viernes, 19 de junio de 2015

Bones.Balance de la décima temporada




Cristina Díaz de Alda es una amiga bonesiana, como ella dice, o bonehead,  dicho en americano, quien con mucho humor y talento hace balance de la décima temporada de Bones en este post. Me parece oportuno, ya que el final ha resultado polémico, que en el blog se refleje una opinión distinta a la mía.






Antes de comenzar con el tema propiamente dicho, quiero dar las gracias a Marien, alias Loba Vieja por dejarme escribir aquí. Tanto tiempo leyendo su blog y ahora me regala una entrada… ¡me emociono! Y a todos los que estáis acostumbrados a que ella sea la reina y señora del teclado, gracias por darme una oportunidad. 

La semana pasada terminó la décima temporada de Bones, esa que prometía tantas cosas tras el espectacular final de la novena. Ese Booth en el hospital y esa Brennan gritando y corriendo desesperada por los pasillos fueron lo mejor de la serie en años, o, por lo menos, lo más novedoso y desconcertante. Ya tocaba un poco de acción, tras una segunda mitad bastante paradita.



Sinceramente, no sé qué me esperaba del principio de este curso. Tenía que ser algo grande que resolviese el cliffhanger, pero tampoco podían volver a la normalidad de golpe, así que el capítulo doble me pareció una excelente elección. A fin de cuentas, 40-45 minutos es muy poco tiempo para desarrollar una trama compleja. Reconozco que no vi venir la muerte de Sweets y que me dio pena, aunque desde la sexta temporada lo consideraba poco más que un pegote en la trama. Mis respetos a sus fans, pero el principal motivo de la existencia de este personaje era aportar tensión a la relación entre Booth y Bones, haciéndoles ver que sentían mucho más de lo que querían demostrar. Desde que ese juego se terminó, el psicólogo no encontraba su sitio (que desde luego NO era la casa de nuestros protagonistas, aunque me reí bastante con las situaciones incómodas que provocó) y me gustó que, en su muerte, quedase como un héroe. Quizá sin sus palabras Booth no se hubiese confesado en el memorable episodio 100. Se merecía un pequeño homenaje.



Entre la premiere y su segunda parte, la serie cayó en picado esta temporada, debido, imagino, a la monopolización de recursos del episodio 200, que vi como si se tratase de una película y que disfruté aún más. Creo que todos le teníamos cierto rencor a Cam por haber sido novia de Booth un par de veces a lo largo de su vida y verla de la mala del cuento me causó una gran satisfacción, aunque le tengo mucho cariño a la fuerte  e independiente doctora Saroyan. Además, tanto Emily como David estaban espléndidos y la caracterización de todos los personajes (en especial del doctor Hodgins) fue brutal. Puede que no se tradujese en audiencia, pero para mí es uno de esos episodios que deben verse una y otra vez (como el piloto, el 100 y otras joyitas de la serie).



De nuevo nos encontramos con que la protagonista quería ampliar la familia y con que lo introducirían en la trama. Como ella misma dice, Emily no es una de esas mujeres que puedan disimular su embarazo sentándose en una mesa y, en esta ocasión, ha sido todavía más pronunciado que el anterior, el cual nos ocultaron mediante enormes gabardinas abiertas. Ahora ya ni eso. Era tan obvio que la divertida escena del predictor me hizo levantar una ceja, irónica. Si no se habían dado cuenta antes, es que necesitaban graduarse la vista, el tacto y demás. Quizá por eso, la noticia no supuso para mi uno de los grandes booms de la diez, si bien cambia la perspectiva familiar que tendremos a partir de ahora. Me transmitió  sensación de dejadez, Stephen Nathan, con lo atinados que estuvisteis con el otro. Creo que no tendría que habernos prometido tampoco una falta de aceptación de Brennan hacia su embarazo, cuando en realidad solo tuvimos la típica cabezonería Bonesiana y un pequeño miedo. Eso no es que no aceptase al peque, es puro terror a que le pase algo o a que sufra y cualquier madre puede pasar por fases similares.



Nos acercábamos al final y ya creí que no iban a sorprendernos en absoluto con ninguna trama novedosa. Hodgins y Ángela empezaron a hablar de nuevo de Paris y estuve a punto de darme cabezazos contra la pared porque es el recurso más visto de la serie. De hecho, la artista lleva amenazando con largarse desde la primera temporada y el tema ya está más que gastado. Un poquito de creatividad no vendría mal. Ni siquiera salva a esta pareja la revelación del absurdo nombre real de Angie. Yo me esperaba otra cosa, algo quizá menos ridículo, quizá más… ¿erótico-festivo? pero las caras de ella consiguieron que le viese algo de comicidad al tema. Cam y Arastoo me gustan y el capítulo del asesinato en Oriente Medio sobresalió entre los demás, pero el caso se vio opacado por las apuestas de Booth. A ver si se deciden de una vez y hacen algo interesante con ellos. ¿Casarlos? No lo veo. ¿Embarazarlos? No por favor, que a este paso van a crear una segunda generación de habitantes del Jeffersonian. En fin, desconozco qué puede ser, pero a mí no me pagan para esto y a Emily Silver sí.  


Por suerte, ahí estaba Aubrey para alegrarme la existencia, porque es lo más refrescante que ha tenido Bones en años. Sé que tiene sus detractores, por eso de que parece querer sustituir a Sweets, pero su personalidad no tiene nada que ver. Con todos los respetos, es más útil, más válido y más irónico, justo lo que le hacía falta a la serie, que ha ido acusando un desgaste de todos estos atributos con el paso de las temporadas. Una bocanada de aire en forma de agente bocazas, chulo y consumidor habitual de comida basura que no sé dónde mete. Jessica, no te hagas más de rogar, que lo de Booth y Brennan 2.0 tuvo su gracia. Y es que cuando llevas desde los 15 años siendo fan de una serie, sintiendo que forma parte de tu propia vida, el humor es la mejor arma para conquistarte. Quiero que me sorprendan y que me entretengan. Esto no es, no será y nunca ha sido un drama con cadáveres.


Nunca habrá nadie como nuestros dos protas, eso está claro, pero en sus tramas se han olvidado de la ligereza y la emotividad que las caracterizaba en un principio.  Buena prueba de ello fue la recaída en el juego de Booth, para la que yo apostaba un tono más desenfadado, pero que fue un buen punto para rematar una temporada que, de lo contrario, hubiese sido un tanto insustancial. Y es que nuestra cerebral Brennan echó de casa al héroe, no por el hecho de que tuviese un problema, sino porque se sintió traicionada. Las mentiras nunca han ido con ella, ni piadosas, ni trascendentales. Cabreado con ella, consigo mismo y con el mundo, se tuvo que marchar, dándose cuenta de que tocaba salir del hoyo de nuevo. Lo consigue, como él siempre consigue todo (hasta la chica) y nuestra confusa doctora tuvo que reconocer que se había pasado un poco de la raya. Nadie se está seis años mareando la perdiz para luego mandar al amor de su vida a tomar por saco a la primera de cambio. Los seres humanos no somos perfectos.



Aquí viene quizá mi capítulo favorito de esta tanda de 22: The Life in the Light. Lo mejor, con mucha diferencia, fue ver esa reconexión entre la pareja, esa capacidad de quedarse juntos hablando durante horas, de ir juntos a un interrogatorio y jugar con las palabras como antes, de hablar en el coche y mirarse tan significativamente como si estuviésemos viendo la tercera temporada. Ciencia contra creencia, falta de espontaneidad contra improvisación en estado puro, felicidad medida contra felicidad ocasional, años de estudio contra años de empatía pero, sobre todo, dos formas enfrentadas de ver el amor que terminan por ser la misma.


A fin de cuentas, eso es Bones, una relación disfuncional entre dos personas que no tienen nada que ver pero que, a pesar de todo, a pesar de la lógica, de las corazonadas, de las terceras personas, poseen una conexión íntima que no son capaces de compartir con nadie más. Aunque, evidentemente, ya hemos asistido a la culminación de dicha conexión, no viene mal que, de vez en cuando, los dioses de la serie nos recuerden por qué nos ponemos delante de la pantalla cada semana y, por mucho que se empeñen, no tiene nada que ver con los cadáveres repugnantes, que por cierto, yo ya puedo ver hasta comiendo. Los queremos a ellos, a ese magnetismo que nos enganchó desde el primer día y que ahora están olvidando tanto. Últimamente, veo una Brennan sin vida y un Booth muy estereotipado. Por eso me alegró tanto el tema del juego, porque les sacaba nuevamente de una zona de confort que ya duraba tres temporadas aproximadamente (la finale de la octava no me hizo ni cosquillas, ni a mí ni a su relación).


Sobre el final de esta… la verdad es que, como capítulo conclusivo me gustó mucho, despertó mi curiosidad y es que Pelant me parecía un malo muy interesante que murió de un modo muy estúpido. Por Dios, si hasta el tiro que le pegaron a Broadsky me tuvo más en tensión. El caso es que resucitarlo en forma de seguidora chalada me pareció un tema inteligente, pero su resolución temprana fue un verdadero fiasco, además de dejar cabos sueltos. Ya sé que Nathan dijo que, por fuerza, no podían dejar la trama en cliffhanger, por si acaso FOX no les renovaba pero ahí está el verdadero problema: si hubiese sido el final de la serie, hubiese sido triste pero tierno y lógico. Sin embargo, a mí me dejan con una gran incógnita: ¿cómo se las van a apañar para que vuelvan de su retiro en Kansas? ¿Mediante un tornado? Metafóricamente, ese es el único modo posible, crear una trama que sacuda los cimientos de la lógica y que les obligue a volver para solucionarla. ¿Seguiremos con los esbirros de Pelant? Entre el 10 y el “Hodgins y Ángela se van a Paris”… ¿A qué nivel se encuentra la creatividad de productores y guionistas?  Al menos cambiadlo por Roma.




Así que Collier, Peterson, no me defraudéis, porque tengo esperanzas de que le regaléis una nueva perspectiva a la serie y resucitéis a su dúo dinámico, que para algo están, que consigáis que los secundarios tengan historias interesantes, que Hodgins y Ángela recuerden que en algún momento fueron una pareja apasionada y que expliquen qué ha pasado con los becarios rotadores que ya no aparecen. Aunque sea solo una frase. ¿Y Michelle? En toda la temporada no se ha ni mencionado. Del tema Parker ya ni hablamos, porque a mi ya casi se me había olvidado que Booth es padre de tres criaturas. Cuidado, cariño y respeto por los fans. Detalles, chicos, detalles, que son el secreto de toda serie longeva consecuente. Porque no sé a vosotros, pero a mí me sigue apeteciendo disfrutar de toda la familia del Jeffersonian y sentirme orgullosa del camino que toman mis personajes favoritos. ¿Qué esperáis vosotros del porvenir Bonesiano?