to the Heart


No lo tenían fácil en la sala de guionistas escribir The Lance to the Heart, responder al desafío que se impusieron cuando comenzaron a fraguar “la Conspiración”. En los cuatro episodios previos trenzaron una red de corrupciones y chantajes de tal dimensión que parecía haber asumido el mando del mismo FBI; desde el planteamiento inicial en The Ghost in the Killer (9.12) pasando por el desasosegante The Nail in the Coffin (9.22), el trepidante The Recluse in the Recliner (9.24) en el que el mal atrapó como un pequeño insecto a Booth y sobre todo el sorprendente y doloroso The Conspiracy in the Corpse (10.01), en el que por fin se cobraron su tributo de sangre, los conspiradores había tenido a su merced a todos los personajes. Para acabar con ella se necesitaba de otro gran episodio que respondiera con solvencia a las expectativas levantadas. Stephen Nathan lo ha reconocido “la Conspiración ha sido una de las tramas más complicadas de hacer para nosotros (…) That’s a meal you have once”. 

Sí, escribir The Lance to the Heart ha debido ser una locura, un infierno, de hecho su autoría se atribuye a tres de los mejores guionistas que actualmente le quedan a Bones: Michael Peterson, Nkechi Okoro Carroll y Keith Foglesong; no sólo debían resolver la Conspiración sino que, entretejido en su resolución, involucrándolo en la misma, debían decir adiós al doctor Sweets, elaborar el duelo por su muerte, el de los personajes y el de los fans, impresionados por su desaparición, pero sobre todo debían pasar página de manera creíble, volver a reponer los mimbres que sustentan Bones. Un agente del FBI y una antropóloga forense antagónicos en pensamientos y creencias, que se aman profundamente y que con la ayuda de unos cuantos genios del laboratorio forense del Jeffersonian resuelven crímenes con un toque macabro de humor. Lo han conseguido. The Lance to the Heart es un gran episodio.

Y para hacerlo, en mi opinión, se han valido de un sentimiento básico en el ser humano, el religioso. El subtexto de The Lance to the Heart no es solamente la pérdida, sino también los diferentes modos en que el ser humano se enfrenta al fenómeno religioso. Ignorándolo como la doctora Brennan o bien convirtiéndolo en parte de su vida, y como esa vivencia puede ser o bien fuente de salvación y esperanza, para Booth o bien un sistema de imposición de creencias y vivirlo como mandato, en el caso de los conspiradores.

Pero lo mejor será empezar por el principio. Y el principio, como no podía ser de otra manera es devastador. 
BOOTH Y BRENNAN


La primera imagen es totalmente engañosa tanto Booth como Brennan hablan por teléfono, han transcurrido escasas horas desde la muerte de Sweets y parece como si todo fuera normal, la investigación del asesinato está en marcha. Y de repente Booth tira el teléfono sobre la mesa y la expresión de su rostro cambia, por primera vez se le oye pronunciar las palabras que desde que Sweets muriera debían corroerle el alma “Es mi culpa, yo era el agente de mayor rango, era mi responsabilidad, yo debía haber cumplido la orden”.

Brennan, la racionalista Brennan se sorprende, no entiende el arrebato, él no es el culpable, van a encontrar al que lo ha hecho, a quien está detrás de todo. “Y lo harán por Sweets”, dice. “Tenemos que hacerlo… era de la familia”, le responde un desolado Booth. Las diferencias entre los dos nunca se habían sentido tan grandes como en ese instante. Una Brennan serena, sin más sentimiento que la extrañeza y un Booth roto, un hombre al que la muerte de Sweets ha hundido en un pozo de culpa y dolor, para quien la hipotética esperanza que ella le ofrece no es suficiente.


Si el amor es un antídoto para la soledad en esa escena no hay amor sino dos soledades luchando cada uno a su manera con la perdida y la aflicción que la muerte siempre trae como acompañante. Brennan se ha compartimentado, tiene experiencia, se ha centrado en el trabajo para huir de los sentimientos. Booth no es así, los sucesos de los últimos meses, la lucha por su vida, por la de ella, matar a un hombre con sus propias manos parece que lo han retrotraído a un estadio anterior, más salvaje; el hombre paciente y humilde ha desaparecido, el que ha quedado es un hombre devorado por la ira y la culpa, un hombre feroz.

La nueva Brennan, la que cogió su mano en el final The Conspiracy in the Corpse es capaz de acercársele, acunarle entre los brazos y consolarle, como tantas veces hiciera él con ella, precisamente lo que ese hombre roto necesita en esos instantes, llorar la perdida en un refugio seguro. Pero no lo hace. No lo hace porque justo en esos instantes aparece una sonriente Christine “Estoy lista”, dice, lista para ir al parque con el tío Sweets y Daisy; y entonces, entonces Booth olvidándose de sí mismo, encierra su dolor para explicar del mejor modo posible a su hija, una niña que nada sabe del poder de la muerte, que el tío Sweets nunca acudirá a la cita.


Una gran escena, preludio necesario, del gran enfrentamiento que luego se ha producido. 


Todos los indicios de la investigación del asesinato de Sweets apuntan a Sanderson, el principal beneficiado de la red de chantajes, como el hombre que la ha ordenado. Booth está convencido, y así se lo dice al mismo Sanderson, a Brennan y a Caroline pero es un hombre que se sabe protegido, sus acusaciones apenas le inmutan. Tiene poderosos amigos, abogados, es un hombre intocable le dice Caroline Julian desalentada, “Así es el mundo”. “No mi mundo”, le responde Booth, abandonando el diner y dejando a una Brennan sorprendida.


Parece como si Brennan no hubiera entendido la dimensión del dolor de su hombre, y es que no lo ha entendido, no puede, no está en su naturaleza. No puede ver que la angustia de Booth, su ansiedad no proviene tan sólo por la muerte de Sweets, sino por su impotencia en impedirla, él es un hombre que siempre arregla las cosas, tiene que reparar lo sucedido, rescatar “al chico” de la muerte. Y por eso sucede lo que sucede. 


Cuando se vuelven a encontrar en su casa, Booth está limpiando unas armas, necesitan protección, Pero Brennan, racional, no se conforma.¿Qué planeas hacer, Booth? No preguntes lo que no necesitas saber”, es su respuesta. ¿No crees que deba saber que intentas matar a un hombre?, le enfrenta, pero Booth está preparado, si no pueden tocar a Sanderson, sólo será cuestión de tiempo que venga a por ellos una vez más. “¿Vas a matarlo por una corazonada”. Pero para él no es una corazonada, para Booth es una certeza y nada de lo que ella le ha dicho podrá detenerle.

 Y entonces ocurre, para sorpresa de Booth y la nuestra, Brennan  olvidando su racionalidad reacciona como el ser miedoso y temperamental que en realidad; y como ya hiciera en su día con su hermano Russ (fuiste tú quien me abandonó, le dijo su hermano en The Woman in Limbo 1.22) se desliga de Booth “Entonces estás sólo, porque no quiero tener nada que ver con esto y tampoco contigo” dice y aún le pregunta “¿Quién eres en estos momentos?” y se responde así misma No eres alguien al que quiero en mi vida. Ni en la de mi hija”. 


Y cuesta entender tan duras palabras que en realidad no lo son, son su desahogo, su modo de liberar el miedo a perderlo, no son las de una mujer racional, sino de una mujer que ama terriblemente enfadada, no están dichas para curar, para ayudar, sino para preparar la huida. Pero Booth no es Russ ni tiene diecinueve años.

 “¿Te haces una idea de lo que estás diciendo?, le pregunta. Y entonces Brennan estalla, ¡Sí, siempre sé lo que digo!, como muestra le lanza su último sin sentido ¡Disfruta de tu nueva casa! Y entonces hace, lo que no podía dejar de hacer cuando está siendo emocional, lo que ha hecho toda su vida desde que sus padres la abandonaron, ante el dolor huye, coge el bolso y se va, como cogió el portante y se fue cuando creyó que la había llamado mala madre en “The Shot in the Dark” (8.15), cuando no puede controlar la situación emocional Brennan huye…

Estupendo, qué vas a hacer ahora, saldrás huyendo? ¿Me vas a dejar aquí?, le pregunta Booth.


Pero no…esa Brennan ya no existe, la prueba está en que retrocede, huía pero vuelve, y ahora sí, ahora sí comienza a hablar con verdad, a darle las bofetadas, los golpes precisos para hacerle reaccionar “Tú eres el que está huyendo, huyendo de todo en lo que crees ¿por qué? ¿Por qué las cosas no salen como tú quieres? ¿En qué clase de hombre te convierte eso? Y el directo, el golpe que definitivamente tumba a Booth en la lona ¿Cómo te enfrentarás a tu Dios si matas a un hombre inocente? ¿Tu fe es tan débil? TU FE EN MÍ.

Eres un buen hombre, Booth. No permitas que te quiten eso, porque realmente eso sería tu muerte— le remata, pero Booth ya no puede defenderse, sólo quiere que el dolor pare, que pare su angustia, librarse de su culpa.


— Fe, Fe —repite apesadumbrado, invocándola incrédulo. Y entonces Brennan, rompe la soledad a la que lo había condenado, se sienta a su lado, le echa la mano por la espalda y lo consuela. Una hermosa escena, catártica la llama Stephen Nathan que fue quien la escribió desde el profundo conocimiento de los dos personajes.

LA CONSPIRACIÓN

Increíblemente lo han hecho y les ha salido bien, parecía imposible que cuarenta y dos años después de su muerte, J. Edgar Hoover, quien fuera el primer director del FBI, desde fecha tan temprana como 1929, a quien siete presidentes no pudieron destituir del cargo que conservó hasta su muerte en 1972, quien acumuló una impresionante cantidad de dossiers sobre la vida y miserias de políticos, científicos e intelectuales de su país, pudiera estar en el vértice de esta Conspiración y no resultar ridículo.

Y es de justicia poética que haya sido el doctor Hodgins quien haya establecido las pautas para acabar con ella “Si queremos acabar con ella (la Conspiración) tenemos que destruir su sistema central”, dice. Y aunque la doctora no lo entienda, Angela, sí. Ella será capaz de identificar el ADN que la sustenta utilizando todos los nombres que aparecen en el chip, analizando su comportamiento en las dos últimas décadas


Y de justicia que haya sido el doctor Sweets, tan presente en todo el episodio, quien les facilitara el trabajo al herir a su asesino. Cuando Booth y Audrey lo encuentran las ratas están celebrando un festín sobre su cuerpo, con gusto se relamen los bigotes. Buen trabajo, Sweets, dice Booth. Aubrey le reconoce estuvo con él Quantico hasta que fue expulsado por agredir a un compañero. La Conspiración le salvó del procesamiento y le convirtió en uno de sus soldados.

Pero en el laboratorio descubren que la bala de Sweets no es la responsable de su muerte, que alguien le apuñaló. En su blog de notas que el doctor Hodgins y Angela con su magia reconstruyen aparecen los nombres tanto de Cooper, la primera víctima, como el de Sanderson, este como un creyente, un acólito. Por primera vez tienen la visión de que la Conspiración puede ser más una secta que un hombre, que un puñado de hombres con ambición.


Booth se reincorpora al FBI, y aunque al principio le cuesta aceptar las palabras del subdirector Stark, aunque se le enfrenta al hablar de Sanderson, su único sospechoso, el subdirector no lo retira del caso, al contrario cuenta con su total confianza, ni siquiera necesitará presentarle informes. La mejor manera de demostrarle que el FBI no está involucrado en la Conspiración

Y la Conspiración está vencida desde el momento en que Angela, Hodgins y Aubrey analizan las relaciones entre unos y otros. Durant (el médico que le atendió antes de su muerte) y Cooper se conocían. Y Hoover, el director Hoover, parece ser el centro, después de todo fue él quien mandó al agente Norsky a proteger a Sanderson, y Norsky (el senil ex agente del FBI) quien puso a Durant en contacto con Cooper. 


Les falta un nombre, un nombre que una a Norsky, Sanderson, Durant con Hoover, un hombre que hubiera acumulado todo su conocimiento y su poder. Y es Aubrey quien ofrece el posible candidato, Desmond Wilson, uno de los ayudantes de Hoover ya muerto. Las pruebas de su implicación las obtienen Hodgins y él, un simple cable que contiene una grabación del presidente Kennedy, hablando no muy profesionalmente con una de sus secretarias. La pregunta es ¿quién mantuvo la Conspiración en marcha tras su muerte?

Los huesos de Cooper les dan la respuesta, en su médula encuentra un ADN que no se corresponde con el suyo, debe pertenecer a su asesino, cuando le inyectó la toxina que lo mató debió arañarse, pero no está en el sistema. Que Aubrey se esté dando un festín como si no hubiera comido en un mes cuando Brennan se presenta en el diner donde se encuentra con Booth, no se debe a que padezca ningún trastorno alimenticio, sino que ha estado buscando pruebas en los archivos del FBI. Una fotografía llama la atención de Brennan, es de Wilson con un niño, lo reconoce, es Durant, era su hijastro. Lo que necesitan ahora es confirmar que el ADN hallado en Cooper pertenece a Durant.


Y Booth lo consigue a su manera, cuando con Brennan le interroga Durant se muestra orgulloso de su actuación, lo que ha hecho ha sido por defender al país, por mantener las ideas de los Padres fundadores de que debía ser gobernado por una élite, “Hay gente que cree que debe salvar a este país de la chusma”. “Intentó matarme a mí y mató a mi amigo”, le responde Booth, cargándose de razones para propinarle un puñetazo. Cam analizará la sangre de sus nudillos, el ADN coincide, la Conspiración que les ha traído en jaque es obra de un burócrata convertido en redentor. Durant irá a la cárcel, pero…


Pero si aún mantiene los archivos en su poder se librará, tienen que encontrarlos. Y de nuevo Aubrey y Brennan azuzados por Booth que pretende que le ayuden como si fueran Sweets resuelven el problema. Esos hombres vivían su idea del país como una religión, todas las religiones tienen sus escrituras, los archivos de Hoover, necesitan un lugar sagrado para ocultarlos. Y ese lugar no es otro dice Booth que la oficina de Hoover, la réplica que de la oficina hay en el propio Jeffersonian, concluye Brennan.

EL ADIÓS AL DOCTOR SWEETS


Y al final es Daisy la que toma la palabra, si la Conspiración ha sido derrotada y Sweets ha ayudado a hacerlo “es hora de decirle adiós”. Y no, no voy a hablar de lo solos que se quedan los muertos, ni de los escarabajos que se han dado el festín con sus restos, ni siquiera de la terrible soledad de Daisy, la única persona que lo ha velado, la que ha estado en íntima conversación con sus huesos en su primera noche de muerto para que el tránsito no se le hiciera tan duro, porque aún en su blancura se veía su vida. 

Y no voy a hablar de cómo la doctora Brennan se une a esa conversación cuando comprende que ella, ella y el Jeffersonian son la única familia de Daisy, ni siquiera de cómo se enteran de que Seeley era el nombre que Sweets había elegido para su hijo porque me he excedido en tiempo y palabras.


Lo que no puedo dejar de señalar es que en el singular adiós, es la doctora Brennan quien tiene la última palabra para decir, lo contrario de lo que siempre ha pensado, Sweets sigue vivo en cada uno de ellos, porque ha sido la variable que ha cambiado la frágil ecuación que son todos y cada uno de ellos. Y lo más importante, lo que definitivamente la convierte en una mujer nueva “Ahora creo que el amor no puede ser explicado por la ciencia o la religión. Va más allá de la mente, más allá de la razón. Ahora sé que querer a Sweets es querernos los unos a los otros”.

Que al final sus cenizas se las lleve el viento mientras cantan Lime in the Coconut va a cuenta de las lágrimas que derraman las fans como catarsis y liberación. 


La próxima semana Bones volverá por donde solía. Y estas reseñas, me lo prometo, se reducirán a la mitad.