viernes, 9 de octubre de 2015

Bones11. Reseña The Brother in the Basement. “No tienes permiso para morir”.



“No tienes permiso para morir”. Con esta frase, que es al mismo tiempo una admonición, un deseo del alma y una repetición, Brennan despide en The Brother in the Basement a la Brennan que en día, Stephen Nathan, necesitado de forzar los acontecimientos, de generar tensión dramática para terminar una temporada que él mismo había tirado al traste, nos endilgó.

Ni Bones, el personaje, ni Bones, la serie, se lo merecían, ni por supuesto los fans. Michael Peterson con la lección bien aprendida nos ha liberado de ella, nos ha devuelto a la mujer que a pesar de tener el corazón encerrado en el cofre del olvido sentía como suyo, el dolor de los demás. Gracias sean dadas, la etapa oscura que se abrió en The Eye in the Sky (10.15) queda saldada. ¿La prueba? La Brennan del piloto ha vuelto. Miradle la coleta alta (y no es broma).



No era tarea fácil la de Michael Peterson escribir The Brother in the Basement, no sólo tenía que responder apropiadamente a los porqués que The Loyalty in the Lie dejó  en el aire; responder, congruentemente a los cómo; explicar una trama compleja de la que sólo habíamos entrevisto los primeros resultados: la muerte de Jared Booth, la aparición de sus restos carbonizados, y el robo, sino que además tenía que salvar la vida y la reputación de Booth, y sobre todo, devolverle la esencia a Bones. Y ¡¡Bendito sea!!, lo ha conseguido brillantemente. Ni Hércules , el semidios, lo hubiera hecho mejor.



Porque The Brother in the Basement es un gran, gran episodio que mantiene el suspense y la tensión durante todo el metraje con giros y giros inesperados de la trama que se desmontan uno a uno gracias a la colaboración de la ciencia y la investigación policial. Hasta que al final, la lucha de Booth por su vida y la carrera de Brennan —contra el reloj y las mentiras de unos y otros—, por salvársela, confluyen en un gran, gran y profundo abrazo de la pareja, en el “Te tengo, te tengo, te tengo” de una Brennan “coraje” que sujeta contra sí a su hombre, cuando éste, por fin en sus brazos, se rinde al dolor. ¿Lo habíamos visto ya? Sí, pero es que The Brother in the Basement, en la búsqueda de la esencia, rinde un homenaje a lo mejor de Bones.

Un episodio coral, en el que aún siendo Brennan y Booth los protagonistas, todos y cada uno de los miembros del equipo del Jeffersonian, con Aubrey y Caroline en el FBI, son imprescindibles para encontrar a Booth y resolver el caso. En el que algunos chicos malos y algunas chicas, terminan no resultando tan malos y por el contrario algunos chicos “aparentemente buenos” resultan ser de la peor calaña. Emocionante, con momentos de gran ternura, y por supuesto, porque es Bones, con  momentos asquerosos, muy, muy asquerosos (algún homenaje tenían que rendir a Stephen Nathan en el reinicio).




Pero lo mejor será empezar por el principio. que no podía ser más doloroso para Booth. La escena nos lleva 24 horas antes de los últimos sucesos de The Loyalty in the Lie. Cuando tras el robo, la banda, dispuestos, a eliminar las evidencias decide quemar la camioneta con el cadáver de Jared dentro. Se puede sentir el dolor de Booth, cómo su muerte le ha destrozado, pero aún así no dejará que nadie más que él prenda fuego al cadáver de su hermano y no por que le amenacen con terminar igual que él, acurrucado a su lado, sino porque es lo que un hermano hace, dar al compañero de su niñez torturada un entierro vikingo.

Pero no sufre sólo su alma, la herida de su vientre sigue sangrando, y Pete y Alex, dos de los “Hermanos de sangre”, de los compañeros de armas de Jared, apuestan por su muerte; pero el teléfono suena, ¿Es él? Pregunta Booth a O`Donnell, el jefe. ¿Cuánto tardará?, insiste. “Cinco horas”, le responde. Cinco horas que tiene Booth para morir o para salvarse, cinco horas para atrapar a quien por los dos millones de dólares que han robado en casa del mafioso, va a venderles una lista por la que esperan sacar en el mercado cuarenta millones. Ni que decir, que los chicos malos, malos, se las prometen muy felices.




Y aunque en el Jeffersonian una Cam dolorida por la muerte de Jared no puede obtener ninguna prueba más de los cuerpos de los mafiosos: en el FBI, Brennan, la esposa coraje, enfrentándose a la agente Miller da una primera vuelta de tuerca a la trama. Averigua que antes de su desaparición, su compañero, el agente Richard Bannerman,  se descargó e imprimió una lista de agentes del FBI infiltrados en organizaciones criminales y terroristas.
Tu compañero es un traidor, dispuesto a dejar morir a buenos agentes por dinero, pero en vez de compartir eso con nosotros, acusas a mi marido de matar a su propio hermano —le dice enfadada, muy enfadada por la omisión y la injusticia.

Aún le quedan cosas peores que oír a Brennan, porque cuando Aubrey le pide la dirección de la casa de Bannerman por si pueden encontrar alguna prueba, Miller renuente le contesta que su equipo ya las ha buscado. “Pero tu equipo no es el del Jeffersonian”, le recuerda Caroline, y entonces Miller consigue al decirle a Brennan que el Jeffersonian no es único laboratorio de la ciudad, ni siquiera el mejor, que no lo ha sido desde que ella renunció, que esta responda: “Considérame de vuelta”.


Y de vuelta está, porque cuando llegan a la casa no sólo descubren que el compañero de Miller vivía con su prometida, sino que alertada por los trajines de una mosca en un sobre acolchado, Brennan encuentra en el frigorífico un dedo congelado, sin duda una prueba de vida. La trama va tomando consistencia. Tal vez el agente Bannerman no fuera un traidor sino una víctima más.

Y ante la impaciencia de Brennan les llega a Hodgins y a Cam la hora de hacer su magia. Y el pobre Arastoo que le recomienda tener paciencia, porque todo el mundo está haciendo todo lo posible, se ve sorprendido con una gran bronca. Ese es el problema, le dice Brennan, ...lo posible. Algunas personas son mejores que otras. Para rematar con  lo que más le puede doler al hombre,  que el error de identificación de los restos de Booth no es el único que el laboratorio ha cometido en su ausencia, que el Jeffersonian ya no es el laboratorio forense más importante del país. Cruel Brennan. ¿Cómo se queda uno después de que la persona a la que admiras en tu trabajo te lo critica de una forma tan despiadada? Cam, la comprende, está preocupadísima por Booth, pero no es el momento para las críticas. Y calzándose el dedo encontrado descubre que pertenece a Cloe, la novia de Bannerman.


Y con el descubrimiento, para Aubrey y Caroline las cosas parecen estar muy  claras, el compañero de Miller, después de todo, sólo quería ayudar a alguien a quien amaba, en realidad se parecía a Booth. Pero Miller aún no lo entiende, ¿qué tiene que ver la lista de su compañero con Booth? Aubrey hace una apuesta. Jared y sus “hermanos de sangre” robaron los dos millones para comprar la lista. Booth, se les unió para asegurarse que no cayese en malas manos y seguirá con ellos hasta apoderarse de ella. Lo que significa que “O lo conseguirá y será un héroe o el pobre muchacho morirá en el intento”, dice Caroline compungida.




Pero su héroe es ahora, para rechifla de uno de sus compinches un “Walking Dead”, un zombi. Y si no lo es, está a punto de serlo, porque la herida sigue sangrando y no va a recibir ninguna ayuda. Al contrario, le incitan a que “camine hacia la luz”. 




Sin embargo Booth no se va a rendir, los héroes no se rinden, y camina, si, no para escaparse, no hacía la luz, sino buscando algo para detener la hemorragia. Afortunadamente lo encuentra, “Nitrato de Plata”, la piedra infernal, con la que cauterizará la herida, a cambio de mandarlo a un abismo de dolor.


Y cuando la barita mágica del doctor Hodgins, el espectrómetro de masas, determina cómo  se cortó el dedo de Cloe y, milagrosamente, el lugar en el que sucedió, Aubrey y Miller se dirigen allí, la trama dará una vuelta de tuerca más, porque encuentran, en una de las escenas más “dantescas” jamás vistas en Bones, dos cuerpos cubiertos por ácido de batería en los que unos buitres se están dando un gran festín. ¡Asqueroso! Stephen Nathan, feliz. 



Brennan no tanto, aunque ninguna de las dos víctimas sea Booth. Qué tienen que ver esos restos con el robo donde Booth recibió un disparo, se pregunta Arastoo. Y Brennan le respondeAún siendo así, creo que si los analizamos encontraremos las pruebas que necesitamos”
— ¿Estás diciendo que tienes fe? —pregunta una sorprendida Cam.Estoy diciendo... que no me puedo imaginar un mundo en el Booth no vuelva a casa.
Sin palabras. Esta mujer que porfía si es nuestra Brennan, la que después de seis años de negarse el derecho a la felicidad dijo sí al hombre que hacía su mundo más confuso, caótico y maravilloso. Pero esperad… no os vayáis aún nos quedan más cosas buenas por ver.



Y no, no es precisamente el tío buenorro y suficiente que se presenta de improviso en la plataforma del Jeffersonian preguntando por Angela y a quien Brennan confunde con un masajista y  del que el doctor Hodgins hace mal en sentir celos. 

Es el doctor Metzger, un “científico” del FBI, un informático amigo del agente Bannerman, que va ayudar a Angela en la investigación del ordenador del teléfono y del ordenador del agente desaparecido. Tiene dos gatos, (a quién le importa), y padece túnel carpiano y muestra la palma de su mano (esto sí que terminará resultando interesante). El ordenador y el teléfono, están vacíos, pero está presente cuando descubren que uno de los dos cadáveres es el Bannerman y Metzger compungido llora por el amigo perdido.


Y mientras en el FBI, Aubrey y Miller abren otra vía de investigación al revisar las cámaras de seguridad y descubrir que alguien del que ella no sabía nada seguía a su compañero. Cam y Arastoo se sinceran. Mal pintan las cosas para la pareja, Arastoo cree que es hora de buscar otro lugar de trabajo. Y a pesar de las protestas de Cam, a pesar de que le diga de que era él a quien pensaba nombrar como jefe de antropología forense del Jeffersonian, él no la cree, si pensara que era el hombre adecuado para el trabajo, haría meses que hubiera presentado su candidatura.


Quien se está convirtiendo en un buen candidato para morir es Booth; aunque la hemorragia se ha cortado, aunque parece gozar de la admiración de O`Donnell, aunque le reconozca que Jared era un buen soldado, que él mismo merece ser de la Marina porque tiene “los testículos bien puestos”, el teléfono que suena, parece que tañe a muerto. El mensaje es claro, Booth no es de confianza, Mátalo o no hay trato”.  Sin embargo, cuando Booth le pregunta si está todo bien, le responde que sí. ¿Quién es O`Donnell, un criminal o un soldado desengañado? ¿Hay esperanza para Booth?



Quien no la tiene es Brennan. Mientras analiza los restos del agente Bannerman se imagina como murió y el mismo escenario le dice que Booth está muerto. Arastoo le asegura que eso no va a pasar, que lo van a encontrar y va a estar bien, pero sus dudas persisten, era un agente entrenado y aún así el asesino le golpeó muchas veces, más de las necesarias incluso para matar. Una vez más el teléfono suena, es Christine, quiere saber. Brennan le explica que está en el trabajo, su papá no está con ella, pero está trabajando duro para traerlo a casa tan pronto como pueda. ¡Qué duro para una madre sin esperanza infundirsela a su hija!



Y en otra vuelta de tuerca más, Angela con la ayuda de Metzger, descubre en la nube no sólo que alguien seguía a Bannerman, sino otras imágenes, que Cam debe llevar en propia mano a Aubrey. Porque lo que esas imágenes muestran es que la agente Miller y Bannerman no eran sólo compañeros.



Y en la sala de interrogatorios, Miller desvela otro de sus secretos. Ella y su compañero tuvieron una relación que terminó cuando él conoció  a Cloe. Fin de la historia, dice. E insiste que están perdiendo el tiempo, que hay alguien que está vendiendo una lista que podría conseguir que más de cien agentes murieran, y no es ella. Pero no la creen por la sencilla razón de que su compañero no confiaba en ella. Y de nuevo confiesa, cuando la dejó amenazó a su novia. Aubrey le pide que entregue su arma.




Que su arma no matase a Bannerman ni a Cloe, el otro cadáver encontrado, no convence a Brennan, podría haber utilizado otra, le dice a Cam. Pero no es lo único  que tiene que decirle. 
 Arastoo será capaz en unos años de dirigir un laboratorio forense como estecomienza, pero el Jeffersonian se caracteriza por contratar sólo a los más experimentados, el mejor en cada campo, el doctor Hodgins, Angela, tú misma… Por eso te pido volver a mi puesto.
Sí, eso hace. Brennan, la mujer que decía que su vida no era sólo la muerte y los asesinatos, desesperanzada solicita volver a trabajar en ellos. La cara de sorpresa de Cam es todo un poema. Pero, Brennan aún no ha terminado, Brennan nos explica el porqué de su decisión, porque:
Si Booth muere, pienso que estar aquí me ayudaría. Tener un trabajo en el que centrarme, estar rodeada de amigos —y añade— Esta situación me ha hecho darme cuenta de que fue un error renunciar. Aquí es donde pertenezco.
¡Cuánto estará sufriendo en estas últimas 24 horas desesperadas!



Las numerosas heridas en el cráneo de Bannerman le demuestran que el asesino perdió el control, lo que supondría una falta de experiencia, Miller en cambio es una agente experimentado, pero además, Brennan ve un patrón, parecen las marcas de un puño americano, y no, la agente Miller no es el asesino, los golpes de los puños se transfieren directamente a la palma de la mano, el asesino se debió romper los huesos. La conclusión cae por su peso. Metzger, el informático, el falso amigo de Bannerman quien tiene una lesión en la mano es el culpable. Él ha estado manipulando a Angela, haciendo recaer las sospechas hacia Miller. ¿Está todo solucionado?



No, y en la penúltima vuelta de tuerca, Booth tendrá que luchar por su vida frente a la rebelión de Pete y Alex contra O`Donnell, cuando este les dice que el trato se ha roto, que dividirán los dos millones y saldrán de allí pitando. Pero quien se ha sentido dueño de diez millones es difícil que se conforme con medio. Y se lanzan contra él para arrebatarle el teléfono.


Y Booth se encuentra con una pistola apuntándole en la cara, a pesar de las ordenes de O`Donnell de que lo dejen ir. Pero los rebeldes, no le hacen caso, van a recuperar el trato. Mientras manipula el teléfono, Booth le lanza a Alex una botella a la cabeza y aunque este dispara no le alcanza. Pero aún queda Pete, quien en la pelea se ha deshecho de su comandante.

Te voy a matar, Booth!—, grita disparando una escopeta automática— Eres un hombre muerto, Booth! ¿Me escuchas? ¡Estás muerto




Pero Booth no lo está, se ha refugiado en la otra habitación. Que el pomo ceda y el asesino entre sólo es cuestión de tiempo.




Mientras en el FBI, Miller y Aubrey no consiguen que Metzger confiese dónde tenía que entregar la lista. Y Brennan que observa la escena desesperada porque a Booth puede que no le quede tiempo, entra en la sala de interrogatorios. “Se cómo hacerle hablar, dice. “Hazlo”, le responde Miller, y Brennan agarra a Metzger y le retuerce la mano herida. El asesino resulta ser un petimetre y al primer retortijón confiesa.


Y en el sótano la vida de Booth sigue peligrando, un enloquecido Pete golpea el pomo hasta reventarlo. Booth que ha encontrado un ventanuco que da a la calle no tiene tiempo de escapar cuando la puerta se abre, es hombre muerto. Pero… cuando Pete entra Booth ha desaparecido, y cuando tras mirar por la ventana se da la vuelta...



...Booth le golpea con una pala. Justo entonces comienzan a oírse las sirenas de los coches de policía, la caballería llega. Y con ellos Brennan.




Y sólo ante ella, sólo cuando ella feliz, felicísima, lo tiene, lo abraza, lo sujeta y lo protege, Booth se deja ir. Al viejo héroe aun no le ha llegado la hora de morir.



Pero no, aún no hemos terminado. Aún nos queda lo mejor. Y no, no se trata de una fiesta de pijamas a la que se dirigen Angela y Hodgins dispuestos a hacer un niño mas. Y no, por supuesto, no se trata de lo peor. De la decisión de Arastoo de no pedirle a Cam que se case con él. Porque aunque la ama no puede seguir de interno en el Jeffersonian, tiene que seguir adelante e ir dónde pueda realizar mejor trabajo. Y por supuesto que no se trata de la botella de whisky añejo que Miller le regala a Aubrey, ni siquiera de que la actitud de Brennan con el acusado  no le vaya acarrear responsabilidades, faltaría más.


Se trata de Bones. Del regreso de Bones. De la mujer que en esas veinticuatro horas angustiosas se ha dado cuenta de que ya no puedo imaginar un mundo en el que él no vuelva a su casa, que ya no sabe vivir sin Booth.



Lo siento. Lo siento —se disculpa BoothDebería haberte dicho la verdad y no lo hice.

Pero Booth no necesita disculparse. Brennan sabe que lo que hizo fue para salvar a su hermanoEres una mujer incréible—le responde un Booth admirado.



Y más incréible le parece cuando le cuenta sus planes de futuro. Ella va a regresar al Jeffersonian y él debería volver a su trabajo. Booth se sorprende, esos  no eran sus planes. Él puede cambiar.



Sólo que Brennan no quiere que cambie, lo acepta como es:  
Booth, eres el hombre más valiente y generoso que he conocido. Y aunque no me guste verte sufriendo, esé que así es como eres realment —y por si acaso se le ocurre volver pronto a las andadas, añade —. Eso no significa que puedas ser imprudente.  ¿Comprendido? No tienes permiso para morir…
Y Booth, como nosotros, sólo tiene una respuesta: " Realmente eres increíble"

  Ya has dicho eso.



 Si, Booth se repite, después de todo ha  perdido mucha sangre, y mientras ella lo mima y él se deja mimar la cámara nos aleja de su intimidad.


No es un error, sino una cita
Fundido a negro. No sé vosotros pero yo… yo voy a volver a verlo una vez más… 

PP. Muchísimas gracias Clara @ElisabethOtp, sin tu ayuda esta reseña no hubiera existido. Gracias.